Esto ya no resiste más (y 2)

22 01 2013

Por si no hubiese sido suficientemente larga la relación de casos de corrupción de la semana pasada, esta se ha visto desbordada por el estallido del caso Bárcenas, que no sabemos si seguirá siendo un capítulo del caso Gürtel o formará serial propio. Pero la aparición de una cuenta personal del extesorero y gerente del PP con más de 22 millones de euros en los floridos años de la trama del “bigotes” y su posible acogida parcial a la amnistía fiscal auspiciada por el gobierno, sitúan al PP en una difícil situación.

Resulta muy difícil justificar simplemente diciendo que, quien ha sido responsable de las finanzas del partido y en el que has confiado tus cuentas durante tantos años, a quien has defendido con cargo al partido y mantenido despacho en la sede, “no está ahora en el PP” y, por tanto, “ya no es asunto del PP”. No basta con desvincularse, porque lejos de abrir un cortafuegos y ser la solución, es justamente el núcleo del problema. Porque el problema no es la corrupción, el problema es que no se ha sabido atajar: “los partidos apartan de militancia a sus corruptos, sin asumir ninguna responsabilidad y asunto acabado” y esa no es la forma de resolverlo. Porque Bárcenas no era uno que pasaba por allí y ya no está: Fue el responsable de las cuentas durante más de 20 años y esto afecta de lleno al partido, que tendrá que hacer algo más que una declaración y una investigación a fondo. Sobre todo, si se confirma que: a) el pago de sobresueldos en metálico era habitual, como denuncia el ex diputado popular Jorge Trías Sagnier; b) si Bárcenas recibió nada más acceder al gobierno el PP una cuantiosa ayuda del ICO, y c) Si esto es el resultado que empieza a aflorar de la disputa interna del PP madrileño con el nacional y empieza a funcionar el ventilador (ya ha afectado al presidente de la comunidad y a su exconsejero y no deja de resultar “extraño” que la fuente de información más fiable sea El Mundo).

No basta como sugiere Soledad Gallego Díaz en su artículo Dos propuestas simples y urgentes cambiar la Ley Orgánica de Partidos para establecer la responsabilidad de las ejecutivas de los partidos de las cuentas de sus organizaciones, ni mejorar la ley de transparencia, haría falta, que la clase política, como En el valle de Elah, izase la bandera al revés para reconocer que están perdidos y que necesitan ayuda, como sugiere también J. Ignacio Torreblanca en Déjennos ayudarles. Pero es que la clase política no está por la labor.

Y además de la corrupción que vacía de legitimidad la actual democracia (“lo llaman democracia y lo no es”, se corea cada vez más frecuentemente), es que la crisis nos está abocando a una ruptura social y económica entre quienes más tienen  (tanto da particulares, clases o estados), que se muestran cada vez más insolidarios y codiciosos, y quienes menos tienen; entre quienes tienen empleo y quienes, no; entre quienes tienen más o menos asegurada su pensión y quienes no sabrán cuándo dispondrán de un empleo digno, estable y bien remunerado, que les permita siquiera cotizar; entre los mayores y los jóvenes. No es solo que se esté desmantelando ante nuestros ojos los derechos y servicios del estado social, es que se está dinamitando la cohesión social y el consenso mínimo que garantiza una convivencia política pacífica, porque la desigualdad y la injusticia ya no pueden disimularse: son de un escándalo tan patente que da náuseas.

Y no sólo la corrupción y la desigualdad creciente nos asaltan: El modelo europeo hace aguas por todos lados, resulta incapaz de resolver los problemas monetarios y financieros de los países miembros con una insolidaridad y prepotencia insultante y ha ido otorgando poder y capacidad de decisión crecientes a quienes carecen de legitimidad democrática para hacerlo.

Y lo mismo ocurre con el modelo territorial diseñado desde la constitución del 78 para España. No es sólo la amenaza de fractura territorial que supondrían ejercer el derecho a decidir de Cataluña y País Vasco, es que la articulación y vertebración de las competencias, tanto políticas como fiscales, entre las distintas administraciones (central, autonómica y local, por no hablar de las diputaciones) está en profunda crisis.

Podemos poner nuevos parches, pero esto ya no aguanta más. No sé si es urgente, pero es totalmente necesario abrir un nuevo proceso constituyente, (hasta Nicolás Sartorius y Diego López Garrido se atrevían a pedir Una constitución para Europa, ya), devolver el poder a los ciudadanos, que son los únicos depositarios de la soberanía, para lograr otro pacto social más justo y construir una verdadera democracia.  Hay muchos riesgos, pero sin duda es el momento. O volverá a ocurrir lo que Imre Kertézsz se temía, pero eso no es lo que queremos.

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22 01 2013
Mileniarista

Se convocó una protesta antes la sede del PP para protestar contra la corrupción. Asistieron 1000 personas.

Recuerdo en una conferencia de Anguita que intentaron hacer una política más participativa, y que eso funcionaba si no había partido, o película o saraos varios.

Todos esperamos un cambio, todos observamos, todos lo pedimos. Pero pocos mueven el culo salvo para twittear o ponerlo en Facebook.

Bueno, eso también hay que decirlo, no son los políticos que nos merecemos, pero son los que dejamos mandar.

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