El acoso a las minorías. Democracia, moralidad y compromiso político I

24 02 2011

Hace unos días conocíamos que Teresa Carbajal, concejala de IU-Los verdes en Cabrerizos, dimitía de su puesto para no “ser cómplice” de la política municipal (Ver). La noticia es tan extraña, que un cargo público dimita por razones morales, sobre todo hoy que nos enteramos que Camps ha sido designado como candidato en Valencia, que debería haber llenado espacios y comentarios, pero no ha sido así.

Resulta difícil ser el único concejal o estar en minoría en un ayuntamiento no sólo el de Cabrerizos, sino en cualquiera. Sobre todo, si se está dispuesto a defender las ideas políticas y el programa electoral, que fue el que le concedió el respaldo de los ciudadanos y esas propuestas se enfrentan a las defendidas por los grupos mayoritarios. Se muestra aquí una de las caras más sucias de la política con minúsculas: Los desaires, desplantes, desprecios, incomprensión, insultos, amenazas, etc. se convierten en la carga del cargo. Las más de las veces por los adversarios políticos; otras, por los medios de comunicación, y, en otras, también y desgraciadamente, por algunos a quienes se consideraba compañero.

Así que, no puedo decir más que comprendo a Teresa Carbajal. Lo que no acierto a comprender muy bien son los motivos explícitos, por lo menos, los que ha manifestado, ni el momento o la oportunidad. Porque, realmente, no se puede ser “cómplice” de una política municipal con la que no se está de acuerdo, se ha criticado y se hecho oposición. Ni siquiera aunque lo digan, lo publiquen y buzoneen por el pueblo, como ha pasado recientemente con Mariasun Barandiaran, otra concejala de IU-Los Verdes, esta vez en Santa Marta. Y esta difamación es especialmente dolorosa, porque proviene de quienes más de una vez se han presentado como amigos, y que lo hacen, a pesar de todo, a sabiendas no sólo que es falso, sino que no hay posibilidad alguna ni siquiera de hacerlo pasar por verdadero. Y Mariasun puede contar las mismas penurias y vejaciones que Teresa.

Porque esa estrategia de difamación y acoso no es accidental, es deliberada y no es más que la expresión de la voluntad de acabar con el menor signo de oposición, contestación y crítica, aunque sea minoritaria, aunque no pueda alcanzar ningún objetivo político por ser justamente minoritaria. Esta “democracia” que no sólo no respeta las minorías, sino que las persigue hasta su extinción ha olvidado lo más importante de la democracia y no quiere dejar para su impunidad ningún testigo discordante.

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