¿La bolsa o la vida?

17 02 2015

Decía recientemente Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, que la ley de enjuiciamiento criminal y el código penal españoles están más pensados para el robagallinas que para los grandes defraudadores. Al margen de las posibles interpretaciones, no cabe duda de que quien sostiene esto constituye una voz autorizada en la materia. Ese sesgo de clase tan evidente que presenta la legislación española, porque, al ofrecer no solo un tratamiento diferenciado para los delitos, sino especialmente a la extracción social de los posibles delincuentes que puedan cometerlos (pues resultará tan difícil encontrar a integrantes de clases acomodadas robando gallinas como a miembros de clase baja siendo defraudadores) no carece de “justificación racional” ni, por supuesto, de defensores razonables. Lo mismo ocurre con la tipificación de penas para aquellos delitos que ponen en peligro la vida (como el robo con violencia o el atraco a mano armada) que los que no la ponen (desfalco, fraude fiscal, financiación ilegal o uso indebido de tarjetas black, aunque no llegue a entender cuál podría ser el uso adecuado de semejante invento). Parece justo, entendemos casi todos, que se valore y proteja más el derecho a la vida que el la propiedad.

Claro que la vida digna e, incluso si me apuran, la propia vida está tan ligada a la propiedad, o a un mínimo de recursos materiales, que cuando alguien te priva de ellos, aunque sea sin violencia, no solo te priva de la propiedad que te corresponde, sino de tu propia vida. Así parece evidente hasta el escándalo en todos los casos de ejecución hipotecaria que se han saldado con desahucios sin que se aplicase la dación en pago. Pero también en asuntos como la financiación irregular de partidos como Unión Democrática de Cataluña, condenada ya firmemente en el caso Pallerols, que probó que se desvió el 10% de 9 millones de euros procedentes de la UE para cursos de formación de parados a las arcas del partido. ¡No me puedo ni imaginar la cantidad de problemas que habrían podido resolver con esos 900.000 euros las familias y trabajadores en paro a quienes iban destinados! A muchos, y resultará difícil ponerles nombre, les agravó tanto su situación que terminaron por arruinar definitivamente su vida, si no a perderla. Poco importa ya que devuelvan el dinero o no. El daño está hecho de forma irreparable. Y lo más curioso es que el máximo responsable de este estropicio vital y no solo de recursos siguiese encabezando durante mucho tiempo la lista de políticos mejor valorados, aunque su único mérito reconocido y evidente fuese combinar escrupulosamente el color de las gafas con el de la corbata.

Este eterno problema de la propiedad y la vida se ventila hoy también en Europa. Y se está jugando especialmente fuerte en estos días en Grecia. Los defensores de la propiedad no dudan en exigir el pago íntegro de la deuda como una condición innegociable. Los defensores de la dignidad y de la vida se atreven mínimamente a plantear algo tan cristiano como que la ley está hecha para los hombres y no los hombres para la ley, y que, por tanto, la vida de los ciudadanos griegos vale más que los intereses de los grandes prestatarios.

Sé que algunos tipificarán este análisis como simplista, pero terminarán reconociendo conmigo que, en el fondo, son estos dos valores los que compiten: La bolsa o la vida. Se puede simplificar para entender o ayudar a entender mejor las cosas, pero no se puede engañar y confundir. Porque, a este paso, terminaremos creyendo que los bancos son ONGs. Fíjense si no, en las declaraciones de Rajoy estimando la solidaridad española con Grecia en 26 mil millones de euros que les hemos prestado. Ahora resulta que prestar dinero es ejercer solidaridad y que los más solidarios del mundo son los banqueros. ¿Nos hemos vuelto locos ya?, que diría Bart Simpson.

Son los bancos quienes han prestado muy por encima de sus recursos, no los griegos quienes han vivido por encima de sus posibilidades (que, por cierto, viendo las condiciones de vida en las que sobreviven a duras penas muchos griegos, deben ser las posibilidades reales de vida con las que debían haberse conformado, según los defensores de esa infamia). Los bancos sabían el riesgo que corrían, porque esa es la esencia de su negocio, y no la codicia, que fue lo que los cegó. No pueden pretender ahora, tras haber socializado sus pérdidas, responsabilizar a otros de sus desmanes.

Pero cuentan con poderosos aliados o capataces que ocupan los principales cargos. Así, mantenía Juncker que “no iba a cambiar todo en Europa por un resultado electoral”. Volved a leerlo, porque es escalofriante. Si entendemos bien las cosas, la propiedad no sólo está amenazando la vida en Europa, está cuestionando la existencia misma de la democracia y de la libertad. ¿La bolsa o la vida?, pregona el delincuente. ¿De qué lado están ustedes?





Lo peor es que es legal

18 11 2014

Tenga el recorrido que tenga el asunto de los viajes privado-publicados de Monago, no parece que el caso le haya quitado mucho el sueño. Puede, como está haciendo, abrir una sombra de duda sobre su justificación y con eso le sobrará para mantenerse cuando no afianzarse en el cargo. Y tiene razón. Quizá quien mejor lo haya dicho sea su compañero de partido y de correrías en canarias, Carlos Muñoz, diputado por Teruel: No piensa devolver el dinero por hacer algo que ni estaba prohibido ni era ilegal. Y vuelve a tener razón. Porque, no podemos confundir la moralidad y la legalidad y, para nuestra desgracia, en este caso y en los que siguen, lo peor es que es legal.

Que los diputados y senadores dispongan de crédito para viajar sin necesidad de justificarlo no obedece al criterio de libertad y discreción en el ejercicio de su cargo, como mantenía el presidente del Congreso de los Diputados, de forma que el control signifique recorte de las libertades políticas. No. El problema reside en que el reglamento que lo permite hace recaer su uso en el honor y la honradez de los representantes electos. Algo así, como si hubiese pervivido una “moral de caballeros”, con un código moral estricto que hiciese innecesario un control legal. Pero, visto lo visto, es una concesión claramente equivocada. Y, por eso, conviene someterlo a estrictos controles legales que garanticen su transparencia, porque los principios morales de algunos de nuestros representantes brillan por su ausencia y relucen más cuanto más continúen haciendo ese tipo de declaraciones.

Una mujer mira hacia arriba para ver la cara El banquero alto. Uno de los signos más claros de la creciente desigualdad social.

Una mujer mira hacia arriba para ver la cara El banquero alto. Uno de los signos más claros de la creciente desigualdad social.

Lo mismo, pero más sangrante, hemos descubierto ahora que ocurre en este país amigo que es Luxemburgo. Hay indicios más que justificados de que la fiscalidad luxemburguesa firmó acuerdos secretos con grandes corporaciones para concederles beneficios fiscales muy sustanciosos a cambio de tributar en el país. Así, algunas grandes corporaciones que deberían haber pagado un 30% por el impuesto de sociedades en los países donde desarrollaban su actividad económica, al final solo han pagado en el peor de los casos un 1%. Para Luxemburgo, las cuentas salen bien: Más vale un 1% de mucho que un 30% que nada. Pero a quienes no les salen las cuentas son al resto de los países que han dejado de percibir la tributación correspondiente a esas empresas.

Y, nuevamente, el problema no es que estas prácticas estén mal porque no puedan estar al alcance de las pequeñas empresas o particulares. ¡Que hay que leer cada cosa! Ni tampoco que los pactos se firmasen con Jean-Claude Juncker, el actual presidente de la Comisión Europea, y haya por ello pedirle responsabilidades. El problema está en que las grandes empresas no han pagado los impuestos que les correspondían en los países donde realizaban sus negocios, y estos se han quedado sin los ingresos públicos necesarios y, en consecuencia, los servicios que deberían haberse prestado no se han prestado. Aparte de fraude y estafa, estos acuerdos tan beneficiosos para esas corporaciones son responsables directos del sufrimiento irreparable que los recortes de gastos y las políticas de ajuste han causado. Pero todo es perfectamente legal.

Como es y sigue siendo perfectamente legal, no ya que las empresas, sino las grandes fortunas cambien su residencia para obtener beneficios fiscales como extranjeros. Nos enteramos por Gerard Depardieu, cuando cambió su residencia a Néchin, una pequeña localidad belga que acoge ella sola nada más y nada menos que al 27% de las grandes fortunas francesas. Pero estas prácticas evasivas no son exclusivas de Bélgica con Francia, sino de todos los países de la UE que no tienen reparos en acoger a las grandes fortunas extranjeras aunque eviten con ello que tributen lo que les corresponde en su país. Un escándalo, un fraude fiscal criminal, pero lo peor es que es legal.

Así que, tenemos unas prácticas políticas inmorales y unas prácticas fiscales claramente fraudulentas, cuando no criminales que, aun así, gozan del respaldo legal los estados y de la complacencia y la inoperancia culpable de nuestros gobernantes. Esta legalidad es la que ha permitido y sigue permitiendo el empobrecimiento creciente de amplias capas de la población, mientras consiente que las grandes fortunas sigan creciendo eludiendo el pago de impuestos. No deja de ser una metáfora acertada la foto de “El banquero alto” que ilustraba la noticia en algunos medios. Si la talla equivaliese a la renta, la mayoría de los españoles no pasaría de 1,20 metros, pero Cristiano Ronaldo mediría más de un Km y Amancio Ortega más de 73 Km. Unas desigualdades legales, pero inaceptables, injustas, inmorales e insostenibles.





Contra la degradación moral del sistema

11 03 2014

En La doctrina de la verdad en Platón, Heidegger, comentando el mito de la caverna, trata de analizar las relaciones entre educación y verdad y termina concluyendo que acceder a la verdad exige una labor de “des-ocultamiento” para llegar a  mirar las “cosas verdaderas” (las que existen en el exterior de la caverna), no las sombras del interior; que la verdad más que la correspondencia entre lo que piensas y la realidad (especialmente si la realidad a la que accedemos es una realidad degradada), vendría caracterizada por “mirar rectamente”, por la “rectitud” (orthotes) de la percepción.

Más allá de las semejanzas entre esta sociedad de la información y la caverna platónica, la perversión del sistema en que vivimos (y en el que nos retienen, como si no hubiera otra posibilidad), no es su liquidez y evanescencia, sino que se nos encamine constantemente a “mirar erróneamente”, en que haya especialistas en el “desvío de la mirada” de forma que cobre centralidad lo anecdótico e intranscendente. De ahí, que se imponga la obligación moral de forzarnos a la “rectitud intelectual”, de mirar y ser capaces de aguantar la mirada sobre las “cosas verdaderas”. Tres ejemplos bastarán.

1.- El primero es la denuncia de la joven de Mataró contra la empresa Ecoline 2010 por sufrir una lesión vertebral en el proceso de selección laboral. Los detalles son conocidos: tras diversas pruebas de selección, los finalistas tuvieron que tirarse literalmente al suelo para luchar por un billete de 50 euros, cuya conquista les abría las puertas de un contrato laboral. Un contrato que no resultó tal, porque la empresa ha cerrado, y que ha dejado unas secuelas permanentes en una las aspirantes. Pues bien, el punto de mira se ha puesto en lo excepcional del proceso, en la depravación moral de quien sometió a ese tipo de pruebas. La anécdota se ha quedado en anécdota, no en categoría, y la responsabilidad, desde una óptica moral interesada, se ha hecho recaer únicamente en quien hizo la selección. Pero, al margen de que un desaprensivo pueda aprovecharse de la situación, lo condenable no es el aprovechamiento, sino la situación. Lo terrible no es que un individuo, al que resulta difícil poner calificativos, humille a otros por un puesto de trabajo, lo terrible, y si no lo queremos ver lo será aún más, es que el sistema económico que vivimos ha convertido la desesperación de cerca de 5 millones de solicitantes de empleo en una condición necesaria para “mejorar la competitividad”, es decir, para aceptar un puesto de trabajo, el que sea, por un salario a la baja, y sin condiciones. Muchos, incluso, hasta se alegrarían de que al menos les “adelantaran” 50 euros.

2.- Yolanda Barcina respalda a su Consejera de Hacienda frente a las acusaciones vertidas contra ella por una inspectora de la hacienda foral por “interesarse” y “disculpar” (que no es lo mismo que “presionar”) respecto a unos expedientes  fiscales que afectaban empresas de las que la Consejera había sido asesora. Nuevamente, el foco de atención no se ha puesto en valorar estos hechos (a estas alturas y con lo que llevamos tragado, la “habituación” puede hacer que nos parezcan hasta disculpables), sino que se ha centrado en si el PSN iba o no a presentar moción de censura y “verse expuesto” a sumar los votos favorables de Bildu. Lo noticiable son las tribulaciones del PSN; lo de   menos, el comportamiento de un Consejera de Hacienda y el respaldo de su Presidenta, cuya moralidad por el cobro de dietas injustificables (aunque debidamente justificadas) en Caja Navarra dejaba ya mucho que desear, pese a que las devolviese. Mirad bien las fotos de Yolanda Barcina, triunfante y sonriente, como quien sale de un catarro, porque se va a mantener otros 14 meses al frente del gobierno. Los culpables, sin duda, de todo esto son dos: la inspectora de hacienda, justamente retirada de su puesto, y el PSN.

3.- El tercero es el más luctuoso: se trata del episodio lamentable y terrible de la muerte por ahogamiento de hasta 15 inmigrantes subsaharianos en las costas de Ceuta, con una actuación de la Guardia Civil, más que discutible, centrada en proteger las fronteras lanzando botes de humo y pelotas de goma, más que en auxiliar y socorrer a personas en peligro. Pero, nuevamente, se ha desviado la atención a otro sitio: Se pide la dimisión del Director General de la Guardia Civil, no por ser el responsable de la actuación policial, sino por mentir.

De verdad, que me gustaría pensar que “desvían la mirada” por vergüenza, que “perciben rectamente” la degradación moral del sistema, pero que son incapaces de aguantar el “hedor de la verdad”.





Piensen en Alcalá de Guadaíra

17 12 2013

Había ido pensando a lo largo de la semana tratar otros temas: El anuncio de la fecha y la pregunta de la consulta soberanista en Cataluña, la muerte de Mandela, la celebración de la nochevieja universitaria en Salamanca, la sostenibilidad de las pensiones públicas, la desparición de la ética en España (se sobreentiende que nos referimos a la ética como materia troncal en la educación secundaria, y no a la ética sin más, que también), etc., pero reconozco que estoy bloqueado y solo puedo pensar en Alcalá de Guadaíra.

Mapa señalando Alcalá de GuadaíraSituense bien y situenla también en el mapa: Andalucía, al lado de Sevilla, en España, en pleno siglo XXI, en la vieja Europa, en una de las 15 economías más fuertes del mundo (Aznar y Zapatero llegaron a presumir de situarla entre las 8 primeras), en diciembre de 2013, tres miembros de una misma familia (el matrimonio y una de las hijas, la otra ha salido ya de peligro) han muerto por intoxicación  alimentaria.

Inmediatamente, sin esperar a conocer el informe de la autopsia, el Ayuntamiento ha declarado tres días de luto. Porque sabe que no es una intoxicación alimentaria cualquiera. Porque sabe que se ha producido (insisto sin conocer los resultados de la autopsia) por ingerir alimentos en mal estado, recogidos en contenedores o donados por tiendas o restaurantes. Porque sabe que en estas muertes hay mucho del hambre y las privaciones que esta crisis y las políticas de recortes han generado. Porque no puede ocultar que son víctimas de estas políticas de austeridad criminal. Porque sabe que no son muertes, sino asesinatos. ¡Si hasta el Papa ha tenido que reconocer la naturaleza perversa y criminal del capitalismo!

Pero enseguida se han apresurado a rectificar, especialmente por las quejas de los familiares, que “no se dedicaban a rebuscar comida en las basuras”. Incluso la delegada municipal de Asuntos Sociales, Mariló Gutiérrez, según las informaciones de Público, ha llegado a afirmar que era una “familia bastante normalizada”, aunque “con problemas económicos, como tantas familias en España”. Así que, una familia que ha perdido el empleo, que no percibe ningún ingreso de rentas del trabajo ni ayuda social, que está embargada por una entidad bancaria desde hace años, que ha tramitado la solicitud de una ayuda social, pero que todavía no se la han concedido (y desgraciadamente ya no se la concederán), que malvive de la recogida de cartones con una furgoneta y que se ve obligada a recoger comida caducada es una “familia normalizada” para los servicios sociales de su ayuntamiento. Desconozco los criterios que permiten calificar un escenario así como normal o normalizado, pero, si una situación extrema como la que padecían, puede considerarse normal y no hace saltar todas alarmas de los servicios sociales, esta tragedia no sido una casualidad y su diagnóstico la hace todavía más preocupante.

Y no es de extrañar que los familiares traten de maquillarlo y la propia familia tratase de ocultarlo y negarlo (llevando a sus hijas al colegio, no acudiendo a Cáritas más que como último recurso), porque no sólo los habían condenado a la pobreza, sino también los habían hecho culpables de su propia situación. Ya hemos aceptado como dogma de fe que los que se han enriquecido rápidamente son los héroes, los modelos a imitar, quienes han generado riqueza y empleo y que no se les puede hacer responsables de la pobreza (como si no hubiesen rebajado salarios, despedido, cerrado, etc. solo para mantener o aumentar sus beneficios); y también que no existe pobreza económica, sino “pobreza conductual” (solo son pobres por su conducta, por no esforzarse, por no ser emprendedores). Solo esto permite “aceptar” que el asunto se salde sin que nadie se sienta responsable.

Pero los hay, y no son los padres que han perdido el empleo y no pueden mantener a sus hijos. Desde IU, por ejemplo, llevamos tiempo pidiendo una “Renta Garantizada de Ciudadanía”, una renta que permita vivir con dignidad, sin que los responsables políticos muevan ficha.  Ahora ya no pueden escurrir el bulto.

Que a partir de estas navidades Alcalá de Guadaíra sea la piedra de toque contra quienes vengan a vendernos sus bagatelas: 2014 será el año de la recuperación, estamos empezando a salir de la crisis, etc. Incluso, si tienen ánimo, pueden acompañar esas afirmaciones con las imágenes del último anuncio de la lotería de navidad o de la última intervención de Critóbal Montoro en el Congreso, con ese gesto prepontente, pleno de soberbia y sarcasmo, tan fuera de sí que las “verdades” que dispara le impiden tragar saliva, incluso hasta el pundo de ponerse en peligro. Pero sin voz, que es más creíble. Y piensen solo en Alcalá de Guadaíra. Sé que me acusarán de estar haciendo demagogía. Y puede que la esté haciendo. Pero que nadie se engañe: es la única forma de exigir, desde la rabia y a quienes corresponda, que se pongan de una vez a “hacer política”.





¿Por qué nos odian los ricos?

26 11 2013

Sin salir de mi asombro por el contenido y el título del artículo de Jesús Andreu en El País¿Por qué odiamos a los ricos?”, y por el propio hecho de que un periódico otrora calificado de “serio” como El País pueda llegar a publicar artículos semejantes (cada vez son más quienes me aconsejan por estrictos motivos de salud que tenga cuidado con lo que leo), decido, por puro afán pedagógico, ofrecer alguna respuesta a la pregunta que se formula Jesús Andreu, más allá de los tópicos en los que se mueve, de forma que logre enfocar hacía ¿por qué nos odian los ricos?, que es la que ofrezco como título, la diana hacia la que apuntar sus perplejidades.

En primer lugar, nadie odia a los ricos. No sé si por suerte o por desgracia, en la sociedad en la que vivimos, nada causa más admiración que los ricos: sus coches, sus mansiones, su estilo de vida. Da igual, si se “ha hecho a sí mismo” como si “le viene de familia”. No veo que haya lugar para el odio, ni para la envidia, ni prejuicios religiosos. Todo resulta fascinación, embeleso y afán de emulación.

Sin embargo, esta admiración por los ricos no es en modo alguna correspondida por ellos, que solo devuelven desdén, actitud que me preocuparía la verdad bien poco, si no fuese acompañada por un comportamiento muy poco ejemplarizante que no respeta ni patrias, ni fronteras para obtener beneficios y rendimientos vedados a quienes no disfrutan de su situación. Para quienes no utilizan estas prácticas todo son agradecimientos (un plus que no merecen si solo cumplen con su deber), pero el resto, que deberían ser objeto de rechazo explícito, de investigación policial y fiscal y, si fuera el caso, de sanción, muchas veces ni siquiera lo son. Lo que prueba que no se odia en modo alguno la riqueza, sino la burla y el incumplimiento de la ley: se odia el delito para el que estos “ciudadanos” parecen estar inmunes o blindados.

Y esta situación se ha agudizado con la crisis. Y especialmente en España, donde la desigualdad está aumentando y aumentan también el número y fortuna de los ricos, mientras que más de un cuarto de la población se hunde en la pobreza.  Así, en 2012, mientras las rentas del capital crecieron un 3,6% sobre el PIB, las rentas del trabajo bajaron un 5,2%. Una cuestión que explica muy bien Vicenç Navarro en El crecimiento de las desigualdades de rentas: causas y consecuencias, que resulta de obligada lectura. Pero, desde hace más tiempo, las personas físicas que obtienen grandes ingresos, no han dudado en registrarlos a nombre de sociedades lo que, no sólo impide la confiscación de bienes en caso de delito, sino acogerse a un tipo fiscal más bajo. Por no citar a quienes no han dudado en cambiar su residencia al extranjero (el caso de Depardieu es solo una anécdota), no solo para no pagar impuestos en su país, sino para acogerse a los enormes beneficios fiscales que le ofrece el país vecino, ya sea Bélgica, Holanda, Gran Bretaña o la propia España, sin necesidad de que sean paraísos fiscales, porque así está la “armonización” fiscal en la UE. Porque si entramos en cuantificar las pérdidas que registran los estados por las operaciones que realizan las grandes empresas desde otros países en donde sitúan las ventas on line (Inditex por citar alguna, cuyo máximo accionista es alabado como benefactor) o facturan, sin que estas operaciones sean perseguidas, la “evasión legal” se dispara. O, las más graves y frecuentes, la utilización de paraísos fiscales para la importación o exportación (algo perfectamente legal o legalizable), que constituye una sangría fiscal para los estados todavía mñas difícil de cuantificar.

Y todo esto, por lo legal, que si entramos en lo criminal, el asunto es todavía más sucio: La evasión de capitales y el blanqueo de dinero en esta época de la globalización del capital es más fácil, frecuente y  numerosa que nunca. El último programa de Salvados de Jordi Évole sobre paraísos fiscales y blanqueo de dinero solo permite ver la punta del iceberg de unas prácticas más generalizadas de lo que creemos. Parece existir sistema bien engrasado que permite a los ricos, a los bancos y entidades financieras burlar la ley, escapar de la justicia y aumentar hasta el máximo sus beneficios a costa del resto de los ciudadanos. Y esto no solo puede explicarlo una codicia sin límites, sino, sobre todo, un desprecio absoluto por los demás, cuando no un odio irracional, que sí que merecería una explicación. Y parece ocurrir así desde siempre, porque ya Aristóteles comentaba en su Política, IV, 11, que los ricos “ni quieren ni saben ser gobernados”.

Para colmo, este domingo ha sido derrotada en Suiza una iniciativa popular que pretendía limitar en 12 veces el salario mínimo el salario máximo de los ejecutivos. Si hubiera ganado, ya se habían ideado fórmulas para burlarla, otra vez  El País dixit.. No ha salido adelante, pero resulta refrescante y esperanzador que al menos en Suiza se lo hayan planteado.





La máquina perfecta

16 07 2013

“El riesgo de dejar pudrir los problemas es que la pestilencia termine invadiéndolo todo.” Joaquín Prieto, “Jugar con los fueros”, El País.

Hay un cuento de Borges recogido en El Aleph titulado “El Zahir” que siempre me generado inquietud. Como el propio Borges atestigua en ese relato, la creencia en el Zahir es de origen musulmana y representa un objeto o una imagen de la que no puedes desprenderte, que no puedes olvidar y que, en la mayoría de los casos, termina por enloquecer a quienes lo poseen. Puede ser cualquier objeto o persona, desde lo más insignificante o lo más valioso, hasta lo más temido o apreciado. Cualquier cosa en cualquier momento puede transformarse y adquirir las propiedades de un Zahir. Pero Borges cuenta la historia de un infeliz que, tratando de huir de un tigre que le perseguía y lo atormentaba, terminó buscando refugio en la celda de una prisión donde encontró la muerte. En su locura, fue pintando durante años un mapamundi completo que contenía todo lo que había visto y soñado y, desde cerca, incluía mares, valles y cordilleras, ciudades y ríos, pero, visto en su conjunto, aquel amasijo de pequeñas figuras insignificantes y tranquilizadoras componían la imagen de un enorme tigre, que al final acabó devorándolo.

Así, si nos dedicamos a observar aisladamente la actualidad política española, punto por punto, nos genera una sensación de cansancio y hastío, por lo repetitiva y mostrenca, que no llegamos a comprender. No es solo el caso de Bárcenas, con sus millones, sobresueldos y chantajes, la Gürtel y sus amiguitos del alma, los trajes, los bolsos, los Jaguar que eclosionan en los garajes, los viajes y fiestas en los que fluyen los confetis como maná en el desierto, Urdangarin, la casa real y las fincas que se venden y que no se vendieron, los ERE de Andalucía, Fabra y Baltar, Núñez Feijo “trasmitiendo honradez” junto a Marial Dorado y tantos otros. Parece imposible que hayamos llegado a esto: ¿cómo es posible que el sistema soporte tantos fallos, tantas irregularidades, delitos y abusos?  Uno a uno, separados y sin relación, son eso, fallos, grandes o pequeños, pero fallos al fin y al cabo. Pero, si tomamos un poco de distancia, si acertamos a ver sus conexiones directas y colaterales, la imagen que trazan en su conjunto, como en el caso del Zahir o como en esas imágenes prodigiosas del ojo mágico, todo cobra otro sentido, dejan de ser fallos aislados para convertirse en una máquina perfecta de corrupción.

La corrupción se presenta cada vez más claramente como el meollo del sistema. No está en la periferia como algo aislado y excepcional, no. Todo el sistema se ha construido para arroparla, darle un envoltorio y hacerla pasar desapercibida. Si no, no se explica que los partidos se dediquen a negarla, a volverla contra los jueces, a hacerse las víctimas de una “causa general” y, lo que es más grave y difícil de negar, a obstaculizar los procesos judiciales, a negarles recursos a los jueces, a dilatarlos con mil triquiñuelas. De verdad, no es posible creer que Bárcenas fuese tesorero del PP durante más de 20 años y lograse acumular una fortuna y que todo fuese una maniobra exclusiva suya. Porque no se entiende que le estuviesen pagando abogados y salario hasta enero, porque fuesen unos cándidos. Y no es posible que Bárcenas tenga en jaque al PP y a su presidente y estos no decidan otra cosa que dejarlo apartado hasta septiembre y que esa les parezca la mejor opción.

Pero esto no es un asunto solo de financiación ilegal de partidos. Esta es la parte visible y los partidos y los Bárcenas quienes se llevaron apenas las migajas del pastel. ¡Y menudas migajas! La propia financiación del estado recaía en un sistema especulativo corruptor y corrupto. Sin los proyectos megalómanos de construcción o inversión pública, las propias administraciones se habrían quedado sin ingresos (y eso no lo admitirían los electores engañados en las tómbolas electorales), porque todo el sistema fiscal solo era autosuficiente sobre ese modelo de crecimiento. Nadie podría negarse porque todos obtenían ventajas, legales o ilegales. Así que todo funcionaba.

El propio bipartidismo en el que degeneró la democracia española (¿o era en verdad solo eso?) funcionó como una gran alfombra bajo la que ocultar (hoy por ti, mañana por mí) los cadáveres, para recolocar glorias o pasar ventajosamente a la empresa privada.

Hasta que la avaricia (así de claro, porque es solo la avaricia) rompió el saco. Y la “política de austeridad” se impuso, no para corregir sus errores, sino para socializar las perdidas y las culpas. Nada de refundar el capitalismo, ni de apuntalarlo siquiera. Se trata de reducir derechos, desmontar los sistemas de protección social, recortar en servicios básicos como salud, educación o exclusión que constituían los pilares del estado de bienestar, no para hacerlo sostenible, sino para seguir forrándose. ¿Nadie más ve el tigre?

Como siento un firme rechazo moral por cualquier tipo de certeza, y más cuánto más inquebrantable o absoluta se presente, tengo que ejercer un esfuerzo continuado para no dejarme vencer por las evidencias. Pero me está resultando agotador.





Los sobrantes

6 05 2013

Tenía pensado hablar de educación y de filosofía y de cómo queda filosofía en la educación secundaria con la LOMCE, sobre todo, con la convocatoria de huelga general en todos los sectores de la enseñanza para este jueves 9 de mayo, pero he pensado que estos son temas recurrentes, inactuales, que diría Nietzsche, y ahora estamos en tiempos de urgencia y premura, de necesidades perentorias, de hoy para ayer, y es obligado marcar prioridades.

Casa P EstacionLa semana pasada se consumó el desalojo definitivo de una cuadrilla de rumanos que habían ocupado un edificio prácticamente en ruinas en el Paseo de la Estación de Salamanca. Primero, les habían talado árboles y arrasado el jardín más allá de lo exigible a su mantenimiento, y después llegó la orden de desalojo. La casualidad, que muchas veces invierte el orden de su tercera y cuarta letra, la causalidad, digo, hizo coincidir esta orden con los días más fríos del mes. Y esa mera coincidencia puso fin a una ocupación consentida, por la voluntad expresa de hacer “invisibles” a los excluidos, a los sin trabajo, sin patria, sin casa, sin recursos, sin nada. Así que, resultaba difícil taparse con tan poco y con tanto frío fuera.

ensayosobrecegueraEs seguro que en estos escalones de la miseria, donde no hay amparo posible más que la supervivencia urgente y ciega, se den situaciones de explotación extrema como dibujó con viveza Saramago en Ensayo sobre la ceguera. La miseria, como el hambre, tiene esas cosas. Además, si a la exclusión extrema se le une la condición de extranjero, pobre y rumano, ni la condición de invisibles ni la de excluidos es suficiente, habría que hablar estrictamente de “sobrantes”. Y aquí la clave es tomar la perspectiva desde la distancia o desde la empatía, desde la indiferencia y el rechazo o desde la solidaridad doliente. Reconozco que, desde el punto de vista filosófico y también educativo, me he preguntado muchas veces por las experiencias que condicionan esas tan diferentes actitudes y no he llegado a encontrar una respuesta concluyente.

Pero el hecho de encontrarnos cada vez más ante un número mayor de población sobrante, especialmente en este primer mundo que considerábamos tan indemne a estas situaciones, posee una urgencia atronadora. Pido disculpas por este “nuevo crimen contra la filosofía”.

Bien miradas las cosas, a este sistema, a esta Europa, a esta España y a esta Salamanca, en esto que podríamos llamar el “capitalismo real”, como distinto del teórico, le sobran cada vez más personas y más cosas. No solo le sobra la población inmigrante, incluso la europea, si no dispone de trabajo; le sobran,  y en España lo hemos sabido la semana pasada, nada más y nada menos que 6202700 personas; sobra en lo que antes era el sistema público de salud todos los no asegurados, incluso los beneficiarios, los sin papeles, los que han agotado el permiso de residencia, los que no han cotizado y ya pasan de los 26 años, etc.; le sobran los que toman fármacos  por pura maldad; le sobran todos los alumnos con dificultades de aprendizaje, los que no se esfuerzan y los que sí; le sobran materias escolares como la filosofía, la ciudadanía, la plástica o la economía, etc.; le sobran todos los ciudadanos caprichosos que se empeñan en vivir en núcleos de población periféricos a los que no resulta rentable llevar ni el trasporte, ni la educación, ni la sanidad, ni las urgencias, ni otros servicios públicos considerados de primera necesidad; le sobran en proporción y cantidad que está determinándose todavía, pero es claro que le sobran, un montón de jubilados y jubiladas que se empeñan en continuar viviendo, incluso con buena salud, más allá de lo que se considera conveniente; le sobran profesores, médicos, funcionarios (en Portugal, sin ir más lejos, van a despedir nada más y nada menos que a 30000, que se dice pronto, para que la “cosa” funcione pero sin funcionarios, que no deja de ser un galimatías); sobran jóvenes por supuesto, tanto cualificados como sin cualificar, al mayor o al detal, pero sobran y más del 57 %, y eso que el índice de natalidad es de los más bajos del mundo; sobran mujeres, sobre todo, si tienen veleidades de querer decidir sobre su maternidad, más allá de lo que establece la santa madre iglesia; sobran ahorradores arruinados por no entender que las preferentes no eran “su” negocio; sobran casas vacías y sobran hipotecados morosos y sin recursos que tendrán que ser desahuciados por “pura lógica económica”; sobran salas de cine, bibliotecas; sobran lectores; sobran municipios y alcaldes y sobra democracia; sobra un tan largo etcétera, que temo dejar a alguno sin citar.

Así que, la crisis consiste simplemente en eso: concienciar a toda esa ingente población de su condición de sobrantes para que adopten alguna “resolución patriótica” como la movilidad exterior o el suicidio; para que definitivamente sobre esa inmensa montaña de desperdicios y escoria, pueda emerger al fin un mercado totalmente eficiente, sin alteraciones, ni trabas, ni intervenciones; un mercado arcádico ya sin tanta perniciosa anomalía. Y a eso están.








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