Vencer el hambre y el miedo

31 12 2013

Ya hay signos inequívocos de esa recuperación que anuncia el gobierno. Es indudable. Por eso, las pensiones alcanzan para el 2014 la impresionante subida de 0,25% y, por eso también, el SMI queda fijado en 645 €. Una forma indiscutible de afrontar con garantías de éxito el tarifazo eléctrico, por poner un ejemplo.

También Cruz Roja inició para ello una impactante campaña en que sus voluntarios pedían para quienes no tenían su misma suerte en España. Y este fin de semana ha cerrado junto a la Liga Endesa la 2ª Jornada Solidaria dirigida directamente para luchar contra el hambre en España. Ya no estamos hablando de pobreza en España, sino directa y llanamente de hambre.

dile a la pobrezaEn este sentido quizás, la campaña más impactante sea la que ha llenado las paradas del bus urbano de Ayuda en Acción contra el hambre infantil también en España: Dile al hambre que se meta con alguien de su tamaño. Invariablemente, todas estas campañas me han llevado a recordar el poema de Miguel Hernández al que puso música Serrat y que nos exigía tener presente siempre el hambre por encima de cualquier otra cosa. La pobreza puede ocultarse, es vergonzosa y vergonzante, a nadie le gusta verse en situación de pedir; pero el hambre es feroz y sin tapujos: Es, como dice Miguel Hernández, el primero de los conocimientos. Por eso, la semana pasada asistimos en Salamanca a una presentación explícita de esa realidad: Una larga cola esperando recoger alimentos en plena calle Zamora a ritmo de una banda de música. El “Comedor de los pobres”, que es la organización cristiana que realizaba el reparto, no supo ni quiso ahorrarles el trance de la espera y de la exhibición pública. Ni tampoco utilizarla como denuncia, porque la caridad es comprensiva y misericordiosa, y se complace y satisface interiormente en el gesto, pero no es transformadora como la solidaridad.

No digo que el gobierno actual y los pasados no hayan tenido presente el hambre, no. Simplemente digo que el hambre es el horizonte y el ingrediente básico de esta recuperación. Que contrariamente a la enorme confianza con que el niño se enfrenta al monstruo que es el hambre en la campaña de Ayuda en Acción, la realidad impone entender, muy al contrario, que la clase política, la élite del partido instalado y mantenido en el gobierno por la oligarquía dominante, se han situado del lado del monstruo, si no son ya ellos mismos el monstruo.

Cuando la muy recomendable película francesa de Robert Guédiguian Las nieves del Kilimanjaro enfrenta a dos generaciones de trabajadores, quienes estaban sindicados y habían conocido la lucha sindical y el trabajo con derechos, con la de los más jóvenes, a quienes no ampara nada ni nadie, carne de un mercado laboral desregulado y salvaje, no solo está describiendo esa dualidad de las condiciones laborales, ni reflejando la perplejidad del honrado sindicalista que no entiende cómo uno de sus compañeros, un trabajador, uno de los suyos, puede revolverse contra él y cuestionar el trabajo y el sentido de los mismos sindicatos de clase, también está anunciando el futuro, un futuro que ya está aquí y que nada tiene que ver con el pasado inmediato ni puede entenderse desde sus claves.

Y es ese futuro y esa recuperación la que ahora nos anuncia el gobierno de Rajoy que por fin ha llegado (con la reforma laboral como ariete): el sindicalismo al descubierto, denunciado como “enemigo de los trabajadores” y derrotado, el trabajo por fin sin derechos laborales, sin negociaciones colectivas, sin convenios, la flexibilidad sacrosanta, entendida como ausencia absoluta de regulación, como ley de la selva y dominio del más fuerte, la temporalidad y la precariedad como norma y no como excepción, incluso como oportunidad inmejorable (mejor minijobs que nada), los desempleados señalados como responsables de su propia situación, el salario por debajo de la ley de bronce que debería permitir la supervivencia del trabajador, y los trabajadores, en consecuencia, abocados al pluriempleo, a la supervivencia, al socorro social de las ONGs  para ir tirando, la pobreza, al fin, y el hambre. Ese es nuestro futuro y la recuperación de los monstruos. Y contra esto, no hay otra: solo cabe hacer que el miedo que sienten los niños ante los monstruos cambie de bando, como cantan los Chikos del Maíz.

De pequeño, recuerdo, que un bulldog nos aterrorizaba, nos obligaba a cambiar de calle para ir al colegio o a correr, hasta que un día, uno de nosotros se volvió y le hizo frente, se puso a su altura y le convenció que no iba a retroceder. A partir de ese día, era el perro, el que al vernos, se escondía temeroso. Ese día vencimos el miedo y logramos la “mayoría de edad” que permite pensar y vivir libremente, como leí después que decía Kant. Esa sensación y esos deseos son los que quiero compartir con vosotros para el próximo 2014.

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