Ni la legalidad ni la ciencia amparan la discriminación

28 08 2012

Nunca he llegado a entender por qué se valora tanto desde eso que se llama la “opinión pública” en los políticos la seguridad con la establecen sus afirmaciones y, sobre todo, la resistencia a cambiar de  opinión y a mantener sus posiciones inalteradas durante años.

Supongo que por deformación profesional tiendo a valorar más la racionalidad crítica, menos dogmática y más dubitativa, siempre abierta a nuevas perspectivas y a cambiar ideas preconcebidas por nuevas hipótesis. Vamos, lo que en el refranero popular se expresa como “es de sabios cambiar de opinión”. Y reconozco que esa es para mí una contradicción más aguda entre la filosofía o la ciencia y la política que la que suele expresarse en el binomio teoría y sentido práctico.

Por eso, me resultan especialmente sorprendentes las posiciones adoptadas por el actual Ministro de Educación, máxime cuando no proviene directamente del campo político. Parece como, si tras los despistes iniciales, hubiese adoptado la actitud del “converso” y pretendiese ser ahora más papista que el Papa. Porque, ni en la forma ni en el fondo, las reformas adoptadas por su ministerio, desde la modificación más urgente del sistema educativo español que era, como todo el mundo sabe (es irónico, se entiende), cambiar los contenidos de Educación para la Ciudadanía, hasta cargarse el carácter comprensivo e integrador de la enseñanza no universitaria, ni la reforma de las becas ni la subida de tasas universitarias, se han adoptado desde otra óptica que el dogmatismo y la falta de diálogo. Así, este insigne ministro pasará sin duda a la historia por mantener que para mejorar la calidad educativa es necesario no aumentar la inversión en educación hasta el 7% del PIB, que es lo recomendado por distintos organismos internacionales, sino rebajarla al 3,9% para el 2015. Y, para rematar este impecable currículo, sus últimas declaraciones sobre las sentencias del Tribunal Supremo, que establecen que la segregación por sexos en la educación es discriminatoria,  rebasan cualquier límite, al mostrarse partidario de modificar la ley de forma que blinde el concierto educativo con estos centros que mantienen una enseñanza diferenciadora, es decir, que separa a chicos y a chicas en las aulas.

Insisto, porque creo que no se le ha dado la importancia suficiente y más teniendo en cuenta que quien las pronuncia es un ministro. Dos sentencias del Supremo establecen que algo es ilegal, y el ministro no se limita a expresar un “acepto, pero no comparto”, sino que directamente anuncia la intención de modificar la ley. Esto además de ser una conducta despótica, antidemocrática y dogmática, propia de alguien que tiene “una verdad” que ninguna sentencia puede desmentir, expresa sin tapujos el más absoluto desprecio y falta de respeto a la ley. Algo, que en cualquier democracia que se precie, bastaría para que, en caso de no rectificar públicamente, tuviese que abandonar el cargo de inmediato.

Pero el Sr. Wert no respeta ni las sentencias del Supremo ni acepta las contundentes conclusiones del artículo “La seudociencia de la escolarización por sexos” de la prestigiosa revista Science. Ni la legalidad ni la ciencia parecen convencer a este ministro de que la segregación por sexos es discriminatoria, no representa ninguna mejora académica y, sin embargo, impide la convivencia normal entre alumnos de distinto sexo, que es un objetivo esencial de toda educación, lo que aumenta el sexismo, la perpetuación de esteriotipos y la consideración de que a los sexos le corresponden distintas funciones sociales.

No obstante, desde el antidogmatismo científico que hemos defendido, nunca deberíamos dar por definitiva ninguna afirmación y menos algo en lo que parece haber alguna controversia. Así, que, a pesar de todo, podríamos albergar alguna duda sobre el carácter discriminatorio de este tipo de enseñanza segregada, pero solo si la empresa estuviese respalda por organizaciones civiles con una tradición larga y reconocida en la lucha contra la discriminación de género. Lo que elimina esa posibilidad de forma  indudable es si quien la inspira este tipo de enseñanza segregada es el Opus Dei. Se desenmascara así el carácter legitimador de los constructos pseudoteóricos en los que pretenden respaldar la segregación. Se trata sin más de una ideología discriminadora pura y dura. Se puede entender que el Opus quiera “educar” así y se entiende que el Sr. Wert quiera respaldarla para contentar a los suyos, pero esta educación que es discriminatoria no puede acogerse en ningún concierto educativo ni sufragarse con el dinero de todos, ya que solo la coeducación resulta coherente con el estado actual de la investigación científica y el ordenamiento constitucional.

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