Ni súbditos ni fieles

4 06 2013

El Proyecto de Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa (LOMCE) recientemente presentado en las Cortes organiza todo su articulado como modificaciones o enmiendas de la Ley Orgánica de Educación (LOE). Al margen de las consideraciones legales, el hecho de no haberse iniciado de 0 con una nueva redacción deja abierto el texto a numerosas interpretaciones: desde la más simple que implica aceptar el reconocimiento de su carácter meramente marginal o subsidiario de otra ley, hasta posibles interpretaciones más intencionales de revanchismo o resentimiento.
Y aunque ya se había modificado para este curso la Educación para la Ciudadanía, que era, como decíamos “el asunto más urgente de la Educación en España” y lo primero que se modificó, me parece interesante analizar en qué ha quedado la ciudadanía y la educación para la ciudadanía en esta nueva ley educativa.
Más a regañadientes que por voluntad expresa en la LOMCE se ven obligados a aceptar de acuerdo con la Recomendación (2002)12, de 16 de octubre de 2002 del Comité de Ministros del Consejo de Europa y también con la recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo Europeo del 18 de diciembre de 2006 sobre las competencias clave para el aprendizaje, pero sólo en el apartado XIV de la Exposición de motivos, que “la educación para la ciudadanía democrática es esencial para promover una sociedad libre, tolerante y justa y que contribuye a defender los valores y principios de la libertad, el pluralismo, los derechos humanos y el imperio de la ley, que son los fundamentos de la democracia”. Pero dada la “enorme” importancia que le conceden, la gran novedad de LOMCE es su liquidación, es decir, que la educación para la ciudadanía se tratará solo de forma transversal, pero no ya ni siquiera recogiendo el nombre de Educación para la ciudadanía, sino ahora ya con el más aséptico de “educación cívica y constitucional”.
Tanta prisa tenían por tirar el agua de la educación para la ciudadanía que mucho me temo que con el agua hayan tirado también al niño. Porque la otrora perversa Educación para la ciudadanía de la LOE, que solo servía para “adoctrinar” a los niños y niñas por no condenar el matrimonio entre personas del mismo sexo ni la homosexualidad, que son para el bienpensantismo mojigato y homófobo poco menos que perfume satánico, pero que garantizaba para todos una “verdadera” formación en ciudadanía, que no es otra cosa que el orgullo ciudadano, inseparable de la democracia como ideal moral, de la dignidad humana, la igualdad ante la ley y el reconocimiento del carácter indivisible e inalienable de todos los derechos civiles, políticos, sociales y económicos.
Nada de eso queda en la LOMCE. De las 6 veces en que aparece citado el término “ciudadanía” (cinco están en el apartado XIV de la Exposición de motivos, que ya hemos comentado y solo para citar las recomendaciones europeas, más otra mención marginal en el artículo 29). E incluso así, en ningún caso aparece relacionada con la participación política y democrática, sino exclusivamente con la “participación activa en la vida económica, social y cultural”, que no es lo mismo.
Contra quienes pudieran creer que se trata tan solo de un “olvido no intencionado”, si analizamos las otras seis veces en las que aparece el término “ciudadano”, podrán despejar definitivamente todas sus dudas. Nuevamente, el término “ciudadano” aparece citado en el apartado I de la Exposición de motivos pero curiosamente ligado a su “capacidad de competir” o “para abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación” o bien ligado a las exigencias de la sociedad que “demanda ciudadanos crecientemente responsables y formales” (apartado III de la citada Exposición de motivos) o la “demanda nuevos perfiles de ciudadanos y trabajadores, más sofisticados y diversificados” (Apartado IV). La ciudadanía lejos de aparecer como correlato necesario de una sociedad democrática aparece solo vinculada a la condición de trabajador cualificado, flexible a las demandas del mercado de trabajo y, por supuesto, formal y responsable.
No es solo que en la LOMCE se haya suprimido la educación para la ciudadanía, es que se ha vaciado el propio concepto de ciudadanía. Si no conseguimos elevar educativamente a los alumnos a la altura moral de ciudadano, lo condenamos a permanecer siempre súbdito. De forma que, no es por casualidad tampoco que la religión adquiera en esta ley el estatus que el integrismo preconciliar de esta siniestra conferencia episcopal que nos ha tocado en suerte venía exigiendo como acorde a sus privilegios. A ver si así logran convertir a todos los descreídos en fieles.
Así que lo que está en riesgo es la propia democracia que solo se construye por exigencias de la ciudadanía, y ser ciudadanos es superar definitivamente la condición de súbitos y fieles.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: