¿La bolsa o la vida?

17 02 2015

Decía recientemente Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, que la ley de enjuiciamiento criminal y el código penal españoles están más pensados para el robagallinas que para los grandes defraudadores. Al margen de las posibles interpretaciones, no cabe duda de que quien sostiene esto constituye una voz autorizada en la materia. Ese sesgo de clase tan evidente que presenta la legislación española, porque, al ofrecer no solo un tratamiento diferenciado para los delitos, sino especialmente a la extracción social de los posibles delincuentes que puedan cometerlos (pues resultará tan difícil encontrar a integrantes de clases acomodadas robando gallinas como a miembros de clase baja siendo defraudadores) no carece de “justificación racional” ni, por supuesto, de defensores razonables. Lo mismo ocurre con la tipificación de penas para aquellos delitos que ponen en peligro la vida (como el robo con violencia o el atraco a mano armada) que los que no la ponen (desfalco, fraude fiscal, financiación ilegal o uso indebido de tarjetas black, aunque no llegue a entender cuál podría ser el uso adecuado de semejante invento). Parece justo, entendemos casi todos, que se valore y proteja más el derecho a la vida que el la propiedad.

Claro que la vida digna e, incluso si me apuran, la propia vida está tan ligada a la propiedad, o a un mínimo de recursos materiales, que cuando alguien te priva de ellos, aunque sea sin violencia, no solo te priva de la propiedad que te corresponde, sino de tu propia vida. Así parece evidente hasta el escándalo en todos los casos de ejecución hipotecaria que se han saldado con desahucios sin que se aplicase la dación en pago. Pero también en asuntos como la financiación irregular de partidos como Unión Democrática de Cataluña, condenada ya firmemente en el caso Pallerols, que probó que se desvió el 10% de 9 millones de euros procedentes de la UE para cursos de formación de parados a las arcas del partido. ¡No me puedo ni imaginar la cantidad de problemas que habrían podido resolver con esos 900.000 euros las familias y trabajadores en paro a quienes iban destinados! A muchos, y resultará difícil ponerles nombre, les agravó tanto su situación que terminaron por arruinar definitivamente su vida, si no a perderla. Poco importa ya que devuelvan el dinero o no. El daño está hecho de forma irreparable. Y lo más curioso es que el máximo responsable de este estropicio vital y no solo de recursos siguiese encabezando durante mucho tiempo la lista de políticos mejor valorados, aunque su único mérito reconocido y evidente fuese combinar escrupulosamente el color de las gafas con el de la corbata.

Este eterno problema de la propiedad y la vida se ventila hoy también en Europa. Y se está jugando especialmente fuerte en estos días en Grecia. Los defensores de la propiedad no dudan en exigir el pago íntegro de la deuda como una condición innegociable. Los defensores de la dignidad y de la vida se atreven mínimamente a plantear algo tan cristiano como que la ley está hecha para los hombres y no los hombres para la ley, y que, por tanto, la vida de los ciudadanos griegos vale más que los intereses de los grandes prestatarios.

Sé que algunos tipificarán este análisis como simplista, pero terminarán reconociendo conmigo que, en el fondo, son estos dos valores los que compiten: La bolsa o la vida. Se puede simplificar para entender o ayudar a entender mejor las cosas, pero no se puede engañar y confundir. Porque, a este paso, terminaremos creyendo que los bancos son ONGs. Fíjense si no, en las declaraciones de Rajoy estimando la solidaridad española con Grecia en 26 mil millones de euros que les hemos prestado. Ahora resulta que prestar dinero es ejercer solidaridad y que los más solidarios del mundo son los banqueros. ¿Nos hemos vuelto locos ya?, que diría Bart Simpson.

Son los bancos quienes han prestado muy por encima de sus recursos, no los griegos quienes han vivido por encima de sus posibilidades (que, por cierto, viendo las condiciones de vida en las que sobreviven a duras penas muchos griegos, deben ser las posibilidades reales de vida con las que debían haberse conformado, según los defensores de esa infamia). Los bancos sabían el riesgo que corrían, porque esa es la esencia de su negocio, y no la codicia, que fue lo que los cegó. No pueden pretender ahora, tras haber socializado sus pérdidas, responsabilizar a otros de sus desmanes.

Pero cuentan con poderosos aliados o capataces que ocupan los principales cargos. Así, mantenía Juncker que “no iba a cambiar todo en Europa por un resultado electoral”. Volved a leerlo, porque es escalofriante. Si entendemos bien las cosas, la propiedad no sólo está amenazando la vida en Europa, está cuestionando la existencia misma de la democracia y de la libertad. ¿La bolsa o la vida?, pregona el delincuente. ¿De qué lado están ustedes?





Estado de inseguridad permanente

27 01 2015

No podía dejar pasar esta fecha sin entrada. Hoy, 27 de enero de 2015 hace ya 70 años que las tropas soviéticas entraban en el Campo de Exterminio de Auschwitz. Con el grado de simplificación interesada con el que algunos pretenden suplantar la realidad, en algunos medios resultaría imposible explicar el simple hecho de la liberación de un campo de concentración por tropas soviéticas, incapaces como son ya de entender en una misma frase “ejército soviético” y “liberar”.

Supervivientes de Auschwitz saludando a las tropas soviéticas el 27 de enero de 1945

Para muchos, lo encontrado allí y las tareas de “saneamiento” posteriores que conllevaron la movilización con palas excavadoras de cientos de cadáveres esqueléticos para su enterramiento masivo, constituyen sin más el descenso a los infiernos.

Pero el infierno no estaba tan escondido ni había que buscarlo en lugares recónditos. El infierno, con sus alambradas, con el humo brotando constantemente de las chimeneas y el olor persistente que invadía el olfato hasta aturdirlo, estaba a la vista de todos.

No hay mejor manera de ocultar algo que exponerlo a la vista para que nadie quiera verlo. Algo así han debido pensar los organizadores de la Convención Nacional del PP de este fin de semana. Como nadie puede negar ya a Bárcenas, ni la corrupción generalizada, ni la creciente desigualdad en la que la privación de lo básico se asume resignadamente; hay que seguir como si tal cosa, sin pretender ocultarla ni desmentirla, que no harían sino hacerla más patente, y centrarse en repetir un único mensaje claro: solo el PP puede garantizar la senda de la recuperación ya iniciada.

No llego a ver si la resignación de todos los damnificados, no tanto por la crisis como por su “salida”, es solo resignación o reviste la forma que los psicólogos describen como “síndrome de indefensión aprendida”, que se traduce en una quietud sumisa a la espera de un próximo castigo, tan inminente como incomprensible, porque cualquier rumbo de acción genera incertidumbre o se vuelve en contra como sanción más severa. Y no hay ministerio alguno al que reclamarle competencias en este ramo.

Recuerdo que antes del 11S, Juan José Millás reclamaba que el Ministerio de Defensa se pusiera a ejercer sus funciones respecto a aquello que se percibía entonces como la amenaza más grave (el cambio climático y la crisis ecológica), y que los ejércitos se dedicasen a proteger a la población civil de estos graves asuntos que realmente la ponían en peligro.

¡Cuánto han cambiado las cosas! Ahora el ministerio de propaganda adjunto al de Defensa y a la industria armamentística (que es la única que tiene en estos tiempos de crisis bien asegurado el mercado) no paran de alarmarnos con el peligro que representa el terrorismo islámico, de forma que “seguridad nacional” se entienda solo en clave de seguridad policial, y la inoculación desproporcionada de miedo que pueda justificar, que no legitimar, el rearme y el recorte de libertades.

Incluso Luis de Guindos construye una realidad paralela afirmando que los españoles no tienen miedo ya a perder el empleo. ¡Hay que llamarse de Guindos cuando menos para decir esto y no dimitir por vergüenza!

Los españoles tienen tanto miedo de todo, que no resulta difícil añadir nuevos o exagerar otros que creían haber superado. Porque lo cierto es que la crisis ha generado un estado de inseguridad permanente. “Todo es posible” en estos tiempos, y no como un horizonte de esperanza y de utopía, sino como el signo más explícito de dominación y totalitarismo, como bien nos ha enseñado Marina Garcés. El que considerábamos sólido entramado jurídico que protegía nuestros derechos laborales, sociales y personales en lo que asentábamos nuestra confianza más íntima es agua pasada. Estamos expuestos a cualquier cambio legislativo que dé al traste con la previsión de nuestras pensiones, la estabilidad laboral o salarial. La pérdida del trabajo o su búsqueda infructuosa, la exclusión y la pobreza, la soledad, el riesgo de una enfermedad o la posibilidad de la dependencia se abren como amenazas seguras sin una cobertura garantizada ni una protección cierta.

Como advertían frecuentemente a quienes entraban en los campos “esto no es un balneario, con suerte podrás vivir unos meses y no hay escapatoria posible”. También hoy, para una gran mayoría social, salir indemne cada día, poder palparse sin reparar nuevas pérdidas es ya un enorme logro. Y vivir al día.

Estos deben ser los signos de la recuperación. Pero también cabe esperar que llegue de nuevo otro día de la liberación. ¡Suerte para los griegos!





Grecia 25E: el inicio de la recuperación democrática

11 01 2015

Discurso fúnebre de Pericles

En semanas tan confusas como la que hemos vivido, conviene respirar hondo y tomar fuerzas. Y nada más recomendable para eso que volver a los orígenes. Volver a leer el Discurso fúnebre de Pericles otra vez para valorar la grandeza de la democracia, no solo como forma de gobierno, sino especialmente como expresión de la grandeza moral de sus ciudadanos. La democracia como forma de vida que sentimos atacada indefectiblemente cuando es golpeada por el terrorismo islamista, sin que ocurra lo mismo cuando se ve atacada, acorralada y maniatada por los poderes financieros y sus representantes políticos en las principales instituciones europeas.

Nadie entre los medios que ahora se rasgan las vestiduras en defensa de la democracia ultrajada, levantaron mínimamente la voz cuando el anuncio de las elecciones anticipadas en Grecia y la posible victoria electoral de Syriza fue objeto de un ataque feroz. Los peores augurios se levantaron sobre la mera posibilidad de cuestionar democráticamente los remedios envenenados de la Troika para Grecia y las economías del sur de Europa: La mayor devastación económica y financiera caería como una plaga atroz sobre los griegos si osaban revisar la legitimidad, los plazos o las condiciones del pago de la deuda pública optando por votar a Syriza. ¡A ver si los griegos se van a tomar la democracia en sentido estricto! ¡Democracia, sí. Pero como Dios (sive mercatus) mandan!

Se puede votar a cualquiera, siempre que ese cualquiera sea el que la Troika, que es la bochornosa representación política de los intereses de los grandes poderes financieros, así lo quiera. Si no, habrá que volver a repetir una y otra vez la votación hasta que se consiga el resultado deseado.

Todos quienes han utilizado el miedo ven el posible giro democrático en Grecia como una amenaza a la estabilidad, al orden establecido y a sus intereses o, simplemente, repiten ciegamente la voz de su amo. Porque como bien decía Manuel Escudero en “Carta a la Troika sobre Syriza”: “Para muchos, lo que pasa ahora en Grecia […] no infunde miedo sino esperanza.”. Para quienes han sufrido una tras otra las imposiciones de la Troika (recortes en sus salarios, en sus pensiones, en la protección social), para quieres engrosan la cifra de desempleo y no ven ninguna salida, para aquellos a quienes se ha condenado a vivir por debajo del umbral de la pobreza, sin que vean que su sufrimiento sirva para otra cosa que para elevar constantemente la deuda pública hasta hacerla imposible y sin más horizonte que otra vuelta de tuerca. Para todos esos que ya no tienen nada que perder, la posibilidad de un cambio no puede ser otra cosa que una enorme esperanza.

Alexis Tsipras, lider de Syriza.

Pero, además, es muy posible que nada de lo que los oscuros vaticinios de los defensores del dogma económico imperante y sus acólitos han pronosticado se haga realidad. Especialmente, que se fuerce a Grecia a abandonar la Eurozona. Principalmente, porque, como bien mantiene Vicenç Navarro a los principales acreedores no les interesa nada. Y la situación en Grecia es tan extrema que, sin darle una salida razonable al problema de la deuda, las posibilidades de llevar una vida digna y que permitan el mínimo de independencia social para ejercer con libertad los derechos políticos, la democracia se habrá convertido definitivamente en un simulacro.

Por eso, es posible que el día 25 de enero vuelva a ser Grecia, como ya lo hizo con Solón, Efialtes y Pericles, quien vuelva a marcarnos el camino de la democracia, el que se juega en decisiones libres que garanticen la vida digna a la mayoría social frente a la imposición de los intereses de una minoría, el que se funda en la igualdad de todos y la libre determinación social frente al que nos condena a la desigualdad y blinda el beneficio depredador de los poderosos, el de la justicia social frente a la codicia, el que hace, en definitiva, que la democracia no se abochorne de su propio nombre. Solo así, volverán a resonar con fuerza las palabras de Pericles ensalzando los valores de la democracia y reclamando honrar por siempre a quienes la defienden.

Sin duda, tenemos que estar expectantes porque este mes de enero de 2015, un año cargado de citas electorales también en España, puede ser, empezando por Grecia, el año de la recuperación democrática. Y tendremos que darle la bienvenida como se merece.





Con mis mejores deseos

29 12 2014

A quienes veníamos repitiendo hasta la saciedad que no hay salida posible de esta crisis con las medidas adoptadas hasta ahora cada vez vienen a darnos más la razón. Y con “salida de la crisis” entiendo, y creo que solo puede entenderse, “salida social”, es decir, una salida para la mayoría social que corrija los errores, garantice y asegure mejor sus derechos. Es más, parece que cada vez coge más fuerza la doctrina del shock que interpreta la crisis, no como una consecuencia indeseada de la especulación y la desregulación de los mercados financieros, sino justamente como el mecanismo que han empleado eso que se ha consagrado impersonalmente como “los mercados” para vencer las resistencias sociales y democráticas y conseguir imponer por el miedo o la fuerza sus objetivos e intereses. Por eso, no es que no se haya vuelto a hablar de “refundación del capitalismo” ni tratar de corregir los errores del pasado, sino que se ha forzado a los gobiernos a cambiar las leyes para dejarles franco el camino hasta la victoria final. La suya, claro, que no es la nuestra.

La “solución” estaba ante nosotros desde el principio. Se trata de transformar la crisis y el sufrimiento generado y generalizado en normalidad. Lo ha dicho bien a las claras nuestro presidente de gobierno recientemente y Soledad Gallego-Díaz lo glosaba en su última columna: “La crisis económica ha terminado, anuncia el Gobierno en España. Probablemente, las cifras le den la razón. Pero si la crisis ha pasado, ¿lo que tenemos ahora es la normalidad? ¿Es esto lo que nos espera durante la próxima década?”.

Por eso, el cuestionamiento de la reforma constitucional del artículo 135 que constitucionalizaba el pago prioritario de la deuda antes que la atención de las necesidades sociales no tiene ni tenía un valor meramente simbólico. En este sentido, la auditoria de la deuda y su refinanciación, que son objetivos imprescindibles si se quiere no solo garantizar los servicios públicos, sino simplemente “hacer política”, es decir, poder tomar decisiones de forma autónoma con la legitimidad y el respaldo de las urnas, sin que la “dicten” sutilmente, pero con mano de hierro, los acreedores. Y ya solo el simple hecho de plantearlo es motivo de mofa, de acusar de no saber nada de economía; pero, cuando la posibilidad se torna real, como en el caso de Grecia, enseguida se blande el fantasma de la inestabilidad.

Y lo mismo ocurre con la pretensión de subir los impuestos a los ricos. Incluso, sin subir. Simplemente, con exigir que paguen lo que les corresponde. Marc Márquez, por ejemplo, ha anunciado recientemente que se va a vivir a Andorra para pagar menos impuestos. Pero la lista de estos “patriotas”, que son aclamados y recompensados constantemente por lucir la “marca España” es muy larga. Como la de quienes siendo personas fiscales facturan a través de sociedades, porque les trae más a cuenta. Y lo mismo ocurre con las grandes empresas que facturan desde el extranjero, se acogen a rebajas fiscales sin cuento, hasta conseguir que el tipo efectivo no pase del 5 o el 10%.

Pero los que “entienden de economía” lo tienen bien claro: “Es preferible hacer todo lo posible por mantenerlos. Un país es rico por sus ricos. Si no les consientes que paguen los impuestos que quieran, se marchan. Y es mejor que vivan en España”. Lo habréis oído hasta la saciedad. Al último que le oí una defensa incondicional de esta postura fue a Manuel Pimentel en Salvados. Y mantener lo contrario es “no saber de economía”.

Sin embargo, creo que en estos dos casos los conocimientos de economía no son lo determinante. No se trata aquí de no saber, de “intervenir” e “interferir” peligrosamente en inamovibles leyes económicas escondidas en recónditos e incompresibles modelos matemáticos. Se trata de asuntos más simples e intemporales. Se trata en el primer caso del viejo matonismo que en su fórmula escolar sería “si no pagas, te pego”. Es tan simple que no hace falta ni un master ni saber nada de economía, se aprende a sangre y fuego en infantil. El otro es tan antiguo como este, pero también simple. Sencillamente, los ricos ni cumplen ni quieren cumplir las leyes. Ya lo decía Aristóteles “los que tienen demasiados bienes de fortuna […] ni quieren ni saben ser gobernados” (Política, IV, cap. 10). No hay más.

Por eso, en estas fechas tan señaladas, no puedo por menos que transmitir mis mejores deseos a todos los hombres de buen corazón para el próximo año: Tratemos que estos “patriotas” no tengan ningún sitio a donde huir, que la justicia social en forma de leyes fiscales justas los persiga allá donde vayan. Que así sea, para que 2015 empiece a ser un buen año. S y R.





Lo peor es que es legal

18 11 2014

Tenga el recorrido que tenga el asunto de los viajes privado-publicados de Monago, no parece que el caso le haya quitado mucho el sueño. Puede, como está haciendo, abrir una sombra de duda sobre su justificación y con eso le sobrará para mantenerse cuando no afianzarse en el cargo. Y tiene razón. Quizá quien mejor lo haya dicho sea su compañero de partido y de correrías en canarias, Carlos Muñoz, diputado por Teruel: No piensa devolver el dinero por hacer algo que ni estaba prohibido ni era ilegal. Y vuelve a tener razón. Porque, no podemos confundir la moralidad y la legalidad y, para nuestra desgracia, en este caso y en los que siguen, lo peor es que es legal.

Que los diputados y senadores dispongan de crédito para viajar sin necesidad de justificarlo no obedece al criterio de libertad y discreción en el ejercicio de su cargo, como mantenía el presidente del Congreso de los Diputados, de forma que el control signifique recorte de las libertades políticas. No. El problema reside en que el reglamento que lo permite hace recaer su uso en el honor y la honradez de los representantes electos. Algo así, como si hubiese pervivido una “moral de caballeros”, con un código moral estricto que hiciese innecesario un control legal. Pero, visto lo visto, es una concesión claramente equivocada. Y, por eso, conviene someterlo a estrictos controles legales que garanticen su transparencia, porque los principios morales de algunos de nuestros representantes brillan por su ausencia y relucen más cuanto más continúen haciendo ese tipo de declaraciones.

Una mujer mira hacia arriba para ver la cara El banquero alto. Uno de los signos más claros de la creciente desigualdad social.

Una mujer mira hacia arriba para ver la cara El banquero alto. Uno de los signos más claros de la creciente desigualdad social.

Lo mismo, pero más sangrante, hemos descubierto ahora que ocurre en este país amigo que es Luxemburgo. Hay indicios más que justificados de que la fiscalidad luxemburguesa firmó acuerdos secretos con grandes corporaciones para concederles beneficios fiscales muy sustanciosos a cambio de tributar en el país. Así, algunas grandes corporaciones que deberían haber pagado un 30% por el impuesto de sociedades en los países donde desarrollaban su actividad económica, al final solo han pagado en el peor de los casos un 1%. Para Luxemburgo, las cuentas salen bien: Más vale un 1% de mucho que un 30% que nada. Pero a quienes no les salen las cuentas son al resto de los países que han dejado de percibir la tributación correspondiente a esas empresas.

Y, nuevamente, el problema no es que estas prácticas estén mal porque no puedan estar al alcance de las pequeñas empresas o particulares. ¡Que hay que leer cada cosa! Ni tampoco que los pactos se firmasen con Jean-Claude Juncker, el actual presidente de la Comisión Europea, y haya por ello pedirle responsabilidades. El problema está en que las grandes empresas no han pagado los impuestos que les correspondían en los países donde realizaban sus negocios, y estos se han quedado sin los ingresos públicos necesarios y, en consecuencia, los servicios que deberían haberse prestado no se han prestado. Aparte de fraude y estafa, estos acuerdos tan beneficiosos para esas corporaciones son responsables directos del sufrimiento irreparable que los recortes de gastos y las políticas de ajuste han causado. Pero todo es perfectamente legal.

Como es y sigue siendo perfectamente legal, no ya que las empresas, sino las grandes fortunas cambien su residencia para obtener beneficios fiscales como extranjeros. Nos enteramos por Gerard Depardieu, cuando cambió su residencia a Néchin, una pequeña localidad belga que acoge ella sola nada más y nada menos que al 27% de las grandes fortunas francesas. Pero estas prácticas evasivas no son exclusivas de Bélgica con Francia, sino de todos los países de la UE que no tienen reparos en acoger a las grandes fortunas extranjeras aunque eviten con ello que tributen lo que les corresponde en su país. Un escándalo, un fraude fiscal criminal, pero lo peor es que es legal.

Así que, tenemos unas prácticas políticas inmorales y unas prácticas fiscales claramente fraudulentas, cuando no criminales que, aun así, gozan del respaldo legal los estados y de la complacencia y la inoperancia culpable de nuestros gobernantes. Esta legalidad es la que ha permitido y sigue permitiendo el empobrecimiento creciente de amplias capas de la población, mientras consiente que las grandes fortunas sigan creciendo eludiendo el pago de impuestos. No deja de ser una metáfora acertada la foto de “El banquero alto” que ilustraba la noticia en algunos medios. Si la talla equivaliese a la renta, la mayoría de los españoles no pasaría de 1,20 metros, pero Cristiano Ronaldo mediría más de un Km y Amancio Ortega más de 73 Km. Unas desigualdades legales, pero inaceptables, injustas, inmorales e insostenibles.





Rotondas, movilidad y seguridad de peatones y ciclistas

14 11 2014

En esta ciudad nuestra, que es de ellos, el equipo de gobierno del PP hace tiempo encontró la panacea a todos los problemas de movilidad urbana: construir una rotonda. Así, la progresiva sustitución de cruces regulados por semáforos por rotondas reguladas igualmente por semáforos ha sido el gran hallazgo para resolver todos los atascos, o por lo menos, en este activismo frenético y compulsivo que se ha convertido la política local, para dejar constancia que al menos se ha hecho algo.

Este otoño, además de todos los problemas de tráfico que han generado los nuevos accesos provisionales al hospital, en Salamanca, nos hemos encontrado-sufrido las obras simultáneas para convertir en rotondas los cruces de la Avda. de Portugal con Torres Villarroel y de Peña de Francia con la Avda. de los Maristas. Hemos de aceptar que los estudios de movilidad que aconsejaron estas modificaciones se hicieron antes de evaluar la incidencia que los mencionados cambios en los accesos al hospital provocarían en el resto de las calles, que asumirían parte de esos desplazamientos que antes se efectuaban casi de forma exclusiva por el Paseo de San Vicente. Lo cierto es que el caos generado por estas dos actuaciones ha superado con creces las previsiones y la paciencia de muchos salmantinos. Lo que parece seguro es que el momento no ha sido el correcto y que, a todas luces, habrían provocado menos problemas si se hubiesen acometido antes de la modificación de los mencionados accesos al hospital.

Obras en la rotonda entre Peña de Francia y Avda de Maristas. Un peligro más para los peatones

Obras en la rotonda entre Peña de Francia y Avda de Maristas. Un peligro más para los peatones

Pero, independientemente de las posiciones sobre las ventajas y convenientes de este tipo de intersecciones, lo preocupante en este asunto es que la óptica desde la que se analizan y se contemplan es exclusivamente desde el automóvil privado. Así que, los vehículos de reparto y, especialmente, el transporte colectivo serán beneficiados o perjudicados colateralmente, pero nunca en primera instancia, porque ese lugar lo ocupa el rey indiscutible de la calzada.

Y, si esto es así, mejor no hablar de quienes los defensores de las rotondas consideran no ya perjudicados, sino inconvenientes, distorsiones indeseables, anomalías, al fin y al cabo, para esa fluidez soñada solo para automóviles privados y relucientes. En efecto, los grandes damnificados son los peatones y los ciclistas. Porque, en el diseño ideal de una rotonda, lo único que estorba, lo que no encuentra cabida por ningún sitio son los pasos de cebra. Ese es el gran problema que las rotondas no pueden resolver: ¿por dónde hacemos pasar a los dichosos peatones para que no sean un incordio? Las respuestas de manual son claras: cambiamos la ubicación del paso natural de los peatones, les hacemos pasos subterráneos o elevados, que siempre podremos vender que es para su seguridad, es decir, procuramos quitárnoslos del medio como podamos, todo sea para la mayor gloria de la fluidez del tráfico. Y no vamos a hablar de los ciclistas. A todos los ingenieros y expertos en movilidad que han hecho proliferar hasta el infinito las rotondas urbanas, les hacía yo atravesarlas repetidas veces montados sobre una bicicleta. La sensación de vértigo y de estar jugándote la vida es mayor que la buscada en esos deportes llamados de alto riesgo. Y todo sin que a nadie se le haya ocurrido diseñar o habilitar un paso seguro para ellos… De forma que, si los ciclistas quieren seguir vivos, lo que, si han decidido usar la bici en la ciudad no deja de ser una ambición peregrina, tienen que competir y robarle el espacio natural a los peatones invadiendo las aceras. De esta forma, conseguimos el prodigio de enfrentar por la supervivencia y el espacio a ciclistas y peatones, que son los grandes perjudicados de las rotondas. Maravilloso: dos pájaros de un tiro.

Así que, para terminar, solo me queda denunciar la criminal falta de previsión en la realización de las obras: la señalización correcta, la habilitación de pasos alternativos y seguros para peatones se las ahorraron las empresas constructoras y a nuestros gobernantes se les “olvidó” exigirlas en cumplimiento de esa normativa de la que presumen. Así, los amantes del riesgo y el peligro extremo ya pueden cruzar la Avenida de Maristas para ir por ejemplo al IES Fray Luis de León, que es casualmente donde trabajo. La heroicidad hace allí su prueba de fuego a todas horas y me consta que ya se ha cobrado algunas víctimas.

Por favor, ¿sería mucho pedir a quien corresponda, que en la planificación, diseño y ejecución pensaran también en los peatones y ciclistas? La ciudad también es para ellos y quieren seguir vivos.





No se puede ni mirar para otro lado

31 10 2014

Asqueado por la serie continuada y creciente de casos de corrupción, he decidido desviar la vista y a mirar para otro lado, porque, de verdad que ya resulta insoportable. Y es difícil porque la corrupción te rodea como un chapapote viscoso allá donde vayas y mires donde mires. El PP, que es incapaz de distinguir el parlamento de un confesionario, ha forzado al presidente de gobierno a pedir perdón, y ha anunciado nuevas y definitivas medidas. Pero eso es tanto como pedirles a los lobos que redacten un reglamento para proteger a las ovejas. En buena lid, deberían nombrar como presidente de esa comisión anticorrupción a Francisco Granados, que ya impartió doctrina verdadera en los púlpitos mediáticos del PP de telemadrid que ahora es rtve. ¡Que hay que oírlo! Con lo fácil que lo tiene. Que empiece por disipar dudas y negar frontalmente la posibilidad de indulto para el señor Fabra ingrese ya en prisión, porque cada día que pasa fuera de la cárcel este afortunado presidente, más y más credibilidad pierde el partido que nos malgobierna.

Así que, he esperado a este jueves para que Juan Carlos García Regalado completase en La Gaceta su tríptico definitivo contra las peores lacras urbanas que asolan, no solo la ciudad de Salamanca, sino a la propia democracia y al mundo entero: Los peatones, los ciclistas y los corredores. Leí accidentalmente la columna dedicada a los ciclistas y me enganchó. De verdad que no tienen desperdicio. Hay que leerlas todas desde la dedicada a los peatones el jueves 16 de octubre hasta la definitiva de este último jueves sobre los corredores. No sé ni quiero saber quién la eminencia que se esconde tras esa firma, pero, ciertamente, reconozco que debo colmar sus peores pesadillas por cuanto comparto la triple condición perversa de peatón, ciclista y corredor. Vaya desde aquí por delante mi más absoluta complacencia por generarle alguna incomodidad (que confío que sea mucha) a este individuo y quienes representa.

No acierto a ver desde qué perspectiva puede alguien emprenderla, como hace este señor, contra estos ciudadanos, entre quienes no ha incluido, por despiste seguramente, a los usuarios del transporte público, y de donde excluye, razonable y razonadamente, a los conductores, únicos usuarios autorizados de las calzadas, aceras y de cualquier espacio público, por lo que se deduce. Pero baste el inicio de la serie para darnos alguna pista: “El “derecho a”, el derecho al yo, sin contestación ni obligaciones, ha sido otro de los “derechos” mal entendidos que trajo la democracia, esta democracia española tan mal llevada, tan mal digerida… Tan idiota. Hoy inicio una breve serie sobre estereotipos de salvadores de los derechos ciudadanos, aunque en realidad no son más que irresponsables suicidas.” ¡Ahí es na!—que diría un castizo.

Este “señorito” pretende distinguirse socialmente de quienes van caminando, en bici o deciden correr por la ciudad, no denunciando algunos abusos, que los hay y son censurables, sino haciendo una generalización ilógica y sumiendo en el ridículo a todos quienes han optado responsablemente por una forma de movilidad más razonable y sostenible o quienes quieren mejorar su condición física y su salud. Se sitúa magníficamente y desde una marcada superioridad moral por encima de esos ingenuos, inconscientes, cuando no suicidas, que van a pie, en bici o sudando agónicamente por las calles. No puedo por menos que volver a citarlo: “El peatón pone el pie en la calzada y es Colón poniendo pie a tierra. Y entre morir atropellado por un coche (que puede estar conducido por un loco o simplemente por un despistado) o dejar que pase aunque “atropelle” nuestros derechos, por supuesto el peatón elige morir […] El peatón, él solito, escenifica el país de anormales que han, que hemos construido, […] Tontos con derechos, ya sea a robar, a insultarnos… o a morir en nombre de los “derechos”.

Resulta tan patético, no obstante, como todos esos fumadores graciosos que se permiten hacer gracias y repartir consejos a quienes no fuman, en nombre de una vida mejor, más placentera y sin exigencias, que es la que ellos representan. Incapaces de ver un ápice de responsabilidad, compromiso, aspiración a una vida más saludable y mejor para todos, incapaces digo, de reconocer la virtud, se limitan a ultrajarla. Lo peor es que este tipo de individuos tiene su público y una clá incondicional. Como cuando Aznar bromeaba contra las recomendaciones de Tráfico sobre la bebida haciendo los honores en una bodega. Por eso, cuando analizamos a Granados y tantos otros casos de corrupción que nos parece que rebasan los límites, no debemos olvidar a este coro mediático que les ríe las gracias, que las comenta en los medios de comunicación y son su fundamento moral, porque solo así podremos entender hasta donde ha llegado la podredumbre moral que estos señores representan.








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