Sobre el valor de los sacrificios, el heroísmo y la iniquidad

7 08 2012

Cuenta Saramago en un fragmento muy impactante de El Evangelio según Jesucristo que a Jesús, al final de su vida, le entraron dudas sobre el valor y sentido del sacrificio que iba a padecer y sobre los motivos de Dios Padre para exigirle tamaño sufrimiento (no tanto la redención de la humanidad, cuanto la extensión vanidosa del número de fieles) y, tras una larga conversación-negociación, acepta por fin el suplicio con una sola condición: ser el último en morir por Dios. Las siguientes páginas constituyen una larga letanía con el nombre de cada uno de los primeros mártires y la terrible forma en que encontraron la muerte. Son un aldabonazo repetido que denuncia machaconamente el engaño de este sacrificio original que podríamos considerar como el sacrificio por excelencia.

Este precedente debería habernos puesto sobre aviso respecto a todos los sacrificios impuestos, pero ni eso. En el caso del sacrificio exigido a los empleados públicos, especialmente a los trabajadores de la enseñanza, los datos no ofrecen ya ninguna duda. Al recorte salarial del 5%, la congelación en el presente año y el aumento de la jornada laboral se une ahora el 7% de reducción salarial que implicará la eliminación-robo de la paga extra de diciembre. No es sin más, como se pretende hacer creer, un pequeño esfuerzo de dos horas lectivas más (en una confusión interesada de horas lectivas con horario laboral), porque este pequeño aleteo de alas de mariposa está provocando ya efectos devastadores en la enseñanza: Por primera vez en décadas se ha visto reducida la plantilla del profesorado en la enseñanza pública en 2870 profesores, al mismo tiempo que aumentaba en 116272 el número de alumnos y, sobre todo, por primera vez, el gobierno central fija como objetivo, no aumentar, sino reducir (desde el 5,1 % del PIB previsto para el 2009) al 3,9% del PIB para el 2015 (cuando la inversión recomendada es del 7% del PIB). Por primera vez en nuestra historia reciente, no sólo la inversión en educación va disminuir, sino que con ella va descender la calidad de la enseñanza, su carácter integrador y vertebrador de la sociedad de forma que los más desfavorecidos social, económica y culturalmente no podrán recibir la atención que necesiten. Y el deterioro irá en aumento.

Por eso, el rechazo a los recortes en educación que están protagonizando muchos docentes no es sin más un rechazo a los recortes salariales y en derechos laborales conseguidos, como la propaganda ministerial pretende hacer creer, sino la resistencia a realizar y asumir nuevamente un sacrificio sin sentido. Ni Leónidas hubiese estado dispuesto a morir en las Termópilas si supiese que su esfuerzo iba a ser en vano o iba a disminuir las posibilidades de una victoria final. Se puede aceptar realizar un esfuerzo mayor, pero no si el resultado seguro de ese sacrificio va a ser una nueva “matanza de los inocentes”. Hacer valer la experiencia para hacer desistir a las autoridades educativas de llevar a cabo semejante despropósito, explicar que no podemos ser cómplices de ese desastre seguro, resistir y resistirse constituyen entonces un acto de heroísmo.

Y también lo es desmontar la inocente asepsia con que envuelven los argumentos con los que nos desangran, aunque solo sea para curar nuestra anemia. Dos ejemplos:

Uno: En el último pleno del Ayuntamiento de Salamanca, Dña. Cristina Klimowitz, Concejala de Familia e Igualdad de oportunidades, respondió con una exhaustiva enumeración de las acciones llevadas a cabo por el Ayuntamiento en el barrio de Buenos Aires de la capital para rechazar una moción presentada por el PSOE de apoyo urgente a una guardería en dicho barrio y a redoblar esfuerzos para resolver los problemas de la zona. Escuchándola, daba la impresión de que ya se hubiesen resuelto todos los problemas en ese barrio y que una atención especial sería discriminatoria. ¿Estaría confundiendo la concejala a Buenos Aires con un barrio residencial?

Dos: La Consejera de Educación de la Generalidad de Cataluña ha trasladado a los centros la decisión de cobrar o no por la adquisición y uso de frigoríficos y microondas a las familias que “opten” por llevar la comida en fiambreras hasta un máximo de 3 euros diarios. Pero lo hace para solo para garantizar la variedad de la dieta y la seguridad alimentaria. De veras, ¿desconoce la Consejera que las razones por las que han “optado” las familias por las fiambreras es la misma que les impide pagar 3 euros y que la solución más lógica sería ampliar las becas de comedor?

Pero, ¿cómo no se les cae la cara de vergüenza?

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