Recaudar antes que recortar

29 11 2011

Tras las elecciones generales que han significado la mayoría absoluta del PP y el hundimiento de PSOE, hemos empezado a conocer las jugadas de algunos tahures que se han presentado a las elecciones sin enseñar sus cartas, han ido de farol y han conseguido engañar a muchos.

Algo nos había anunciado ya de por dónde iban a ir los tiros Dolores de Cospedal con el ajuste duro en Castilla La Mancha y soltando casi sin querer en campaña que si Rajoy hacía lo que tenía que hacer íbamos a ver las calles llenarse de protestas. Supongo que si Rajoy hace “lo que hay que hacer”, que es, según él, “lo que Dios manda”, los sindicatos, las fuerzas políticas de izquierda y los damnificados de estas políticas saldrán a la calle, haciendo también “lo que hay que hacer” –supuesto a unos esa obligación de atenerse responsablemente a la realidad, es de recibo suponérselo al contrario-  aunque, eso sí, no haremos lo que Dios manda, si es que Dios sigue mandando a los más que para conseguir la gloria hay que aguantar lo que los poderosos quieran.

Ahora, Artur Mas revela sus cartas y propone nuevas medidas de ajuste y nos dice que no las anunció antes para no influir en los resultados. Que dicho así, suena muy fino y elegante, pero que si lo piensas un poco, resulta de un cinismo y una desvergüenza digna de alguna respuesta menos fina y elegante. El Presidente de la Generalitat se ha quedado solo explicando la necesidad de nuevos recortes y volver a rebajar el salario a los empleados públicos, subir las tasas del transporte público y del agua, así como introducir un “tiquet moderador” en sanidad por no llamarlo copago. Bueno solo no se ha quedado,  porque ha recibido el único apoyo del PP, que está dispuesto no solo a asumir esos recortes, sino que quiere participar desde el gobierno de la Generalitat en aplicarlos.

Por último, Ignacio Escolar nos anunciaba el programa oculto del PP (Ver): subida del IVA a un tipo único del 23% y de los impuestos sobre el tabaco, el alcohol y la gasolina, recortes en las plazas y salarios de los funcionarios, recortes en las prestaciones por desempleo, nueva rebaja salarial y laboral y, por último, agrupar los activos tóxicos en un banco malo.

Así que, no nos quepa ninguna duda, se ha impuesto la insolidaridad y la avaricia. Porque recortar los salarios, los derechos y en los servicios sociales sólo afecta a aquellos que más necesitan los servicios públicos y, por tanto, están destinados a aumentar las penurias y el sufrimiento de los más desfavorecidos. Porque los recortes aplicados por el PSOE se hicieron con la esperanza de poder afianzar los “brotes verdes” que se veían en el horizonte, pero ahora que ya no hay brotes verdes, que las políticas de ajuste nos han llevado a un estancamiento reconocido por todos, los recortes se presentan sin esperanza, sin contrapartidas, rotundos, como si no hubiese otra alternativa.

Y las hay, porque es necesario mantener que antes que recortar, es obligado exigir y exigir contundentemente recaudar, aumentar los ingresos del estado a través del único medio que permite redistribuir la riqueza y también las cargas de forma solidaria y justa, que es una reforma fiscal que garantice la progresividad y la equidad. Porque, además aquí tenemos mucho margen. En un estudio de ATTAC sobre Fraude fiscal en España, se calcula que España, con una tasa de fraude de entre el 20 y el 25% del PIB, el doble de la media europea, ha dejado de recaudar unos 70.000 millones de € cada año. Según otro estudio de la Fundación de Cajas de Ahorro (FUNCAS), la economía sumergida ha subido entre el 2005 a 2008 al 23,7% del PIB, generando más de 4 millones de empleos “en negro”, por lo que el estado dejó de recaudar 66.000 millones de €. Y el propio Rubalcaba cifró en 28.000 millones lo que el Estado ha dejado de recaudar en estos años tras eliminar el impuesto de patrimonio y de sucesiones.

IU ha sido la única fuerza que ha mantenido esta propuesta, hemos conseguido 11 diputados, que serán insuficientes. Se ha repetido que esto se arreglaba con 50, así que 11 podrán dar la batalla en el Congreso, pero no estarán en condiciones de ganar una guerra en la que los perdedores serán los de siempre.

Así que, sí, Sra. Cospedal habrá que salir a la calle. No a hacer “lo que Dios quiera”, porque no sabemos de designios divinos, pero sí “lo que hay que hacer”, defender una salida social a la crisis y lo que nos dicta nuestra conciencia, que sí es una conciencia solidaria y justa.

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