Menos dogmatismo neoliberal y más flexibilidad de pensamiento II

8 11 2011

El martes pasado criticábamos la ortodoxia neoliberal que pretende aplicar siempre las mismas recetas a distintas situaciones y su falta de flexibilidad ante situaciones de crisis. Lo lógico sería pensar que cuando tus políticas económicas han fracasado, sería conveniente aplicar otras y no persistir en las mismas.  Pero, ya dijimos, que esta capacidad de revisión crítica, de racionalidad crítica, podríamos decir, siguiendo a Popper, es prácticamente nula en el neoliberalismo, así como también dijimos que su dogmatismo les impedía adoptar posiciones más flexibles y revisables frente a la realidad económica.

No estoy diciendo que, tras la sucesión de crisis económicas desde los años 80 provocadas por sus políticas, tendrían que verse obligados a reconocer que, al igual que no se cansan de decir, que la planificación de la economía ha fracasado, la desregulación de los mercados nos conduce al abismo. Digo simplemente que deberían modificar sus propuestas económicas.

Lo que quisiera denunciar también desde aquí es que su persistencia en el error no se debe sólo a incapacidad de reconocerlo. Aquí, como decía Nietzsche, “el error no es ceguera”, el error obedece a intereses de grupos económicos muy poderosos, de quiénes dependen en sus investigaciones estos economistas, a quiénes sirven y a quiénes legitiman. Porque, mientras esta lógica política se ha revelado tremendamente perjudicial para la mayoría social, ha sido muy beneficiosa para otros. Así, el propio Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, llegó a afirmar que, si esto fuese un conflicto de clases, estaba claro que iban ganando ellos.

Por eso, creemos que es necesario aplicar otro tipo de políticas para lograr una salida social de esta crisis y no persistir en recortar gastos, exigir modelación salarial y flexibilidad en el mercado laboral en una política general de contención que no sólo no está consiguiendo reactivar la economía, sino aumentar el número de desempleados, el sufrimiento y la penuria de amplias capas sociales. El propio Rubalcaba transfigurado considera ahora errónea esta política de ajuste tan estricta definida por la UE y propone revisarla. Pero creemos que no basta con eso. Con cinco millones de parados no parece razonable que nuestro objetivo prioritario sea llegar a un déficit del 3% del PIB en 2013. ¿Por qué 2013 y no 2016, que nos permitiría un respiro y aliviar el sufrimiento de muchos?

Es urgente, por tanto, definir con claridad las prioridades. Y lo prioritario en estos momentos es el empleo. Si ese es el objetivo principal, no podemos servir a otros dioses como la reducción del déficit, la inflación o la deuda.

Es necesario, establecer mecanismos de control en los mercados financieros. Es necesario anteponer la política y las decisiones democráticas de los ciudadanos a los mercados. Los mercados están para resolver los problemas de los seres humanos, y no al revés, y para ello se requiere recuperar el papel del estado como agente económico.

En segundo lugar, es necesario recuperar  políticas fiscales redistributivas y conseguir o, por lo menos, llevar como preferente en las agendas europeas,  una convergencia fiscal. Se trata de utilizar los mecanismos fiscales para lograr una mayor justicia e igualdad social mediante una progresividad fiscal que se ha perdido, una redistribución de los ingresos y un incremento importante de recursos que permita mantener y mejorar las políticas sociales universales de calidad en sanidad, educación, dependencia y desempleo, y afrontar una reactivación de la actividad económica y del empleo desde lo público. Y es necesario dotar de mecanismos y recursos, tanto económicos, legales como humanos, para luchar contra el fraude fiscal y la economía sumergida. Sólo así conseguiremos recaudar más de quienes más tienen y de quiénes más defraudan. Resulta paradójica una sociedad en la que los más ricos han gritado “Basta ya” y piden pagar más impuestos y que el PP pretenda hacernos creer que puede mantener los servicios sociales sin aumentar los impuestos, es decir, sin recaudar más.

Por último, es necesario profundizar en los mecanismos de participación democrática y reducir la distancia entre representantes y representados. No es posible que las élites políticas adopten las decisiones al margen de los ciudadanos (la reforma exprés de la Constitución es un ejemplo), que otorgan sentido al grito “Que no nos representan, que no” de quincemayistas, sin realizar modificaciones profundas en nuestra Constitución y nuestra democracia.

Este giro que posibilite una salida social de la crisis contiene propuestas abiertas, que necesitarán revisión y podrán mejorarse técnicamente, pero al menos tienen la ventaja de introducir un cambio y de atender a las necesidades de la mayoría. Hay tarea por delante, pero no todas las opciones políticas están dispuestas a emprenderlas.

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2 responses

9 11 2011
Desiderata

Querido amigo,
gracias por tus dos últimas entradas. En justa compensación te recomiento, a ti y a quienes te leen, la lectura del artículo: La izquierda que no queremos, de Serge Halimi. Nº 193 de Le Monde Diplomatique en español; Noviembre 2011.
A lo mejor te procura una nueva reflexión.
Saludos

10 11 2011
Antonio Moreno

Gracias por la recomendación. Lo leeré en cuanto pueda.

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