Algunas enseñanzas para el sistema de salud tras la crisis del Ébola

14 10 2014

Reconozco que en estos momentos lo que más me preocupa es que la auxiliar de enfermería afectada por el Ébola y pendiente en estos días críticos del curso que pueda tomar la enfermedad, se recupere finalmente. Porque, a pesar de no querer pasar por lo que está pasando, todos nos sentimos un poco ella: Todos somos ella y en el curso de su enfermedad se nos va como a ella la vida.

Así que, vamos a centrarnos ahora en su recuperación, porque solo ella nos proporcionará el mínimo de esperanza que se ha quebrado por tantas fisuras como se han abierto en estos días hasta llegar a un sentimiento profundo de indefensión y miedo.

Pero, en la confianza de su recuperación, no podemos pasar por alto toda la cadena de errores que se han producido, toda la ineficacia, toda la desinformación generada, toda la elusión de responsabilidades hasta el extremo de volverlas indecentemente contra la víctima. No es solo cuestión de querer, necesitamos que los responsables asuman su responsabilidad, que es mucha, y se tomen las medidas posibles para que no se vuelva a repetir.

Pero no es esa la única enseñanza que podemos sacar de esta crisis del Ébola. Ya en el foco africano podemos ver cómo la fortaleza del sistema público de salud es la única garantía frente a estas crisis. Por eso, la incidencia ha sido distinta en Senegal que en los tres países donde el foco sigue activo: Guinea, Sierra Leona y Liberia. En estos tres últimos países la estructura sanitaria pública es prácticamente inexistente, se exige pagar a los ciudadanos por cualquier servicio sanitario y, por supuesto, la ayuda internacional ha sido claramente insuficiente. Dolorosamente insuficiente y, sobre todo, alejada de los focos informativos mientras solo afectaba a población africana y pobre. Este es uno de los síntomas más preocupantes y repugnantes de la terrible condición moral de esta sociedad en la que vivimos.

Ya no es solo el despropósito del desmantelamiento del Carlos III que, pese a la situación actual, sigue su curso, un desmantelamiento que no es una consecuencia no deseada de los recortes en sanidad, sino un paso más en una estrategia bien definida diseñada por políticos aferrados fuertemente a una puerta giratoria que les permite defender los intereses de las grandes corporaciones de la sanidad privada desde sus cargos de consejeros de sanidad.

Pero, si algo tenemos que tener bien claro es que solo la fortaleza del sistema público de salud, no su privatización ni desmantelamiento, proporciona los medios para afrontar este tipo de crisis y la debida protección a la población en la que ésta puede asentar su seguridad y confianza.

¿O alguien espera que Asisa, Sanitas, Capio o Axa con su “instinto de protección” vayan a sacarnos de ésta? Y cuando digo Sistema Público de Salud, digo exactamente eso, porque, tras los despropósitos sin calificativos del Consejero de Sanidad de Madrid, hasta la misma Esperanza Aguirre se apunta ahora a ensalzar la profesionalidad de los trabajadores sanitarios, los mismos que han tenido que defender en la calle el carácter público de la sanidad.

Pues eso, espero que al menos tras esta crisis salga reforzada la idea de un sistema público de salud y sitúe a cada uno en su sitio.

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