Lo que faltaba tras la reforma del artículo 135: restauración borbónica encubierta y rebaja fiscal envenenada

24 06 2014

Me había prometido dejarlo y cambiar de tema, pero me ha sido imposible. No me dejan. Tras la catarata de portadas de periódicos ensalzando la figura de Felipe VI tras su proclamación como rey, su figura sigue copando la actualidad de una forma impúdica. Mención aparte merece el alarde de El País con un titular único a 5 columnas (una excepción total en el periódico) con el texto “Una Corona íntegra, honesta y transparente”. Este mismo papanatismo está en el origen del caso Urdangarin, y no aprendemos. El mismo medio dedica todo el suplemento dominical al nuevo rey y sigue remachando que “La mayoría confía en Felipe VI”, apoyándose en una encuesta de Metroscopia en la que el 58% mantiene que la figura del nuevo rey le proporciona seguridad. Y la verdad es que, con todos los medios volcados en esta campaña de enaltecimiento del nuevo monarca, que solo alcance ese porcentaje me parece poco.

En contraste, escucho que sesudos analistas políticos explican la firme posición de IU en defensa de la opción republicana y exigiendo un referéndum no habría sido posible sin el giro decidido por esta formación tras las elecciones europeas. Se han movido deprisa y con decisión, lo que indica que estamos ante una nueva época.

Resulta curioso que se acuse de radicalidad republicana y de prisas a IU, cuando las prisas y la radicalidad monárquica han estado en la otra parte. El PP, el PSOE (y esta vez también UPyD) han vuelto a pactar por la vía de urgencia el apuntalamiento de la monarquía parlamentaria asegurando una “transición tranquila” y, sobre todo, han tenido que ingeniárselas para asegurar que el rey saliente continúe blindado asegurándole un aforamiento a medida en el menor plazo posible. El precedente de la reforma constitucional para aprobar el vergonzoso artículo 135 ha tenido mucho que ver en este nuevo cierre en falso del cambio de rey, suplantando y reemplazando la soberanía popular por la vía de urgencia. No había tiempo que perder, ni margen para permitir que se abriesen dudas, y ese déficit democrático se ha llenado con un toque de arrebato en todos los medios, monárquicos o no monárquicos, que todos sirven ya a la misma causa. Pero, como en todos estos casos, nadie espere conocer detalles de la proclamación en la prensa política, porque las monarquías son, han sido y serán siempre un asunto de prensa rosa.

Para cerrar el círculo, esta semana el ministro de hacienda anuncia una rebaja fiscal. Sin conocer aun todos los detalles, lo que parece claro es que la reforma se centra en reducir los tramos y los tipos del IRPF y reducir en 5 puntos el tipo del impuesto de sociedades. El PP se ha apresurado a venderlo como una devolución y una compensación a los ciudadanos por los esfuerzos realizados durante la crisis. Pero se trata de una medida meramente electoral que permitirá a los ciudadanos disponer de más dinero a partir del 1 de enero de 2015, con lo que esperan recuperar parte del electorado perdido. Pretenden pagar con treinta monedas la usurpación de los derechos sociales que justificaron en la crisis. Unas medidas que no estaban recogidas en el plan de estabilidad presentado a Bruselas, ni se hacen eco de las recomendaciones que exigen subir los impuestos en vez de bajarlos para recortar el déficit y, lo que es más grave, agravarán todavía más el problema falta de ingresos por recaudación (que solo en lo que va de 2014 alcanza 15.000 millones menos de lo previsto). Pero es que, además, esta contrarreforma fiscal, que no aspira a la suficiencia fiscal de las cuentas públicas, no permitirá revertir los sangrantes recortes en los servicios públicos como sanidad, educación o dependencia, que es la demanda de la mayoría social que los ha sufrido y se hará reduciendo la progresividad y la justicia fiscal, de forma que no se recaude más de quienes más tienen. Un auténtico engaño.

De todo el interesantísimo contenido del monográfico “El futuro de la izquierda” de los cuadernos de el diario.es resulta imprescindible la aportación de Bibiana Medialdea “Programa económico. Puntos de partida para el cambio”, que analiza los tres principios básicos en los que debería asentarse la transformación económica que necesitamos: 1. Un programa económico que aspire a mejorar las condiciones de la mayoría social tendrá que apostar por detener los recortes y apostar por políticas de gasto público expansivas. 2. Un alivio significativo de la deuda, con auditorías y quitas tanto en la deuda pública como la de las familias, y 3. Una reforma fiscal que permita recaudar recursos suficientes para poder emprender el programa económico del cambio que exige la mayoría social. Como veis, todo lo contrario de lo que ahora se nos anuncia.

La urgencia con la que se tramitan, la demagogia con la que se venden y la ausencia del necesario debate democrático no puede ya ocultar por más tiempo la falta de legitimidad y de legitimación social de quienes las aprueban.

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