Yo de mayor quiero ser «partícipe a título lucrativo»

11 04 2022

La verdad es que estoy hecho un lío con estas formas consumadas de humanismo que se han desarrollado recientemente de la mano de este capitalismo financiero y neoliberalismo generalizado que impregna todo. Ciertamente, no sé por cuál decantarme.

Por una parte, está esa versión tan ampliamente repetida en el PP de «partícipe a título lucrativo», palabro jurídico que designa a la persona física o jurídica que obtiene beneficios de negocios, propios o ajenos, pero «sin querer», «sin darse cuenta», en la «absoluta ignorancia» o, incluso, si queremos aceptar los argumentos de la defensa del PP en la última sentencia dictada recientemente, «en contra de su propia voluntad». Desconozco si la que fue Vicesecretaria de organización y Ministra de Sanidad con el PP, Ana Mato, podría encuadrarse dentro de esta figura, ya que no conocía el origen de las fiestas, viajes o Jaguar que apareció repentinamente en su garaje, ni tampoco si la Infanta Cristina, al usar de la disponibilidad sin límites que le proporcionaban los negocios de su entonces marido, pero es claro que participaron y disfrutaron «a título lucrativo» (que viene a ser en lenguaje más coloquial, «a cuerpo de rey») de ingresos que ignoraban, querían ignorar o decían ignorar su procedencia. La verdad es que me resulta muy difícil entender la figura esa de «partícipe a título lucrativo», cuáles son las condiciones que la hacen posible, ni me llego a imaginar en qué condiciones alguien puede ser partícipe y no penalmente responsable de haber obtenido beneficios. ¿Se puede alegar ignorancia o falta de intención en materia penal o solo para delitos de guante blanco? Es un lío, pero se puede eludir así la responsabilidad penal con cierta elegancia.

En segundo lugar, está esa otra figura que, a falta de mejor calificación, podríamos llamarla como el nuevo líder de PP, «pillos» (ver). Son los «comisionistas» que, en plena pandemia, obtuvieron material sanitario defectuoso para el Ayuntamiento de Madrid, a cambio de una sustanciosa comisión. Caso parecido en el que estaría el desaparecido hermano de Isabel Díaz Ayuso. Los medios de comunicación se han centrado en denunciar si consiguieron los contratos por proximidad con el Alcalde o la Presidenta de la Comunidad. Parece que lo escandaloso fuera eso. O que se gastasen el dinero obtenido por las comisiones en coches, yates o relojes de lujo. Se nos oculta lo fundamental. Y es que estos son «modelo» de emprendedores, de gente que «sabe hacer negocios». Y, por supuesto, que se gastan el dinero que tan hábilmente han sabido ganarse en lo que «toda la gente» se lo gastaría. Nadie se ha cuestionado que alguien pueda embolsarse una comisión de esa cuantía, porque eso no está en cuestión, ni tampoco hemos visto a las fuerzas políticas dedicarse a lo que les pagamos, es decir, a modificar los procesos de contratación para que esto sea imposible, no, sino que se han lanzado a hacerse acusaciones cruzadas que obtienen mejores titulares.

Ahora sabemos que la cantidad defraudada en todos esos contratos realizados por procedimiento de urgencia podría ascender a 2000 millones de €, pero que resultará difícil castigar y recobrar lo saqueado por los precios excesivos. Una cantidad redonda que no llega al total de los 1402 millones (el 51,42% de lo presupuestado, es decir, 2728 millones de €) que es lo que se ha destinado al pago del Ingreso mínimo vital. Aquí sí, los trámites para la concesión de la ayuda a quienes más lo necesitan son tan estrictos que no se llega a gastar lo presupuestado. Aquí sí que existe rigor presupuestario, escándalo por la medida y la cantidad (comparen las cifras) y control para evitar los pillajes y fraudes que son tan frecuentes entre esa gente de mal vivir.

Y, ya en tercer lugar, aunque solo en lo aspiracional está la figura de «lobo de Wall Street» a que pretenden alcanzar y emular los miles de jóvenes de Europa que se han reunido en el evento de IM Master Academy en Badalona de este fin de semana. También la prensa desvía la atención de lo importante. No se trata de que sea una estafa piramidal con rasgos de secta, no, lo decisivo es que miles de jóvenes aspiren a hacerse inmensamente ricos especulando con criptomonedas, que esa sea la imagen del éxito. Pero como es imagen de éxito, al margen de los problemillas que puedan tener con la justicia, estos «pillos comisionistas». Que no es que no hayan hecho nada ilegal, ni nada malo, que no van a ir por ello a la cárcel, como dice desafiante la Presidenta de la Comunidad de Madrid, es que son «los que saben», «los que hacen lo que toda la gente en su lugar haría».

¿Comprenden ahora mis dudas? Pero, analizando las cosas con detenimiento, se esfuma el trilema. Porque, en realidad, es como el misterio de la Santísima Trinidad, son tres «personas» (tres formas de presentarse, de obtener beneficio o alcanzar el éxito) en una sola sustancia: la del «homo neoliberalis» que, en esta nueva religión neoliberal, es la forma suprema de humanidad.

Así que, ahora que me doy cuenta de que no hay alternativa ni disyuntiva exclusiva que valga, sino que son manifestaciones de la misma realidad, permitanme que, como en la Hoguera de Javier Krahe, yo prefiera ser «partícipe a título lucrativo», que es más elegante, tiene más clase y suena mucho mejor.


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