Estado de inseguridad permanente

27 01 2015

No podía dejar pasar esta fecha sin entrada. Hoy, 27 de enero de 2015 hace ya 70 años que las tropas soviéticas entraban en el Campo de Exterminio de Auschwitz. Con el grado de simplificación interesada con el que algunos pretenden suplantar la realidad, en algunos medios resultaría imposible explicar el simple hecho de la liberación de un campo de concentración por tropas soviéticas, incapaces como son ya de entender en una misma frase “ejército soviético” y “liberar”.

Supervivientes de Auschwitz saludando a las tropas soviéticas el 27 de enero de 1945

Para muchos, lo encontrado allí y las tareas de “saneamiento” posteriores que conllevaron la movilización con palas excavadoras de cientos de cadáveres esqueléticos para su enterramiento masivo, constituyen sin más el descenso a los infiernos.

Pero el infierno no estaba tan escondido ni había que buscarlo en lugares recónditos. El infierno, con sus alambradas, con el humo brotando constantemente de las chimeneas y el olor persistente que invadía el olfato hasta aturdirlo, estaba a la vista de todos.

No hay mejor manera de ocultar algo que exponerlo a la vista para que nadie quiera verlo. Algo así han debido pensar los organizadores de la Convención Nacional del PP de este fin de semana. Como nadie puede negar ya a Bárcenas, ni la corrupción generalizada, ni la creciente desigualdad en la que la privación de lo básico se asume resignadamente; hay que seguir como si tal cosa, sin pretender ocultarla ni desmentirla, que no harían sino hacerla más patente, y centrarse en repetir un único mensaje claro: solo el PP puede garantizar la senda de la recuperación ya iniciada.

No llego a ver si la resignación de todos los damnificados, no tanto por la crisis como por su “salida”, es solo resignación o reviste la forma que los psicólogos describen como “síndrome de indefensión aprendida”, que se traduce en una quietud sumisa a la espera de un próximo castigo, tan inminente como incomprensible, porque cualquier rumbo de acción genera incertidumbre o se vuelve en contra como sanción más severa. Y no hay ministerio alguno al que reclamarle competencias en este ramo.

Recuerdo que antes del 11S, Juan José Millás reclamaba que el Ministerio de Defensa se pusiera a ejercer sus funciones respecto a aquello que se percibía entonces como la amenaza más grave (el cambio climático y la crisis ecológica), y que los ejércitos se dedicasen a proteger a la población civil de estos graves asuntos que realmente la ponían en peligro.

¡Cuánto han cambiado las cosas! Ahora el ministerio de propaganda adjunto al de Defensa y a la industria armamentística (que es la única que tiene en estos tiempos de crisis bien asegurado el mercado) no paran de alarmarnos con el peligro que representa el terrorismo islámico, de forma que “seguridad nacional” se entienda solo en clave de seguridad policial, y la inoculación desproporcionada de miedo que pueda justificar, que no legitimar, el rearme y el recorte de libertades.

Incluso Luis de Guindos construye una realidad paralela afirmando que los españoles no tienen miedo ya a perder el empleo. ¡Hay que llamarse de Guindos cuando menos para decir esto y no dimitir por vergüenza!

Los españoles tienen tanto miedo de todo, que no resulta difícil añadir nuevos o exagerar otros que creían haber superado. Porque lo cierto es que la crisis ha generado un estado de inseguridad permanente. “Todo es posible” en estos tiempos, y no como un horizonte de esperanza y de utopía, sino como el signo más explícito de dominación y totalitarismo, como bien nos ha enseñado Marina Garcés. El que considerábamos sólido entramado jurídico que protegía nuestros derechos laborales, sociales y personales en lo que asentábamos nuestra confianza más íntima es agua pasada. Estamos expuestos a cualquier cambio legislativo que dé al traste con la previsión de nuestras pensiones, la estabilidad laboral o salarial. La pérdida del trabajo o su búsqueda infructuosa, la exclusión y la pobreza, la soledad, el riesgo de una enfermedad o la posibilidad de la dependencia se abren como amenazas seguras sin una cobertura garantizada ni una protección cierta.

Como advertían frecuentemente a quienes entraban en los campos “esto no es un balneario, con suerte podrás vivir unos meses y no hay escapatoria posible”. También hoy, para una gran mayoría social, salir indemne cada día, poder palparse sin reparar nuevas pérdidas es ya un enorme logro. Y vivir al día.

Estos deben ser los signos de la recuperación. Pero también cabe esperar que llegue de nuevo otro día de la liberación. ¡Suerte para los griegos!

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