El poder de la gente

20 05 2014

Vivimos esta campaña europea palpándonos la ropa, frotándonos los ojos una y otra vez y preguntándonos incrédulos si de verdad estamos de elecciones. No se trata sin más de constatar la alta abstención prevista (dato que muchos quisieran que fuera más una invitación que una predicción), ni de conformarnos con el diseño impuesto por los dos grandes partidos de un campaña de “baja intensidad”, se trata sin más de constatar hacia dónde hemos enfocado los intereses informativos (fútbol aparte) en esta primera semana de campaña: El “desliz” de Felipe González sugiriendo un gobierno de unidad del que ya hemos hablado, el asesinato de Isabel Carrasco y la polémica sobre el uso de las redes sociales que ha generado, pero, sobre todo, que “el” debate los “candidatos” (como si solo hubiese dos) se lo “comiese” informativamente un comentario machista e imperdonable de Cañete.

A los ciudadanos se nos “expulsa” de esta campaña constantemente. Donde existen “paneles informativos”, los mismos desde las primeras elecciones democráticas, se “mantienen” en un estado tan lamentable que pueden convertirse en símbolos involuntarios de la decadencia de la democracia, pero es peor donde no los hay, porque los emplazamientos disponibles para la “propaganda electoral” parecen trasladados allí donde nadie querría anunciarse. Sobre la “información electoral” y las encuestas de intención de voto mejor no hablar, pero conviene guardarla cuidadosamente porque seguramente serán estudiadas en el futuro como modelo de “manipulación” informativa: los tiempos se fijan no por el interés sino por los resultados como si fuesen espacios gratuitos, El País, por ejemplo, ha “decidido” unir en un solo espacio la información electoral de IU y de UPyD, como si fuesen lo mismo y la “cocina” en la presentación de los datos de las encuestas es digna de la “altura gastronómica del país”, como nos recuerdan, con una sección fija al efecto, un día sí y otro también los informativos de la rtve. Todo vale aquí con tal de presentar como “abstención asumible” lo que es un escándalo democrático.

Así, pese a la importancia que proclaman con la boca pequeña, los dos grandes partidos han renunciado a confrontar, a hablar de lo que interesa a los ciudadanos y a renunciar a Europa para centrarse en lo local: el PP se presenta con la intención de lograr un refrendo de sus políticas locales y el PSOE se dedica a reivindicar un cambio de orientación en las políticas conservadoras, de las que también es responsable, para ver si no pierde comba para próximos comicios locales. No hay aquí nada que rascar.

Y, sin embargo, la importancia de Europa y de estas elecciones europeas en particular es enorme. Sobre todo, cuando Europa se ha dejado de ser para los países del sur y de la periferia un sueño para convertirse en su pesadilla. Los partidos eurófobos y xenófobos van ganando discurso y presencia en esta Europa con el respaldo de las política institucionales puestas en práctica por gobiernos conservadores respaldados por la socialdemocracia. De modo que el asunto central es de qué forma Europa puede ser parte de la solución a la crisis y no solo fuente de problemas. Lo queramos o no, estamos sufriendo las consecuencias de las directivas y de las políticas europeas, que han agudizado la crisis llevándola a una salida antisocial, se nos dice que buena parte de esa orientación en la política se debe a los gobiernos conservadores, pero también y muy especialmente a la deficiente articulación democrática de la construcción europea, pero se hurta a los ciudadanos la posibilidad de conocer las distintas opciones que ataquen el problema. Y la solución no pasa por revalidar las actuales políticas de austericidio y creciente desigualdad (PP) ni basta un simple cambio de estrategia (PSOE). Solo IU aborda con radicalidad el problema y reivindica lograr más presencia en el Parlamento Europeo para reforzar sus competencias, otorgar más poder a los ciudadanos que permita corregir los déficits democráticos, desmontar los acuerdos de Maastricht, “desarmar” la Troika y construir esa “otra” Europa más democrática y social con la que soñamos. Pero, cuando reivindicar en Europa “el poder de la gente”, que es el más elemental de los principios democráticos, te convierte en un extremista antisistema, es cuando nos damos cuenta de la verdadera dimensión del problema, una confirmación más de dónde estamos y a dónde nos ha llevado el “sistema”.

Por eso, os invito desde aquí a conocer sus propuestas y a votar en consecuencia. Se trata de dejar atrás la resignación, de “ir partido a partido”, porque, como decía José Mujica, el Presidente de Uruguay, en la entrevista de este domingo en Salvados, la enseñanza más importante que le dejaron qsus años de cárcel fue que “solo son derrotados quienes abandonan la lucha”.

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