A vueltas con el urbanismo: Rectificación y restitución del daño

28 02 2012

Desde que inició su legislatura, el actual equipo de gobierno del Ayuntamiento de Salamanca ha realizado numerosos ejercicios de rectificación. Rectificó el empecinamiento de equipo anterior respecto a la subida del IBI, adelantándose a una sentencia que se presuponía ya condenatoria. Rectificó también ya en este año en el proyecto ya en marcha de remodelación del Paseo de la Estación y rectificó hace poco menos de un mes abandonando definitivamente el proyecto de construir un aparcamiento en la Plaza de los Bandos.

Estos cambios han puesto de manifiesto las diferencias entre el actual equipo y el saliente: Matices, acentos, talantes distintos dentro de un mismo partido y de un equipo de gobierno tan semejante que comparte el eje central y la misma orientación política. Motivos más que suficientes para abrir un interesante debate sobre la identidad y la diferencia, semejante también al que divertía a los atenienses respecto a la nave de Delos, pero que dejaremos para otro momento.

De todos estos hechos, sólo en el caso de la subida ilegal del IBI se ha producido restitución del daño. Una restitución a los ciudadanos que volverá otra vez acrecentada a las arcas municipales con la desproporcionada subida de este impuesto este año. Así que, como bien dijo Fernando Rodríguez este año no notaremos la subida del IBI, porque se compensará con la devolución del ejercicio de 2008, que es una manera de verlo. Porque lo que no notaremos tristemente los ciudadanos es su devolución, que también es otra forma de verlo, aunque menos torticera.

En los otros casos, no habrá restitución del daño, o, por otro procedimiento distinto que en el del IBI, volverán a pagarlo los ciudadanos. Hacer o deshacer, equivocarse o corregir tiene el mismo coste para quien gobierna, que incluso puede vender una cosa y la otra como como acierto político y respeto a las demandas de los ciudadanos o de las organizaciones internacionales. Así que, ya que vamos a pagarlo, deberíamos por lo menos conocer lo que va a costarnos, sin descartar pedir responsabilidades.

Sin embargo, el caso del abandono del proyecto de aparcamiento subterráneo de la Plaza de los Bandos merece una mayor atención. Fernández Mañueco dijo textualmente que la voluntad de su equipo de gobierno es “ajustar nuestras decisiones sobre el patrimonio municipal a las directrices y recomendaciones emanadas de la UNESCO” y se abandonaba definitivamente este proyecto para no poner en peligro la condición de Salamanca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad “dados los efectos positivos que tiene esa condición para esta ciudad y para los salmantinos”. Se atiende a una exigencia de la UNESCO en el último día, cuando la exigencia había sido puesta sobre la mesa desde el principio, pero, bueno está, se rectifica en el último momento, sin saber cuánto nos va a costar reparar los daños y sin ningún propósito de la enmienda. Porque, en el mismo acto que se dice que se abandona este proyecto de aparcamiento en el centro, que es lo que cuestiona la UNESCO, se reitera el compromiso de buscar una alternativa de aparcamiento en el centro de la ciudad. Supongo que con la estrategia de “a ver si cuela”, lo que expresa también claramente la voluntad del equipo de gobierno, que no de los ciudadanos, de trampear con la ley y las condiciones que han merecido la consideración de Salamanca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Lo que muchos salmantinos celebramos como una buena noticia, la conservación del patrimonio cultural y, sobre todo, la conservación del título de Ciudad Patrimonio, volvía a oscurecerse en el horizonte, volvía a abocarse a nuevos peligros, y no por intereses urbanísticos privados, sino por los dirigentes políticos. Se producía así una paradoja política frecuente, pero difícil de explicar: la autoridad se situaba en los márgenes de la ley, dispuesta a burlarla y quebrantarla, y los ciudadanos como garantía de la legalidad.

Por eso, resulta tan interesante leer el nuevo número de la revista Encrucijadas, un interesante proyecto de jóvenes investigadores salmantinos, dedicado a la ciudad y los espacios urbanos, para entender la ciudad como el espacio que mejor refleja esas luchas de poder, como expresión de nuestras decisiones políticas, de la injusticia y de la desigualdad social, pero también de las aspiraciones democráticas de la ciudad como espacio de convivencia, de participación y de integración social al diseñar un urbanismo pensado para garantizar la movilidad y la vivienda al último ciudadano, pero que es también expresión de la corrupción urbanística y de la lucha por la conservación del patrimonio, patrimonio cultural, que no solo es noble o religioso, sino también paisajístico y ciudadano.

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3 responses

28 02 2012
Chema

Te invito a leer esto: http://blogsalamank.blogspot.com/2012/02/el-huerto-de-las-adoratrices.html
Creo que viene a cuento y demuestra que somos muchos los que repensamos esta ciudad de desde otra óptica. Podremos o no equivocarnos pero al menos entendemos el espacio urbano como un elemento de derecho y oportunidad humana y no meramente económica. La ciudad tiene que enriquecerse, sosegarse y convertirse en un espacio de acogida, seguridad, aprendizaje, convivencia, apoyo mutuo y desarrollo individual y colectivo. El principal objetivo de nuestra ciudad es frenar la exclusión económica y generacional y para ello hay que atacar en varios frentes, lo demás es “consecuencia de” Es frustrante pensar y estudiar el tema y que luego unos señores concejales con la carrera de derecho pretendan resolverlo todo con aparcamientos subterráneos y planteamientos economicistas de movilidad urbana mal entendidos y propios de otra época.

1 03 2012
rgrande

Siguiendo el hilo de lo que comentas sobre la condición de Ciudad Patrimonio de la Humanidad de Salamanca la entrevista a Saravia en el último número de Encrucijadas da una clave no menor. Dice Saravia “deben mantenerse las construcciones antiguas, sí, pero no sólo las militares, las de la nobleza o de la Iglesia, sino también las civiles y populares”. La forma de gobernar y planificar el urbanismo –que muy bien comentas– se ha basado precisamente en ensalzar la “Salamanca Monumental” (los monumentos de los estamentos dirigentes), omitiendo (y derivando) el resto del patrimonio. Pensemos por ejemplo en las casas adosadas a la muralla, que se decidieron derruir cuando eran ejemplo vivo de la evolución urbanística de la ciudad, la razón que argumentaba el equipo de gobierno de turno era ofrecer una mejor vista de la ciudad (su idea de ciudad). El caso del Teatro Bretón es otro buen ejemplo del tipo de construcciones que se quieren mantener y las que no, cuando todas deben forman parte del Patrimonio de esta ciudad.

1 03 2012
Antonio Moreno

En el Bretón pero también en la pesquera de Tejares estaba pensando cuando había que conservar no sólo el patrimonio cultural, sino el paisajístico y ciudadano. Pero gracias por el comentario, con el que estoy de acuerdo y no “totalmente de acuerdo” como diría un tertuliano todólogo.

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