Grecia 25E: el inicio de la recuperación democrática

11 01 2015

Discurso fúnebre de Pericles

En semanas tan confusas como la que hemos vivido, conviene respirar hondo y tomar fuerzas. Y nada más recomendable para eso que volver a los orígenes. Volver a leer el Discurso fúnebre de Pericles otra vez para valorar la grandeza de la democracia, no solo como forma de gobierno, sino especialmente como expresión de la grandeza moral de sus ciudadanos. La democracia como forma de vida que sentimos atacada indefectiblemente cuando es golpeada por el terrorismo islamista, sin que ocurra lo mismo cuando se ve atacada, acorralada y maniatada por los poderes financieros y sus representantes políticos en las principales instituciones europeas.

Nadie entre los medios que ahora se rasgan las vestiduras en defensa de la democracia ultrajada, levantaron mínimamente la voz cuando el anuncio de las elecciones anticipadas en Grecia y la posible victoria electoral de Syriza fue objeto de un ataque feroz. Los peores augurios se levantaron sobre la mera posibilidad de cuestionar democráticamente los remedios envenenados de la Troika para Grecia y las economías del sur de Europa: La mayor devastación económica y financiera caería como una plaga atroz sobre los griegos si osaban revisar la legitimidad, los plazos o las condiciones del pago de la deuda pública optando por votar a Syriza. ¡A ver si los griegos se van a tomar la democracia en sentido estricto! ¡Democracia, sí. Pero como Dios (sive mercatus) mandan!

Se puede votar a cualquiera, siempre que ese cualquiera sea el que la Troika, que es la bochornosa representación política de los intereses de los grandes poderes financieros, así lo quiera. Si no, habrá que volver a repetir una y otra vez la votación hasta que se consiga el resultado deseado.

Todos quienes han utilizado el miedo ven el posible giro democrático en Grecia como una amenaza a la estabilidad, al orden establecido y a sus intereses o, simplemente, repiten ciegamente la voz de su amo. Porque como bien decía Manuel Escudero en “Carta a la Troika sobre Syriza”: “Para muchos, lo que pasa ahora en Grecia […] no infunde miedo sino esperanza.”. Para quienes han sufrido una tras otra las imposiciones de la Troika (recortes en sus salarios, en sus pensiones, en la protección social), para quieres engrosan la cifra de desempleo y no ven ninguna salida, para aquellos a quienes se ha condenado a vivir por debajo del umbral de la pobreza, sin que vean que su sufrimiento sirva para otra cosa que para elevar constantemente la deuda pública hasta hacerla imposible y sin más horizonte que otra vuelta de tuerca. Para todos esos que ya no tienen nada que perder, la posibilidad de un cambio no puede ser otra cosa que una enorme esperanza.

Alexis Tsipras, lider de Syriza.

Pero, además, es muy posible que nada de lo que los oscuros vaticinios de los defensores del dogma económico imperante y sus acólitos han pronosticado se haga realidad. Especialmente, que se fuerce a Grecia a abandonar la Eurozona. Principalmente, porque, como bien mantiene Vicenç Navarro a los principales acreedores no les interesa nada. Y la situación en Grecia es tan extrema que, sin darle una salida razonable al problema de la deuda, las posibilidades de llevar una vida digna y que permitan el mínimo de independencia social para ejercer con libertad los derechos políticos, la democracia se habrá convertido definitivamente en un simulacro.

Por eso, es posible que el día 25 de enero vuelva a ser Grecia, como ya lo hizo con Solón, Efialtes y Pericles, quien vuelva a marcarnos el camino de la democracia, el que se juega en decisiones libres que garanticen la vida digna a la mayoría social frente a la imposición de los intereses de una minoría, el que se funda en la igualdad de todos y la libre determinación social frente al que nos condena a la desigualdad y blinda el beneficio depredador de los poderosos, el de la justicia social frente a la codicia, el que hace, en definitiva, que la democracia no se abochorne de su propio nombre. Solo así, volverán a resonar con fuerza las palabras de Pericles ensalzando los valores de la democracia y reclamando honrar por siempre a quienes la defienden.

Sin duda, tenemos que estar expectantes porque este mes de enero de 2015, un año cargado de citas electorales también en España, puede ser, empezando por Grecia, el año de la recuperación democrática. Y tendremos que darle la bienvenida como se merece.

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Con mis mejores deseos

29 12 2014

A quienes veníamos repitiendo hasta la saciedad que no hay salida posible de esta crisis con las medidas adoptadas hasta ahora cada vez vienen a darnos más la razón. Y con “salida de la crisis” entiendo, y creo que solo puede entenderse, “salida social”, es decir, una salida para la mayoría social que corrija los errores, garantice y asegure mejor sus derechos. Es más, parece que cada vez coge más fuerza la doctrina del shock que interpreta la crisis, no como una consecuencia indeseada de la especulación y la desregulación de los mercados financieros, sino justamente como el mecanismo que han empleado eso que se ha consagrado impersonalmente como “los mercados” para vencer las resistencias sociales y democráticas y conseguir imponer por el miedo o la fuerza sus objetivos e intereses. Por eso, no es que no se haya vuelto a hablar de “refundación del capitalismo” ni tratar de corregir los errores del pasado, sino que se ha forzado a los gobiernos a cambiar las leyes para dejarles franco el camino hasta la victoria final. La suya, claro, que no es la nuestra.

La “solución” estaba ante nosotros desde el principio. Se trata de transformar la crisis y el sufrimiento generado y generalizado en normalidad. Lo ha dicho bien a las claras nuestro presidente de gobierno recientemente y Soledad Gallego-Díaz lo glosaba en su última columna: “La crisis económica ha terminado, anuncia el Gobierno en España. Probablemente, las cifras le den la razón. Pero si la crisis ha pasado, ¿lo que tenemos ahora es la normalidad? ¿Es esto lo que nos espera durante la próxima década?”.

Por eso, el cuestionamiento de la reforma constitucional del artículo 135 que constitucionalizaba el pago prioritario de la deuda antes que la atención de las necesidades sociales no tiene ni tenía un valor meramente simbólico. En este sentido, la auditoria de la deuda y su refinanciación, que son objetivos imprescindibles si se quiere no solo garantizar los servicios públicos, sino simplemente “hacer política”, es decir, poder tomar decisiones de forma autónoma con la legitimidad y el respaldo de las urnas, sin que la “dicten” sutilmente, pero con mano de hierro, los acreedores. Y ya solo el simple hecho de plantearlo es motivo de mofa, de acusar de no saber nada de economía; pero, cuando la posibilidad se torna real, como en el caso de Grecia, enseguida se blande el fantasma de la inestabilidad.

Y lo mismo ocurre con la pretensión de subir los impuestos a los ricos. Incluso, sin subir. Simplemente, con exigir que paguen lo que les corresponde. Marc Márquez, por ejemplo, ha anunciado recientemente que se va a vivir a Andorra para pagar menos impuestos. Pero la lista de estos “patriotas”, que son aclamados y recompensados constantemente por lucir la “marca España” es muy larga. Como la de quienes siendo personas fiscales facturan a través de sociedades, porque les trae más a cuenta. Y lo mismo ocurre con las grandes empresas que facturan desde el extranjero, se acogen a rebajas fiscales sin cuento, hasta conseguir que el tipo efectivo no pase del 5 o el 10%.

Pero los que “entienden de economía” lo tienen bien claro: “Es preferible hacer todo lo posible por mantenerlos. Un país es rico por sus ricos. Si no les consientes que paguen los impuestos que quieran, se marchan. Y es mejor que vivan en España”. Lo habréis oído hasta la saciedad. Al último que le oí una defensa incondicional de esta postura fue a Manuel Pimentel en Salvados. Y mantener lo contrario es “no saber de economía”.

Sin embargo, creo que en estos dos casos los conocimientos de economía no son lo determinante. No se trata aquí de no saber, de “intervenir” e “interferir” peligrosamente en inamovibles leyes económicas escondidas en recónditos e incompresibles modelos matemáticos. Se trata de asuntos más simples e intemporales. Se trata en el primer caso del viejo matonismo que en su fórmula escolar sería “si no pagas, te pego”. Es tan simple que no hace falta ni un master ni saber nada de economía, se aprende a sangre y fuego en infantil. El otro es tan antiguo como este, pero también simple. Sencillamente, los ricos ni cumplen ni quieren cumplir las leyes. Ya lo decía Aristóteles “los que tienen demasiados bienes de fortuna […] ni quieren ni saben ser gobernados” (Política, IV, cap. 10). No hay más.

Por eso, en estas fechas tan señaladas, no puedo por menos que transmitir mis mejores deseos a todos los hombres de buen corazón para el próximo año: Tratemos que estos “patriotas” no tengan ningún sitio a donde huir, que la justicia social en forma de leyes fiscales justas los persiga allá donde vayan. Que así sea, para que 2015 empiece a ser un buen año. S y R.





El porvenir de una ilusión

26 08 2014

Tras el paréntesis de las vacaciones, vuelvo a retomar la escritura del blog. Las vacaciones, que deberían ser una vuelta a la pereza primigenia, una apología de la vagancia y del “dolce far niente”, se han convertido en unos días necesarios para “cambiar de actividad”, “salir” (no se sabe muy bien de dónde y a dónde), “desconectar”, “cargar las pilas”, para retornar después a la actividad con más brío. Y eso, cuando no se han convertido en un privilegio, como el propio trabajo.

Y olvidamos que las vacaciones son un derecho reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 24: “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.”. Como también tenemos reconocido en el artículo 23 el derecho al trabajo, a su libre elección y a la protección contra el desempleo.

En cualquier caso, vacacionar se legitima legal (y lo que es peor, moralmente) en el descanso y la recuperación, no en la “nonchalance” reivindicada por Montaigne. Porque esta moral dominante, que solo puede ser por dominante una moral doble, se le llena la boca con el “valor del esfuerzo”, para reservarse como exclusivo y propio de los “suyos” el valor supremo del “pelotazo”, la especulación en todas sus formas que genere plusvalías y beneficios lo más rápido y elevados posibles y el derecho a la herencia. “No tenemos sueños baratos” era también el lema de un sorteo de lotería que reforzaba la ilusión de vivir holgadamente, sin trabajar, en vacaciones permanentes, al conseguir ganar el sorteo, que es la forma de aspiración consentida en las clases populares. Incluso, la revista de El País Semanal, llevaba a la portada, dando por hecho que fuera una aspiración compartida el “oasis de Sotogrande”. Pero ya se sabe. El despiste (por no decir otra cosa) de El País ya no tiene vuelta atrás.

Porque la aspiración a vivir sin agobios, acceder a los derechos, servicios y bienes que permitan llevar una vida digna, agradable y feliz, y que el esfuerzo colectivo de toda la sociedad pone a nuestra disposición, no es lo mismo que “vivir como los ricos”. Porque los ricos desde siempre han vivido como tal sobre la exclusión de la inmensa mayoría, legitimados y amparados en la evidente simpleza que aspiraban a convertir en ley natural e inamovible que “siempre ha habido ricos y pobres”. Y no se trata de eso. No queremos ser unos “snobs”, no queremos vivir como ricos, ni creemos que el asunto pueda resolverse con mayores índices de movilidad social.

Freud en su ensayo “El porvenir de una ilusión” aspiraba a conseguir una organización social menos represiva liberada de la ilusión religiosa y sus estrictas formas de control social. Y la revolución científico-tecnológica fue considerada enseguida como el nuevo punto de apoyo en el que conseguir de forma definitiva la liberación de la humanidad. La tecnificación de la producción conllevaría la reducción del esfuerzo humano y un aumento exponencial de la productividad y de la riqueza que nos libraría a todos de la terrible condena bíblica.

Así, como ya hemos comentado en otra ocasión, según la obra de los hermanos Skidelsky ¿Cuánto es suficiente?, la predicción de Keynes aseguraba que para finales del siglo XX toda la población (y no sólo los ricos) podrían satisfacer todas sus necesidades sin que su jornada laboral fuese superior a tres horas, o incluso menos. Hoy no solo estamos muy lejos de conseguirlo, sino que no existe ningún proyecto colectivo respaldado socialmente con semejante aspiración.

Para colmo, Victoria Camps con la que coincido en que “necesitamos más pensamiento”, se despacha con la receta consabida y, por consiguiente, poco pensada y estúpida de que como “no hay trabajo para todos, hay que reorganizarse: quizá, trabajando menos y ganando menos.” No se trata de repartir el trabajo porque hay poco (eso ya lo sabíamos desde los inicios de la tecnificación industrial), sino de repartir la riqueza, que hay mucha y está en muy pocas manos. No se trata de repartir entre muchos las migajas de una tarta que se comen entre unos pocos, porque eso condena a la explotación y a la pobreza a la mayoría. Se necesita más pensamiento. Repartamos el trabajo, sí. Y trabajemos menos, también, y pudiendo elegir, como dice el artículo 24. Pero tengamos garantizada una vida digna que permita el desarrollo pleno de nuestras capacidades humanas. Hoy por hoy, solo la propuesta de una Renta básica de Ciudadanía garantiza la legítima aspiración de una vida holgada, digna y liberada por fin de la condena al trabajo.





El poder de la gente

20 05 2014

Vivimos esta campaña europea palpándonos la ropa, frotándonos los ojos una y otra vez y preguntándonos incrédulos si de verdad estamos de elecciones. No se trata sin más de constatar la alta abstención prevista (dato que muchos quisieran que fuera más una invitación que una predicción), ni de conformarnos con el diseño impuesto por los dos grandes partidos de un campaña de “baja intensidad”, se trata sin más de constatar hacia dónde hemos enfocado los intereses informativos (fútbol aparte) en esta primera semana de campaña: El “desliz” de Felipe González sugiriendo un gobierno de unidad del que ya hemos hablado, el asesinato de Isabel Carrasco y la polémica sobre el uso de las redes sociales que ha generado, pero, sobre todo, que “el” debate los “candidatos” (como si solo hubiese dos) se lo “comiese” informativamente un comentario machista e imperdonable de Cañete.

A los ciudadanos se nos “expulsa” de esta campaña constantemente. Donde existen “paneles informativos”, los mismos desde las primeras elecciones democráticas, se “mantienen” en un estado tan lamentable que pueden convertirse en símbolos involuntarios de la decadencia de la democracia, pero es peor donde no los hay, porque los emplazamientos disponibles para la “propaganda electoral” parecen trasladados allí donde nadie querría anunciarse. Sobre la “información electoral” y las encuestas de intención de voto mejor no hablar, pero conviene guardarla cuidadosamente porque seguramente serán estudiadas en el futuro como modelo de “manipulación” informativa: los tiempos se fijan no por el interés sino por los resultados como si fuesen espacios gratuitos, El País, por ejemplo, ha “decidido” unir en un solo espacio la información electoral de IU y de UPyD, como si fuesen lo mismo y la “cocina” en la presentación de los datos de las encuestas es digna de la “altura gastronómica del país”, como nos recuerdan, con una sección fija al efecto, un día sí y otro también los informativos de la rtve. Todo vale aquí con tal de presentar como “abstención asumible” lo que es un escándalo democrático.

Así, pese a la importancia que proclaman con la boca pequeña, los dos grandes partidos han renunciado a confrontar, a hablar de lo que interesa a los ciudadanos y a renunciar a Europa para centrarse en lo local: el PP se presenta con la intención de lograr un refrendo de sus políticas locales y el PSOE se dedica a reivindicar un cambio de orientación en las políticas conservadoras, de las que también es responsable, para ver si no pierde comba para próximos comicios locales. No hay aquí nada que rascar.

Y, sin embargo, la importancia de Europa y de estas elecciones europeas en particular es enorme. Sobre todo, cuando Europa se ha dejado de ser para los países del sur y de la periferia un sueño para convertirse en su pesadilla. Los partidos eurófobos y xenófobos van ganando discurso y presencia en esta Europa con el respaldo de las política institucionales puestas en práctica por gobiernos conservadores respaldados por la socialdemocracia. De modo que el asunto central es de qué forma Europa puede ser parte de la solución a la crisis y no solo fuente de problemas. Lo queramos o no, estamos sufriendo las consecuencias de las directivas y de las políticas europeas, que han agudizado la crisis llevándola a una salida antisocial, se nos dice que buena parte de esa orientación en la política se debe a los gobiernos conservadores, pero también y muy especialmente a la deficiente articulación democrática de la construcción europea, pero se hurta a los ciudadanos la posibilidad de conocer las distintas opciones que ataquen el problema. Y la solución no pasa por revalidar las actuales políticas de austericidio y creciente desigualdad (PP) ni basta un simple cambio de estrategia (PSOE). Solo IU aborda con radicalidad el problema y reivindica lograr más presencia en el Parlamento Europeo para reforzar sus competencias, otorgar más poder a los ciudadanos que permita corregir los déficits democráticos, desmontar los acuerdos de Maastricht, “desarmar” la Troika y construir esa “otra” Europa más democrática y social con la que soñamos. Pero, cuando reivindicar en Europa “el poder de la gente”, que es el más elemental de los principios democráticos, te convierte en un extremista antisistema, es cuando nos damos cuenta de la verdadera dimensión del problema, una confirmación más de dónde estamos y a dónde nos ha llevado el “sistema”.

Por eso, os invito desde aquí a conocer sus propuestas y a votar en consecuencia. Se trata de dejar atrás la resignación, de “ir partido a partido”, porque, como decía José Mujica, el Presidente de Uruguay, en la entrevista de este domingo en Salvados, la enseñanza más importante que le dejaron qsus años de cárcel fue que “solo son derrotados quienes abandonan la lucha”.





Basta ya

21 01 2014

Sin entrar a analizar los episodios violentos, lo ocurrido en el barrio Gamonal de Burgos hay que entenderlo como un estallido no espontáneo sino fraguado durante años del malestar social ante de los repetidos escándalos urbanísticos impunes, la connivencia continuada entre el poder municipal y determinados grupos de comunicación y empresariales de la ciudad de Burgos, el desprecio de los representantes públicos ante los ciudadanos, etc. Todo parece indicar que el ambiente estaba lo suficientemente caldeado para que el anuncio de las obras de urbanización del bulevar sacase a los vecinos de sus casas para impedir la ejecución de las obras. Estaban cansados ya de tanto atropello: era la gota que colmaba el vaso, la línea roja que no podía rebasarse, el “hasta ahí podíamos llegar” y el “basta ya”.

Lo curioso es que la somera descripción anterior, sin entrar en detalles concretos y cambiando unos nombres por otros, podría encajar perfectamente con la situación de muchas de las ciudades, no solo de Castilla y León, sino de España entera. Se puede afinar y buscar meticulosamente las diferencias, pero también se pueden destapar y airear las similitudes. Esto no es derrotismo, es una constatación simple y una denuncia. Por eso, Gamonal ha despertado tantos recelos y tantas simpatías. Incluso, quienes temían que el alcalde terminase paralizando las obras, porque daba alas a los violentos, pero, sobre todo, la razón a los vecinos, hablaban del efecto Gamonal y de que fuese la cerilla que prendiese la mecha de protestas similares en otras ciudades; también ellos compartían a su pesar el análisis de las similitudes, el clima de corrupción y el hartazgo ciudadano que podía estallar en cualquier momento.

En esta misma línea, en Salamanca, el consistorio ha anunciado un nuevo proyecto de aparcamiento subterráneo en la Avda. de los Comuneros, y un PSOE local perdido, pero que todavía no ha tocado fondo en su desorientación, respalda el proyecto. Se licitará en marzo. Es posible que el proyecto obtenga el mismo éxito que otras iniciativas semejantes en otros emplazamientos, como el proyectado en la Plaza del barrio de Garrido o el Paseo de San Antonio, que terminaron desestimándose, porque no se vendieron las necesarias plazas para residentes que sufragaran el proyecto. Pero estamos ante otro nuevo plan que se anuncia sin que se haya producido el previo, necesario y de elemental exigencia democrática proceso de información e intercambio de opiniones con los vecinos afectados y sin que quede ya representación municipal que canalice la oposición. Falta de transparencia e indefensión vecinal, como viene siendo la tónica habitual, desde el principio. Pero también, falta de previsión e improvisación, porque el proyecto no estaba recogido en el reciente Plan de movilidad presentado por el Ayuntamiento. Si obtiene el mismo resultado que los anteriores, el Ayuntamiento volverá a sumar otro nuevo fracaso que reforzará la falta de oportunidad. Pero, ante la falta de proyecto claro para la ciudad, el equipo de gobierno y, lamentablemente, la oposición institucional, están dispuestos a todo. Con todo, lo más grave es que, además de los enormes inconvenientes que provocará a los vecinos y empresarios de la zona y el impacto negativo sobre el ya deteriorado Parque de La Alamedilla, parece evidente que este tipo de aparcamiento resulta innecesario en esta zona.

Todas las actuaciones municipales en el entorno de la Avda. de los Comuneros: reducción de plazas de aparcamiento en superficie (incluyendo la temporal por fracasada delimitación de parada de taxis), la sorpresiva y sorprendente no inclusión de la calle en la ampliación de nuevas zonas de aparcamiento regulado, etc. todo parece indicar una connivencia clara del equipo de gobierno con las posibles empresas concesionarias del aparcamiento, para generar primero una necesidad que solo un aparcamiento de titularidad pública después, pero de explotación privada, en un régimen de concesión tan largo como discutible, han decidido que puede cubrir.

Sería muy fácil encontrar otra solución para cubrir las necesidades de aparcamiento de los vecinos (no los intereses de las empresas de aparcamiento) y que incidiese mejor y más positivamente en los problemas de movilidad de Salamanca y favoreciese el uso del transporte público o el servicio municipal de alquiler de bicicletas. Tan fácil como encontrar la ubicación más oportuna para un aparcamiento disuasorio,  incluso para esa misma vía de acceso que, sin colapsar más la Plaza de España, bonificase el uso colectivo del coche privado, el uso del bus o de la bicicleta. Habrá que volver a salir a la calle para pelearlo.

Las similitudes son tantas que hay que insistir: no estamos en Burgos, sino en Salamanca.





Piensen en Alcalá de Guadaíra

17 12 2013

Había ido pensando a lo largo de la semana tratar otros temas: El anuncio de la fecha y la pregunta de la consulta soberanista en Cataluña, la muerte de Mandela, la celebración de la nochevieja universitaria en Salamanca, la sostenibilidad de las pensiones públicas, la desparición de la ética en España (se sobreentiende que nos referimos a la ética como materia troncal en la educación secundaria, y no a la ética sin más, que también), etc., pero reconozco que estoy bloqueado y solo puedo pensar en Alcalá de Guadaíra.

Mapa señalando Alcalá de GuadaíraSituense bien y situenla también en el mapa: Andalucía, al lado de Sevilla, en España, en pleno siglo XXI, en la vieja Europa, en una de las 15 economías más fuertes del mundo (Aznar y Zapatero llegaron a presumir de situarla entre las 8 primeras), en diciembre de 2013, tres miembros de una misma familia (el matrimonio y una de las hijas, la otra ha salido ya de peligro) han muerto por intoxicación  alimentaria.

Inmediatamente, sin esperar a conocer el informe de la autopsia, el Ayuntamiento ha declarado tres días de luto. Porque sabe que no es una intoxicación alimentaria cualquiera. Porque sabe que se ha producido (insisto sin conocer los resultados de la autopsia) por ingerir alimentos en mal estado, recogidos en contenedores o donados por tiendas o restaurantes. Porque sabe que en estas muertes hay mucho del hambre y las privaciones que esta crisis y las políticas de recortes han generado. Porque no puede ocultar que son víctimas de estas políticas de austeridad criminal. Porque sabe que no son muertes, sino asesinatos. ¡Si hasta el Papa ha tenido que reconocer la naturaleza perversa y criminal del capitalismo!

Pero enseguida se han apresurado a rectificar, especialmente por las quejas de los familiares, que “no se dedicaban a rebuscar comida en las basuras”. Incluso la delegada municipal de Asuntos Sociales, Mariló Gutiérrez, según las informaciones de Público, ha llegado a afirmar que era una “familia bastante normalizada”, aunque “con problemas económicos, como tantas familias en España”. Así que, una familia que ha perdido el empleo, que no percibe ningún ingreso de rentas del trabajo ni ayuda social, que está embargada por una entidad bancaria desde hace años, que ha tramitado la solicitud de una ayuda social, pero que todavía no se la han concedido (y desgraciadamente ya no se la concederán), que malvive de la recogida de cartones con una furgoneta y que se ve obligada a recoger comida caducada es una “familia normalizada” para los servicios sociales de su ayuntamiento. Desconozco los criterios que permiten calificar un escenario así como normal o normalizado, pero, si una situación extrema como la que padecían, puede considerarse normal y no hace saltar todas alarmas de los servicios sociales, esta tragedia no sido una casualidad y su diagnóstico la hace todavía más preocupante.

Y no es de extrañar que los familiares traten de maquillarlo y la propia familia tratase de ocultarlo y negarlo (llevando a sus hijas al colegio, no acudiendo a Cáritas más que como último recurso), porque no sólo los habían condenado a la pobreza, sino también los habían hecho culpables de su propia situación. Ya hemos aceptado como dogma de fe que los que se han enriquecido rápidamente son los héroes, los modelos a imitar, quienes han generado riqueza y empleo y que no se les puede hacer responsables de la pobreza (como si no hubiesen rebajado salarios, despedido, cerrado, etc. solo para mantener o aumentar sus beneficios); y también que no existe pobreza económica, sino “pobreza conductual” (solo son pobres por su conducta, por no esforzarse, por no ser emprendedores). Solo esto permite “aceptar” que el asunto se salde sin que nadie se sienta responsable.

Pero los hay, y no son los padres que han perdido el empleo y no pueden mantener a sus hijos. Desde IU, por ejemplo, llevamos tiempo pidiendo una “Renta Garantizada de Ciudadanía”, una renta que permita vivir con dignidad, sin que los responsables políticos muevan ficha.  Ahora ya no pueden escurrir el bulto.

Que a partir de estas navidades Alcalá de Guadaíra sea la piedra de toque contra quienes vengan a vendernos sus bagatelas: 2014 será el año de la recuperación, estamos empezando a salir de la crisis, etc. Incluso, si tienen ánimo, pueden acompañar esas afirmaciones con las imágenes del último anuncio de la lotería de navidad o de la última intervención de Critóbal Montoro en el Congreso, con ese gesto prepontente, pleno de soberbia y sarcasmo, tan fuera de sí que las “verdades” que dispara le impiden tragar saliva, incluso hasta el pundo de ponerse en peligro. Pero sin voz, que es más creíble. Y piensen solo en Alcalá de Guadaíra. Sé que me acusarán de estar haciendo demagogía. Y puede que la esté haciendo. Pero que nadie se engañe: es la única forma de exigir, desde la rabia y a quienes corresponda, que se pongan de una vez a “hacer política”.





El regreso de los zombis

3 12 2013
Portada del libro Curso urgente de política para gente decente de J.C. Monedero

Portada del libro Curso urgente de política para gente decente de J.C. Monedero

Este viernes 28 de noviembre Juan Carlos Monedero presentó su libro Curso urgente de política para gente decente en el salón de actos de la Facultad de Geografía e Historia de Salamanca, en un acto organizado por Jóvenes de Izquierda Unida. Un éxito de público y un éxito también en la acogida de lo que allí se dijo, especialmente entre la población joven y universitaria, que se quedó con ganas de más. Algo que, como cabía de esperar, ha pasado desapercibido para quienes dicen ser cronistas de esta ciudad.

La urgencia del llamamiento para que la gente decente asuma la necesidad de participar y renovar los modos de hacer política contrasta con la enorme perplejidad con la que vive una sociedad que ha ido perdiendo sus grandes referencias dadoras de identidad y de sentido: El trabajo, las organizaciones políticas y sindicales, la propia iglesia o las ideologías. Perplejidad que contrasta nuevamente con todo un conjunto de tópicos enraizados ya como “sentido común”, que la gran ofensiva ideológica neoliberal ha ido consolidando como incuestionables desde los años 80: mercantilización de todos los ámbitos de la vida, consideración de que lo privado funciona mejor que lo público o que los seres humanos somos “naturalmente egoístas”. Cuestiones estas que un moldeable “sentido común” ha terminado por aceptar, pero que no dejan de ser más que discutibles cuando se analiza caso por caso.

De ahí, que sea necesario, a juicio de Juan Carlos Monedero, un ejercicio continuado de reflexión que nos ayude a repensar la política, que resulte prioritario ganar la “batalla ideológica” antes que la batalla política.

Y no es fácil porque la precarización creciente del trabajo (eso que se llama ahora flexibilidad de horarios, salarios y categorías, y que pretenden vendernos como única salida) y la enorme cantidad de desempleados genera una inseguridad laboral y un miedo profundo a perder el empleo, pero también impide establecer relaciones estables que permitan reconocer en tu compañero a un “compañero de trabajo” que tiene las mismas necesidades, los mismos intereses y que está dispuesto también a defenderlos contigo. Pero también el proceso de “cartelización de los partidos políticos”, más allá de los problemas del bipartidismo y de la partitocracia imperante, no favorece en nada la participación democrática, sino que los convierte en instrumentos privilegiados para apuntalar esta “democracia” esclerotizada que padecemos.

Y si a esto unimos la pérdida de memoria histórica, la incapacidad de contarnos un relato que enraíce nuestra democracia, no en el simulacro de la “santa transición”, sino en la república, y que condene definitivamente el franquismo y repare a sus víctimas, tenemos un panorama desolador.

Pero conviene tener claro el profundo cambio en los marcos de referencia, el diagnóstico y los instrumentos de anonadamiento y coerción (sin entrar en la nueva ley mordaza) si queremos diseñar cualquier estrategia de acción no solo ya de resistencia, de mantener y conservar lo conseguido, sino de transformar y avanzar hacia otro futuro menos sombrío. Porque no es verdad que no se pueda hacer nada y claro que hay alternativas.

Monedero dice también que le gustan las películas de zombis y las utiliza para explicar el comportamiento de nuestra actual clase política. No sé si alguna vez se habían ido, pero han vuelto (y no me refiero solo al PSOE), sino a los expresidentes de gobierno: analicemos si no esta campaña de presentación de sus memorias o fundaciones para su mayor gloria, en la que todo se resume en una estrategia persistente, insaciable y desvergonzada en reescribir la historia para que salgan exculpados, si no como héroes visionarios. Hay que desenmascararlos. A la mierda con ellos.

Y también han vuelto otro tipo de zombis, esta vez en forma de fondos de inversión. Están llegando de nuevo las “inversiones” a España, ya lo decía Botín, aunque sea en forma de “fondos buitre”. Resulta imprescindible ver completo el programa de Jordi Évole España en venta. Basta ver y escuchar las declaraciones de sus asesores para darse cuenta que, aunque se parezcan a nosotros, no son como nosotros, no sé si están muertos, son zombis o están infectados, pero no son como nosotros. Buitres y zombis están entre nosotros, nos ven como carne fresca, hablan de nosotros como de “tipos incomprensibles”, que no tienen dinero para repartirse la carroña de edificios de protección oficial y solo quieren tener una casa para vivir. Simplemente una casa para vivir. O simplemente vivir. Y no lo entienden, porque ellos están muertos y vienen a por nosotros.








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