Contra la impunidad y la resignación

15 02 2011

Leo y recomiendo leer el artículo del domingo de Soledad Gallego en El País titulado “La ley Fahnstock”. Coincido con buena parte del diagnóstico que allí se hace de las sociedades democráticas occidentales y, por tanto, también de la española y no puedo por menos que preguntarme cómo hemos llegado a esta situación, cuándo se torció todo y, sobre todo, si este estado de parálisis resultará a la postre irreversible.
“Una de las peores consecuencias –dice Soledad Gallego- de la actual crisis mundial es la impresión, cada día más extendida, por lo menos en Occidente, de que determinados abusos de poder cometidos por grandes corporaciones nunca serán castigados porque los Gobiernos democráticos, que, en teoría, han recibido ese poder de manos de los ciudadanos, aceptan crecientemente que esa responsabilidad se diluya en un mundo gaseoso, sin nombres ni apellidos, inaprensible”. Y continúa: “Probablemente no hay palabra que defina mejor la decadencia de una sociedad democrática, basada necesariamente en el imperio de la ley, que la impunidad, incluso cuando no se refiere a grandes crímenes, sino a pequeñas corruptelas protagonizadas por grandes corporaciones, deshonestidades perversas, cotidianas, insidiosas, que amargan el carácter y desquician a los frustrados ciudadanos. Peor que las corruptelas, peor incluso que el propio abuso, es la sensación de que los poderes que los protagonizan están fuera del alcance de cualquier castigo.”
Sin necesidad de enumerar toda la larga lista de imputados en casos de corrupción, las empresas eléctricas, las de telefonía, las empresas de aviación, etc. cada uno de nosotros encontrará sin esforzarse demasiado ejemplos que refrendan dolorosamente esta situación: En Salamanca, sin ir más lejos, las sanciones a los constructores que se dejan prescribir, los abusos de una constructora que edifica sobrepasando los límites y deja en la ilegalidad a los vecinos colindantes que han sido los grandes perjudicados, la prepotencia de otra empresa que presenta una licencia para un proyecto de una residencia de ancianos y un megaaparcamiento insostenible e imposible, cuando pretende construir un hotel (o lo que sea) con la total seguridad de que nada le será negado, la exigencia de otra empresa de construir una estación de servicio en un aparcamiento de propiedad municipal que ha estado utilizando hasta ahora como propio, etc.
Resulta sorprendente que en sociedades que llamamos democráticas domine esta apatía, esta resignación, este sentimiento de impotencia ante la impunidad manifiesta, aun reconociendo la vulneración de los más elementales principios democráticos. Y lo peor es que no hace falta estar durante semanas en una plaza, aguantando el miedo y la incertidumbre para cambiarla. Basta con ir a votar, basta con torrente de votos para que como la “lluvia fértil sin bioenzimas, claro”, que cantaba Pablo Guerrero, limpie nuestra casa.

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4 responses

15 02 2011
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15 02 2011
Luis

Todo esto y más hace crecer la desconfianza y el hastío de la gente de a pie en la clase política subyugada a los grandes imperios económicos. El bipartidismo de derechas que ahora se alterna en el gobierno se ha asegurado con la Ley Electoral de que muchos piensen que el voto ya no limpia como debería de hacerlo. Una lástima.

18 02 2011
19 02 2011
damian

A mi tanto como la impunidad corporativa, me comienza a preocupar más el absolutismo democrático (válga la expresión, aunque hoy por hoy el termino democrácia abarca cualquier cosa siempre que incluya una urna) en el que estamos.
Solucionar un conflicto laboral declarando estado de excepción?, aprobar la ley sinde porque si?, ir a una guerra contra la opinión mayoritaria de la ciudadanía?, ampliar la edad de jubilación porque yo lo valgo?

Ya sé que esto pertenece al ambito nacional, pero con el argumento de la crisis (sino serían los intereses nacionales y sino sería otra excusa), se aprueban leyes, se hace y deshace sin que la opinión pública intervenga para nada.

A mi esa me parece la raiz del problema. Ignoro su opinión, pero votar es una farsa para darle carta libre al partido de turno para que haga lo que le de la gana.

Mucha suerte de todos modos.

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