Inicio del curso: La estrategia del maltratador

18 09 2012

Este inicio de curso se presenta tan lleno de incertidumbres que resulta difícil realizar una programación creíble. Los centros públicos tienen garantizados los “gastos indispensables” (agua, luz y calefacción), de los que solo se sabe el qué cubrirán, pero no los definitorios cuánto (a cuánto ascenderán) ni cuándo (es decir, en qué mes serán ingresados), por eso, ya tenemos claro que estos gastos imprescindibles no coinciden con lo que antes se llamaba “gastos de funcionamiento”, así que, lógicamente, podría darse la paradoja de que tengamos centros abiertos, pero sin que puedan llegar a funcionar verdaderamente, porque no existan partidas presupuestarias para ello. Pero a esto no puede llamarse, según la autoridad competente en educación, recorte drástico, sino buscar fórmulas para racionalizar gastos y hacerlo más eficiente.

Y también afrontamos el curso, con la ruptura de todos los acuerdos sindicales y la imposición de un horario efectivo de 37 horas y media semanales y el incremento de dos horas lectivas más en el horario semanal.  No puede mantenerse lógicamente, como han hecho algunas, un alegato a favor de la importancia de la educación y de los profesores y decretar una ampliación de la jornada laboral de los trabajadores de la enseñanza  y una reducción salarial lineal de más del 14%, porque esta realidad convierte la declaración en papel mojado, cuando no en un insulto a la inteligencia. Lo cierto es que todos los profesores afrontan este nuevo curso con la convicción de que no pueden hacer recaer el peso de los recortes sobre los alumnos, pero con la seguridad de que las precarias condiciones educativas unidas al aumento de jornada exigirán una revisión de su práctica docente que terminará perjudicando a los alumnos. Porque es verdad que atender a menos alumnos no asegura que se les atienda mejor, pero lo que sí es seguro que atender a más no puede mejorar la atención en absoluto.

Y, por otra parte, las repercusiones de este aumento de la jornada laboral de los profesores no se quedan en un deterioro de sus condiciones laborales y de la atención que puedan prestar, sino en una reducción de las plantillas, dejar sin cubrir las bajas por enfermedad, en una reducción de la oferta de optativas, de horas refuerzo y de atención a la diversidad,  y en la necesidad de “completar horario” impartiendo materias “afines”, es decir, materias distintas de la especialidad del profesor. Así, por ejemplo, en el centro escolar en el que ahora soy profesor, para el mismo número de grupos de alumnos hay 7 profesores menos que el curso pasado, lo que sobre un total de 61 docentes significa una reducción de plantilla del 11,4%. Y esto, además de condenar al desempleo a buen número de profesores interinos, de desplazamientos forzosos en otros, de elección de horarios completos de afines de profesores en “expectativa de destino”, etc. solo hace que perjudicar seriamente la calidad de la enseñanza en España.

Si esta situación es denunciable, porque es importante que la opinión pública conozca el deterioro impuesto a la educación, lo preocupante es que la modificación de estas condiciones no se presentan por las autoridades educativas como coyunturales y “exigidas” por la crisis, sino como resultado de una racionalización del gasto que se consolidarán también con una reducción progresiva de la inversión en educación hasta el 2015 por lo menos y, en segundo lugar, porque estos recortes unidos a la futura ley de educación contribuirán, según ellos, a mejorar la calidad educativa en todo el territorio español. La verdad es que si la expresión famosa de Tip y Coll era “¡Pero, qué sabrá de agricultura el ministro de agricultura!”, las medidas anunciadas de la ley de educación, nos obligan a aplicarlo especialmente aquí, no sé si como exclamación o como pregunta retórica: Pero, ¿qué sabrá de educación el señor Wert? Desde luego, como “autoridad competente” no parece tener nada de competente y poco de autoridad (que no poder), si ésta última exige el reconocimiento social.

Así que, mal está que nos recorten salarios y derechos, que nos amplíen la jornada laboral, que reduzcan la inversión, etc. pero peor es que digan que todo lo hacen en aras de mejorar la calidad de la educación y no como medidas transitorias “exigidas” por la falta de recursos (como se encargan de remachar constantemente con la subida del IRPF y el IVA). Y en esta deriva incontrolada incidió el fin de semana coincidiendo con la Marcha a Madrid, Dolores de Cospedal, cuando afirmó enardeciendo a sus seguidores, que incluso los “enfadados” que se manifestaban en Madrid al final “van a agradecer” las medidas del gobierno. Lo que constituye claramente la “estrategia del maltratador”: nos pegan por nuestro bien y además nos lo merecemos.

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