Que pague si no cumple

2 10 2014

Leo con preocupación en un medio local de Salamanca que el obispado no ha cumplido su compromiso de abrir algunas iglesias al público tal como había acordado con el Ayuntamiento de Salamanca. Y me preocupa todavía más que el equipo de gobierno disculpe tal incumplimiento.

Supongo enterados a los ciudadanos que la Iglesia Católica española recibe importantes ayudas directas e importantes exenciones fiscales de forma normal y ordinaria y ayudas extraordinarias también en tiempos de crisis de dinero público para arreglos o mantenimiento de sus edificios. Sin ir más lejos, en esta legislatura, el equipo de gobierno del PP de Salamanca ha “cumplido su compromiso electoral” de donar a fondo perdido cerca de 2 millones y medio de euros (que ya es una pasta) para el arreglo de la torre de campanas de la Catedral.

Desconozco cuáles son los motivos por los que el obispado incumple sus acuerdos y creo que está obligado a dar una explicación no solo a los turistas y residentes a quienes dejó a la puerta, sino a todos los ciudadanos, creyentes o no, a quienes obligan a sostener su infraestructura religiosa.

La verdad es que estos tiempos de crisis son inciertos y muchos ciudadanos, trabajadores, pequeñas empresas y familias nos hemos visto obligados a hacer sacrificios, vivir con menos salario, sufrir recortes miles en servicios básicos o a vernos abocados al desempleo continuado, con prestación menguada primero y sin prestación después. La historia reciente de muchos ciudadanos es una historia de pequeñas, pero también de grandes renuncias.

Ya sabemos que no podemos establecer una comparación, por odiosa, entre nosotros, contingentes y temporales, con la Iglesia que es intemporal e necesaria. Pero, a lo mejor, con todo el respeto del mundo, si no puede hacer frente a sus compromisos, porque las razones que sean, a lo mejor, digo, tiene que hacer lo que todos, y renunciar a algunas de sus posesiones temporales, ya que ni puede mantenerlas ni prestar ninguno de los servicios públicos en los justifica sus numerosos privilegios y exenciones, para dedicarse a sus obligaciones espirituales. Sin duda, esta iglesia católica nuestra ha rezado por encima de sus posibilidades, incluyendo en sus oraciones y planes de salvación incluso a quienes no queríamos ser salvados por ella; pero, de un tiempo a esta parte, mantiene también espacios de culto muy por encima de sus posibilidades para un rebaño cada vez más menguado y envejecido y, a lo que se ve, tacaño. Está claro que necesita una profunda reconversión y reducción drástica de su patrimonio, si quiere hacer frente a sus obligaciones temporales. Porque, ya se sabe, hay que darle a Dios lo que es de Dios, pero sin olvidar darle al César lo que es del César.

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