Movilidad sostenible y en bicicleta o el vacío

25 09 2012

Ahora que se han terminado en Salamanca los actos de la Semana Europea de la Movilidad, una celebración tan poco exigente para los organizadores que va camino de la inoperancia, volvemos a lo de siempre.

Para los que nos movemos habitualmente en bicicleta los cambios en la mentalidad y los hábitos de movilidad han sido mínimos, imperceptibles, pero seguimos empeñados en hacerlos visibles, en valorarlos positivamente, confiando en que cada vez somos más, que vamos por buen camino, que somos “gente de mañana”.

Pero hay algunas constantes que nos preocupan: La primera es que ya no sabemos cómo responder a la pregunta diaria de nuestros vecinos “¿Qué? ¿A hacer deporte?” a la que  cortésmente indicamos “No, a trabajar”. Pero no hay manera. Al día siguiente volverán a la misma pregunta porque no son incapaces, a pesar de la evidencia empírica, de considerar la bicicleta como un vehículo adecuado para los desplazamientos en la ciudad, no está en su imaginario. Con su actitud expresan la negación conceptual de la bicicleta.

La segunda constante la expresan aquellos que dan por terminada la red de carriles-bici en la ciudad y esperan ver a todos los ciclistas recluidos en ellos para siempre, sin que en lo sucesivo invadan la calzada, obstruyan el tráfico de los vehículos particulares (los únicos que poseen la legitimidad de moverse por ella) y que dejen así de ser un peligro, porque “un ciclista siempre es un peligro”. Así, te cuestionan que mantengas en tu bici la placa de “Carril bici ya” o, lo que es peor, arriesgan su vida para recriminarte desgañitándose por la ventanilla “Vete por carril bici” (recojo sólo la expresión más suave). Estos no niegan la bici, al contrario, consideran que ya una sola en la calzada son demasiadas: constituyen sus adversarios más enconados y peligrosos. De nada sirve explicarles que, pese al enorme gasto que han supuesto los carriles-bici para los salmantinos, todos están pensados para el ocio y no tienen como objetivo la movilidad segura de la bicicleta como alternativa de transporte por la ciudad.

Y la política del Partido Popular en Salamanca no es ajena a esta actitud: Porque “venden” que con el “esfuerzo realizado” en la construcción de carriles-bici (que solo tienen una finalidad recreativa y así lo reconocen en el documento de diagnóstico del Plan de Movilidad recientemente presentado) han satisfecho las expectativas, exigencias y necesidades de la movilidad en bicicleta. Por eso también, a pesar de que aceptaron a regañadientes un sistema de alquiler de bicicletas y se han sorprendido de la respuesta social, no prevén en el mismo Plan de Movilidad un incremento de más de un 4%, ni tampoco lo consideran un objetivo prioritario. Así que, no voy a negarlo, es verdad que algo ha cambiado, pero para que todo siga igual: Lejos de impulsar la movilidad sostenible en bicicleta, se delega su impulso en los ciudadanos y solo se espera un crecimiento vegetativo.

Y no es de extrañar, porque la bicicleta constituye una alternativa subversiva y utópica a este capitalismo de consumo y de excesos, como han señalado algunos. Por eso, como contribución a la movilidad sostenible recomiendo la lectura de algunos textos:

“El ciclista lo crea todo a partir de casi nada, convirtiéndose en el ser más eficiente energéticamente de entre todos los animales y máquinas que se mueven; y, como tal, tiene una capacidad ímproba para desafiar todo el sistema de valores de esta sociedad. Los ciclistas no consumen bastante. La bicicleta puede ser demasiado barata, demasiado saludable, demasiado independiente y demasiado equitativa como para que le vaya bien. En una era del exceso, es minimalista; y ostenta el potencial subversivo de hacer feliz a la gente en una economía impulsada por la frustración de los consumidores.” Texto de Jim McGurn citado por Jorge Reichmann en El socialismo puede llegar solo en bicicleta, de Libros de la Catarata.

Y sin llegar a la utopía soñada por Marc Augé en Elogio de la bicicleta que considera el “ciclismo como un humanismo” y confía, como en el “efecto mariposa”, en el efecto pedalada, de forma que el uso creciente de la bicicleta y su poder felicitante transforme la organización social y la vida de las personas. Pero sin duda el texto más contundente sobre la satisfacción que montar en bicicleta puede reportar al individuo y la sociedad está en El ciclista de Tim Krabbé:

“Meyrueis, Lozère, 26 de junio de 1977. Tiempo caluroso y nublado. Saco las herramientas del coche y monto la bicicleta. Desde las terrazas de los cafés, turistas y lugareños observan. No son corredores. El vacío de esas vidas me turba”.

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27 09 2012
Paulo

La bici tiene que tomarse más en serio para que pueda ser una verdadera alternativa de movilidad, más ahora con las facilidades que ofrece la bici eléctrica para más gente. Se trata de pensar en los beneficios para la convivencia y la mejora del entorno. Si para viajes largos va creciendo el hábito de compartir coche para descontaminar ( http://www.blablacar.es, wwcompartecoche.com, etc), en ciudad se consigue bajar los humos con el uso de la bici, los patines, las caminatas, el bus o asimismo rentabilizar el uso del coche. Si cada uno ponemos un poquito se notará mucho.

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