Recortes, fatalismo y salida social y democrática (y 2)

24 07 2012

Decía Epicteto que era muy importante distinguir en nuestras acciones aquellas que “dependen de nosotros” y aquellas que “no dependen de nosotros”, porque deberíamos concentrar moralmente nuestros esfuerzos en las primeras y no fiarlo todo ni temer a las segundas. No parece que el gobierno de Rajoy siga esta sabia recomendación.  Está más preocupado por lo que pueda suceder que por lo que pueda hacer: reniega de la responsabilidad de sus decisiones, escudándose en que no queda otra, a pesar de su mayoría absoluta (que bien la hace valer para gobernar a golpe de decreto y sin debate parlamentario), y pretende hacernos creer que legisla de forma delegada o por imposición, y lo confían todo a lo que no depende de ellos.

Por eso, no entienden el comportamiento de los mercados (el sr. De Guindos ha llegado a manifestar que los “mercados se comportan irracionalmente”, porque no puede comprender ni aceptar que los mercados se ensañen con la deuda española, a pesar de que los recortes que se están aplicando respondan a sus dictados y, sobre todo, siendo él “uno de los suyos”) y, en segundo lugar, creen que ya tienen las tareas hechas y ahora le toca mover ficha (y lo confían todo a ello) al BCE ( y ya les ha dicho Mario Draghi, que no anden esperando).

Pero lo más grave del asunto es que sin haber hecho bien su trabajo (que es lo que depende de ellos), es decir, sin haber siquiera intentado conseguir los ingresos necesarios, han optado por lo fácil y perverso que es imponer sacrificios a los demás, algo para lo que no poseen no digo ya autoridad moral, sino ni siquiera legitimidad democrática (ni depende de ellos). Y esto no sólo porque no han considerado que la verdadera urgencia de la economía española (que no era la reforma laboral) era una reforma fiscal, una reforma fiscal que garantizase recuperar los ingresos fiscales que antes se obtenían mayoritariamente de la actividad económica ligada a la construcción (en este mismo sentido, pero con distinto planteamiento, argumentan M. Boldrin y J. I. Conde-Ruiz en su artículo “Reformar la fiscalidad para crecer”, por tanto, reformar la fiscalidad para recaudar, para crecer y para redistribuir equitativamente tanto las ganancias como los costes de la crisis), sino porque tampoco han seguido los consejos que el sindicato de técnicos de Hacienda (GESTHA) y algunas otras fuerzas políticas de izquierda le veníamos ofreciendo para conseguir los 65.000 millones de euros sin recortar salarios ni prestaciones: Reformando la consideración fiscal de las SICAV, estableciendo un impuesto sobre la riqueza, elevando al 35% el impuesto de sociedades, reduciendo el 10% de la economía sumergida, estableciendo un nuevo impuesto para las grandes fortunas y las transacciones financieras, etc.

Y lo escandaloso del asunto es el doble rasero con el que se presentan los recortes. Mientras que se imponen a los funcionarios, de Guindos simplemente los recomienda a los altos ejecutivos del IBEX; mientras aparecen por decreto en el BOE, el gobierno, los altos cargos, los diputados y, cómo no, el Rey y la familia real se las aplican para “dar ejemplo”. Lo que no deja de ser otra perversión lingüística, porque lo que hacen no es “dar ejemplo”. “”Dar ejemplo” significa anticiparse, proponerse como modelo, para que el resto “voluntariamente” los sigua. Si de verdad quisieran “dar ejemplo” deberían haber propuesto esas medidas primero en ellos y en más cuantía y no secundarlas para evitar el bochorno.

Así que frente al fatalismo, hemos de afirmar que hay alternativas, que se pueden adoptar otras medidas, menos ideológicas y más eficaces económicamente, más sociales y equitativa y también más democráticas. Leer Explicando económicamente la insensata estrategia de la troika y Rajoy de Alberto Garzón puede ayudar a entender los errores de estrategia y las alternativas.

Pero forzar una salida social de la crisis “depende de nosotros” y no debemos fiarlo todo a los demás. Por eso, me gustó tanto la manifestación del día 19 de julio en Salamanca y en el resto de las ciudades españolas donde estaban convocadas. Porque no sólo era la indignación la que echó a la gente de forma masiva a las calles, ni tampoco la irritación contra la injusticia y la incapacidad de los políticos y los banqueros y la constatación sin tapujos de que se “han pasado tres pueblos”, era también el sentimiento de la dignidad recuperada, del “hasta aquí podríamos llegar” y “no lo vamos a consentir”. Y, tengo que decirlo, me gustó ser parte de ese grupo y de ese sentimiento.

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One response

24 07 2012
Desiderata

+ informados y preparados = + indignados
Este es el camino, compañeros
Gracias por tu contribución

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