Aceptar la verdad

19 02 2013

Aparentemente, salir ante los medios de comunicación como representante o portavoz del PP (siempre que no sea parapetado tras una pantalla) empieza a ser complicado. Y si no, que se lo pregunten a Carlos Floriano, vicesecretario general de organización, que ha tenido que decir y desdecir lo mismo y lo contrario respecto a Bárcenas y Sepúlveda y le tienen que haber comido los demonios por dentro.

Pero, sin duda, quien lo ha tenido más difícil la semana pasada ha sido el diputado del PP Teodoro García Egea, quien tuvo que salir a explicar el rechazo inicial a la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) contra los desahucios, porque ellos no gobernaban solo para el 3% de la población, estaban ya tramitando otra ley que recogía lo fundamental de la iniciativa popular, incluso estaban dispuestos a usar el mismo nombre. Al final y tras rectificar convenientemente, la terminaron aceptando a trámite. Aparentemente, el PP ha cambiado de posición, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) le ha ganado la partida y desde la cúpula del partido han dejado en entredicho al diputado del PP.

Juan José Millás reivindicaba este viernes en Mi mamá me mima, que nos han recortado casi todo, la salud, la educación, la sonrisa, pero lo que no pueden es recortarnos ni hacernos perder el sentido del lenguaje. Así, no debemos dejarnos engañar por este cambio y el posterior acuerdo con el PSOE para tramitar la ILP por vía de urgencia, porque las razones de García Egea, que son las razones primeras y de base del Partido Popular, constituyen una declaración de intenciones.

Y lo mismo ocurre con los casos de Bárcenas y Sepúlveda. Hay que asumir que es muy probable que no pueda acreditarse ni la financiación ilegal del partido, ni la existencia de sobresueldos en negro. Es más, creo que será imposible. Pero resulta tan verosímil que asquea. Y, aunque no puedan probarse judicialmente estos delitos, lo que resulta evidente (y debería ser lo más preocupante) es que no podemos esperar del PP nada en la lucha contra la corrupción. Lo acredita con contundencia el pasado en los casos de Camps en Valencia, Fabra en Castellón, Baltar en Orense, por citar algunos, pero, sobre todo, que hayan mantenido en nómina hasta que se ha hecho insoportable a Bárcenas y Sepúlveda, sin que nadie pudiese dar cuenta de su cometido o de su situación.

Pero no. Porque el PP anuncia una ley de transparencia y decide mostrar las declaraciones de la renta y vuelve a brillar la luz. Y aquí estamos todos liados en el asunto de las declaraciones, que si la enseñas tú, que yo ya la he enseñado, y, que si no, no hay transparencia ni nada. Y esto la misma semana en que Mario Draghi comparecía en el Parlamento sin micrófonos ni prensa. Y sin que nadie nos haya explicado qué tendrá que ver la declaración de la renta de Rajoy con el asunto sobre el que ahora exigimos máxima transparencia, que son las cuentas del partido.

Forges 12Feb2013Y, como ya sabemos que lo fuerte del PP es la lógica (las declaraciones de Rajoy negando todo salvo algunas cosas, son ya antológicas); nos vemos obligados a reconocer en este caso que asumir todas las propuestas de esta iniciativa popular, será justamente rechazar lo fundamental, y adoptar su nombre y su identidad,  confundir el sentido y las demandas de la ILP hasta conseguir desactivarla y reducirla al olvido.

No se trata solo de vencer y menos aún de convencer. Estamos en otro momento. Los recortes y el afán de dominio afectan ya al sentido del lenguaje y de la realidad, contra la esperanza de J.J. Millás. Como explicaba O’Brien a Winston en 1984, en la reintegración de los disidentes hay tres etapas: aprender, comprender y, por último, aceptar. Así que no basta sin más con que digamos que vemos 4 dedos cuando vemos 5, y así dejar zanjado el debate y evitado el dolor; no: es necesario que lleguemos a ver realmente 4 dedos, aunque nos enseñen 5. No basta dar la razón en lo que carece de razón; hay que terminar aceptando, reconociendo y “viendo” que la tienen. No podemos decir que han rechazado la ILP, la han asumido hasta el extremo de copiar el nombre y la iniciativa, lo de menos es el articulado.

Y en esta lógica, yo al menos, cuando veo la declaración de la renta de Rajoy se me disuelven todas las dudas, se me hace la luz y no tengo más remedio que asentir: Jesús Sepúlveda trabajaba para el PP porque no podía ser despedido y Bárcenas cobraba mensualmente el finiquito acordado de 400.000 euros. No hay nada como aceptar la verdad para ver todas las cosas claras.

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