“Sobresueldos”, “infrasueldos” y demagogia

23 07 2013

Mientras nuestros gobernantes hacían constantes llamados a la austeridad y al sacrificio, mientras recortaban servicios y derechos sociales, mientras rebajaban salarios, subían la jornada laboral y privaban de pagas extra a los funcionarios, mientras aprobaban una reforma laboral que solo ha tenido como efecto claro la devaluación de los salarios y de la calidad del empleo, mientras hacían todo esto, ellos mismos, desde el PP, no contentos con un buen salario, lo complementaban con “sobresueldos” (en blanco o en negro), pero sobresueldos al fin y al cabo. Para el PP no se trataba de “sobresueldos”, sino de “gratificaciones”, ni se abonaban en sobres, sino que computaban como rentas del trabajo a los que se aplicaban las retenciones correspondientes, pero todo eso está por ver. También hemos sabido que ejercían de prestatarios en condiciones muy ventajosas con sus dirigentes, ya fuera para el arreglo de su casa o el pago de una factura de abogados. No se ha comprobado la devolución, por lo que se ha de suponer que muchos de esos “adelantos” se hacían a “fondo perdido”.

Al parecer todo este complicado sistema contable recaía en una sola persona, el tesorero, que, a medida que hemos ido conociendo más sobre él, hemos ido descubriéndole más cuentas en el extranjero (algo normal en ese ambiente, según ha reconocido) con cada vez más millones en su saldo, sin que pueda dar cuenta cabal y eso que lo tenía de oficio (porque es palmario que a Hacienda no se la dio) del origen de esos cuantiosos ingresos. También hemos sabido que, acorde con su enorme responsabilidad, el tesorero (nótese cómo estoy utilizando la misma estrategia del presidente del gobierno de no llamarlo por su nombre) era la persona mejor pagada del partido y que, pese a “no trabajar” ya para él y haber sido destituido cautelarmente, siguió recibiendo esa ingente retribución “en diferido” hasta enero.

Así que se supone que, dada su responsabilidad y salario, si el tesorero acumuló la cantidad de millones que hizo, fue solo responsabilidad suya, según el PP, y que el partido ha sido una víctima de esa gran estafa que ahora se ha conocido. O eso es lo que quieren hacer que creamos.

Pero, sin que lleguemos a comparar al PP con la cueva de Alí Baba, siempre podemos recurrir al refranero: “quien parte y reparte se lleva la mejor parte”. Así que esa debe ser la explicación más lógica del origen de la fortuna del tesorero. Claro, que para “desviar” ingresos a su cuenta, sin levantar sospechas, tenía que mantener la “política de donaciones” y, en definitiva, los ingresos del partido por todo lo alto. De modo que, lejos de pensar que la financiación de los partidos era insuficiente, en el caso del PP no era en modo alguno así, de forma que pudiese presumir de retribuir a sus dirigentes (como ha quedado demostrado) con salarios superiores a establecidos para el presidente de gobierno o comunidades autónomas y además pudiera “sobresueldearlos” por su dedicación.

Lo más probable, entonces, es que el “desvío” de dinero a su cuenta se hiciese desde los enormes ingresos por “donaciones” al partido, troceadas en blanco o no contabilizadas en negro, está por ver. Y ya sabemos todos que las empresas realizan y han realizado desde siempre grandes donaciones (hasta el límite máximo fijado por la ley) de forma totalmente “desinteresada”. Así que por ese lado mal vamos a encontrar vinculaciones entre donaciones y contratos o concesiones, pese a que las empresas donantes fueran las que más contratos tuviesen con la administración, porque una cosa es sospechar y otra probarlo.

Lo preocupante es que la irritación se centre más en los sobresueldos que en la supuesta  financiación ilegal y no solo, sino también en el entramado de corrupción y connivencia entre dirigentes de los partidos y grandes empresas en repartirse el pastel. Si ya vamos viendo que la crisis tiene cada vez más claros signos de ser una estafa, no cabe duda que la corrupción es y ha sido el catalizador necesario para su gestación y la injusta propuesta de salida.

Pero es que, frente a esos sobresueldos de por allí, lo que aquí se ha estilado son, sin embargo, infrasueldos, no solo por la pérdida salarial generalizada, sino porque hemos roto la que se suponía que era la “ley de hierro de los salarios”: Hace tiempo que hemos aceptado, en contra de los propios clásicos del liberalismo, que los salarios no cubriesen las necesidades de supervivencia. Y no me refiero solo a eso que resulta más correcto llamar minijobs que infraempleos. Se trata del hecho cada vez más extendido que los usuarios de los bancos de alimentos no sean solo desempleados, sino trabajadores o de que los trabajadores completen sus ingresos con las pensiones de sus progenitores. Pero está claro que todo esto no es más que demagogia.

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One response

24 07 2013
Desiderata

¿Cómo deberíamos calificar el hecho de que su entrada no se publique, una vez más, en el periódico digital que la acoge semanalmente? ¿infrainformación o habría que utilizar otro calificativo más contundente?
Saludos

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