Balance del año 2010

31 12 2010

Ahora que termina este año 2010, que ha sido un año para olvidar, me detengo a hacer un típico balance fin de año de lo peor y de lo poco bueno que nos ha traído este año que se va.

El año empezó con los terremotos de Haiti y Chile y siguió con los cataclismos de los recortes y ajustes del gobierno a partir de mayo, que ha reducido drásticamente la inversión pública, el salario de los empleados públicos y ha congelado las pensiones de nuestros mayores, siguió con una reforma laboral, que abarata el despido y deja heridos derechos tan básicos como la negociación colectiva, y, por si fuera poco, la desaparición de la ayuda de los 426 € a los parados sin prestación, la privatización de AENA y la lotería y el pensionazo.

Medidas todas ellas dirigidas a cumplir un pacto de estabilidad por lo menos discutible y a aplacar el ataque de los mercados, pero que han dejado en la estacada y han sacrificado hasta una incierta recuperación a más de 4 millones de parados, a los inmigrantes, a los pensionistas, a las familias que no pueden hacer frente a sus hipotecas, a las pequeñas y medianas empresas y los autónomos, etc., es decir, a los más débiles para dejar contentos a los más fuertes.

Y en Salamanca no ha sido distinto. En la parte negativa, tenemos que destacar la bancarización definitiva de las cajas de ahorro, más atentas a resolver sus problemas financieros, que las necesidades de los ciudadanos, pero también el enorme mazazo que significó ese pacto a tres tan extraño que ha permitido acabar con el Teatro Bretón, el atropello democrático que permitió la expulsión del PSOE de los órganos de control municipales (aunque ahora los tribunales lo hayan enmedado) y, por último, este pacto entre el PP y el PSOE que ha permitido salvar unos presupuestos al equipo de gobierno, que no eran otra cosas que la expresión paradigmática de la pésima gestión económica del PP.

Y muy poco en la parte positiva. Lo más destacable, quizás, el movimiento de solidaridad que despertaron los terremotos, por supuesto, la movilización, aunque tímida y tardía de los sindicatos y de la izquierda social y política contra los recortes del gobierno y, claro está, el mundial de fútbol. También ha sido positivo por lo emocionante el rescate de los mineros chilenos, que simbolizó el triunfo de la cooperación y la esperanza. Y en Salamanca, la verdad es que muy poco. Quizás lo más significativo haya sido el abandono por parte del equipo de gobierno municipal de proyectos inviables o sin sentido, como el aparcamiento de la Plaza de los Bandos.

Sólo nos queda esperar que el 2011 sea mejor, pero sólo podrá serlo con un importante cambio en las políticas económicas que están aplicando los dos grandes partidos, que en esto tan fundamental no parecen tener grandes diferencias. Aunque ya se inicia con subidas desproporcionadas en la luz y el gas.

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