¿La bolsa o la vida?

17 02 2015

Decía recientemente Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, que la ley de enjuiciamiento criminal y el código penal españoles están más pensados para el robagallinas que para los grandes defraudadores. Al margen de las posibles interpretaciones, no cabe duda de que quien sostiene esto constituye una voz autorizada en la materia. Ese sesgo de clase tan evidente que presenta la legislación española, porque, al ofrecer no solo un tratamiento diferenciado para los delitos, sino especialmente a la extracción social de los posibles delincuentes que puedan cometerlos (pues resultará tan difícil encontrar a integrantes de clases acomodadas robando gallinas como a miembros de clase baja siendo defraudadores) no carece de “justificación racional” ni, por supuesto, de defensores razonables. Lo mismo ocurre con la tipificación de penas para aquellos delitos que ponen en peligro la vida (como el robo con violencia o el atraco a mano armada) que los que no la ponen (desfalco, fraude fiscal, financiación ilegal o uso indebido de tarjetas black, aunque no llegue a entender cuál podría ser el uso adecuado de semejante invento). Parece justo, entendemos casi todos, que se valore y proteja más el derecho a la vida que el la propiedad.

Claro que la vida digna e, incluso si me apuran, la propia vida está tan ligada a la propiedad, o a un mínimo de recursos materiales, que cuando alguien te priva de ellos, aunque sea sin violencia, no solo te priva de la propiedad que te corresponde, sino de tu propia vida. Así parece evidente hasta el escándalo en todos los casos de ejecución hipotecaria que se han saldado con desahucios sin que se aplicase la dación en pago. Pero también en asuntos como la financiación irregular de partidos como Unión Democrática de Cataluña, condenada ya firmemente en el caso Pallerols, que probó que se desvió el 10% de 9 millones de euros procedentes de la UE para cursos de formación de parados a las arcas del partido. ¡No me puedo ni imaginar la cantidad de problemas que habrían podido resolver con esos 900.000 euros las familias y trabajadores en paro a quienes iban destinados! A muchos, y resultará difícil ponerles nombre, les agravó tanto su situación que terminaron por arruinar definitivamente su vida, si no a perderla. Poco importa ya que devuelvan el dinero o no. El daño está hecho de forma irreparable. Y lo más curioso es que el máximo responsable de este estropicio vital y no solo de recursos siguiese encabezando durante mucho tiempo la lista de políticos mejor valorados, aunque su único mérito reconocido y evidente fuese combinar escrupulosamente el color de las gafas con el de la corbata.

Este eterno problema de la propiedad y la vida se ventila hoy también en Europa. Y se está jugando especialmente fuerte en estos días en Grecia. Los defensores de la propiedad no dudan en exigir el pago íntegro de la deuda como una condición innegociable. Los defensores de la dignidad y de la vida se atreven mínimamente a plantear algo tan cristiano como que la ley está hecha para los hombres y no los hombres para la ley, y que, por tanto, la vida de los ciudadanos griegos vale más que los intereses de los grandes prestatarios.

Sé que algunos tipificarán este análisis como simplista, pero terminarán reconociendo conmigo que, en el fondo, son estos dos valores los que compiten: La bolsa o la vida. Se puede simplificar para entender o ayudar a entender mejor las cosas, pero no se puede engañar y confundir. Porque, a este paso, terminaremos creyendo que los bancos son ONGs. Fíjense si no, en las declaraciones de Rajoy estimando la solidaridad española con Grecia en 26 mil millones de euros que les hemos prestado. Ahora resulta que prestar dinero es ejercer solidaridad y que los más solidarios del mundo son los banqueros. ¿Nos hemos vuelto locos ya?, que diría Bart Simpson.

Son los bancos quienes han prestado muy por encima de sus recursos, no los griegos quienes han vivido por encima de sus posibilidades (que, por cierto, viendo las condiciones de vida en las que sobreviven a duras penas muchos griegos, deben ser las posibilidades reales de vida con las que debían haberse conformado, según los defensores de esa infamia). Los bancos sabían el riesgo que corrían, porque esa es la esencia de su negocio, y no la codicia, que fue lo que los cegó. No pueden pretender ahora, tras haber socializado sus pérdidas, responsabilizar a otros de sus desmanes.

Pero cuentan con poderosos aliados o capataces que ocupan los principales cargos. Así, mantenía Juncker que “no iba a cambiar todo en Europa por un resultado electoral”. Volved a leerlo, porque es escalofriante. Si entendemos bien las cosas, la propiedad no sólo está amenazando la vida en Europa, está cuestionando la existencia misma de la democracia y de la libertad. ¿La bolsa o la vida?, pregona el delincuente. ¿De qué lado están ustedes?





La máquina perfecta

16 07 2013

“El riesgo de dejar pudrir los problemas es que la pestilencia termine invadiéndolo todo.” Joaquín Prieto, “Jugar con los fueros”, El País.

Hay un cuento de Borges recogido en El Aleph titulado “El Zahir” que siempre me generado inquietud. Como el propio Borges atestigua en ese relato, la creencia en el Zahir es de origen musulmana y representa un objeto o una imagen de la que no puedes desprenderte, que no puedes olvidar y que, en la mayoría de los casos, termina por enloquecer a quienes lo poseen. Puede ser cualquier objeto o persona, desde lo más insignificante o lo más valioso, hasta lo más temido o apreciado. Cualquier cosa en cualquier momento puede transformarse y adquirir las propiedades de un Zahir. Pero Borges cuenta la historia de un infeliz que, tratando de huir de un tigre que le perseguía y lo atormentaba, terminó buscando refugio en la celda de una prisión donde encontró la muerte. En su locura, fue pintando durante años un mapamundi completo que contenía todo lo que había visto y soñado y, desde cerca, incluía mares, valles y cordilleras, ciudades y ríos, pero, visto en su conjunto, aquel amasijo de pequeñas figuras insignificantes y tranquilizadoras componían la imagen de un enorme tigre, que al final acabó devorándolo.

Así, si nos dedicamos a observar aisladamente la actualidad política española, punto por punto, nos genera una sensación de cansancio y hastío, por lo repetitiva y mostrenca, que no llegamos a comprender. No es solo el caso de Bárcenas, con sus millones, sobresueldos y chantajes, la Gürtel y sus amiguitos del alma, los trajes, los bolsos, los Jaguar que eclosionan en los garajes, los viajes y fiestas en los que fluyen los confetis como maná en el desierto, Urdangarin, la casa real y las fincas que se venden y que no se vendieron, los ERE de Andalucía, Fabra y Baltar, Núñez Feijo “trasmitiendo honradez” junto a Marial Dorado y tantos otros. Parece imposible que hayamos llegado a esto: ¿cómo es posible que el sistema soporte tantos fallos, tantas irregularidades, delitos y abusos?  Uno a uno, separados y sin relación, son eso, fallos, grandes o pequeños, pero fallos al fin y al cabo. Pero, si tomamos un poco de distancia, si acertamos a ver sus conexiones directas y colaterales, la imagen que trazan en su conjunto, como en el caso del Zahir o como en esas imágenes prodigiosas del ojo mágico, todo cobra otro sentido, dejan de ser fallos aislados para convertirse en una máquina perfecta de corrupción.

La corrupción se presenta cada vez más claramente como el meollo del sistema. No está en la periferia como algo aislado y excepcional, no. Todo el sistema se ha construido para arroparla, darle un envoltorio y hacerla pasar desapercibida. Si no, no se explica que los partidos se dediquen a negarla, a volverla contra los jueces, a hacerse las víctimas de una “causa general” y, lo que es más grave y difícil de negar, a obstaculizar los procesos judiciales, a negarles recursos a los jueces, a dilatarlos con mil triquiñuelas. De verdad, no es posible creer que Bárcenas fuese tesorero del PP durante más de 20 años y lograse acumular una fortuna y que todo fuese una maniobra exclusiva suya. Porque no se entiende que le estuviesen pagando abogados y salario hasta enero, porque fuesen unos cándidos. Y no es posible que Bárcenas tenga en jaque al PP y a su presidente y estos no decidan otra cosa que dejarlo apartado hasta septiembre y que esa les parezca la mejor opción.

Pero esto no es un asunto solo de financiación ilegal de partidos. Esta es la parte visible y los partidos y los Bárcenas quienes se llevaron apenas las migajas del pastel. ¡Y menudas migajas! La propia financiación del estado recaía en un sistema especulativo corruptor y corrupto. Sin los proyectos megalómanos de construcción o inversión pública, las propias administraciones se habrían quedado sin ingresos (y eso no lo admitirían los electores engañados en las tómbolas electorales), porque todo el sistema fiscal solo era autosuficiente sobre ese modelo de crecimiento. Nadie podría negarse porque todos obtenían ventajas, legales o ilegales. Así que todo funcionaba.

El propio bipartidismo en el que degeneró la democracia española (¿o era en verdad solo eso?) funcionó como una gran alfombra bajo la que ocultar (hoy por ti, mañana por mí) los cadáveres, para recolocar glorias o pasar ventajosamente a la empresa privada.

Hasta que la avaricia (así de claro, porque es solo la avaricia) rompió el saco. Y la “política de austeridad” se impuso, no para corregir sus errores, sino para socializar las perdidas y las culpas. Nada de refundar el capitalismo, ni de apuntalarlo siquiera. Se trata de reducir derechos, desmontar los sistemas de protección social, recortar en servicios básicos como salud, educación o exclusión que constituían los pilares del estado de bienestar, no para hacerlo sostenible, sino para seguir forrándose. ¿Nadie más ve el tigre?

Como siento un firme rechazo moral por cualquier tipo de certeza, y más cuánto más inquebrantable o absoluta se presente, tengo que ejercer un esfuerzo continuado para no dejarme vencer por las evidencias. Pero me está resultando agotador.





Con el pacto hemos topado

2 07 2013

Resulta sorprendente e incomprensible, al menos para mí, la buena prensa que tienen los pactos (pequeños, grandes o medianos), pero pactos, entre partidos nacionales. Sobre todo, porque, cuando los pactos son de gobierno y especialmente en los ayuntamientos (tras unas elecciones y, muchas veces obligados por los propios resultados electorales) invariablemente también son señalados como “apaños” o “componendas” poco claros.

Las razones se repiten machaconamente y se asumen de forma general sin el más mínimo análisis. Pero los motivos de una y otra formación para lograr en este caso un acuerdo respecto a la política europea y los “intereses españoles” y su oportunidad deberían ponerse bajo la mirada atenta de los ciudadanos.

Resulta sorprendente que un partido y un gobierno que ha hecho gala y presumido tanto de la mayoría absoluta lograda en las últimas elecciones generales, que nunca hasta ahora han desautorizado la política europea, aunque fuese contraria a los “intereses españoles”, (es decir, no tenemos constancia de ningún acuerdo europeo adoptado con la oposición explícita  del gobierno español), y que han gobernado como nadie a golpe de decreto-ley, ahora se avenga a pactar con el principal partido de la oposición, el mismo que les dejo la terrible herencia que ellos mismos se han encargado de empeorar.

Pero, más difícil resulta entender las razones de PSOE para pactar y para ofrecerse a este y otros pactos futuros. Cuando resultaría lógico esperar que la oposición endureciese su labor, se postulase como alternativa y presentase propuestas distintas de las que aplica el gobierno actual, las mismas que se vienen aplicando desde el giro de mayo de 2010 de Zapatero y las mismas que le llevaron a una dolorosa derrota electoral; pues decide hacer frente común con el gobierno frente a la ahora equivocada, si no pérfida, política económica europea.

Sin duda, solo deben obedecer a razones de oportunidad, porque las razones políticas resultan cuando menos discutibles. Pero las razones de oportunidad que se me ocurren son todas partidistas, salvo que aceptemos la nueva fe del gobierno en que estamos remontando. Y, desde luego, estas últimas no convendrían al PSOE. Así, la oportunidad debe ser otra.

Y solo se me ocurre el miedo. Los dos grandes partidos ven peligrar su bipartidismo con unas expectativas de voto cercanas o inferiores al 50% y otras dos fuerzas emergentes dispuestas a disputarles ese reparto de poder, tan deseable para los poderes económicos y la corrutocracia bipartidista que todo lo empapa, pero tan discutible para el funcionamiento de la democracia, y se apresuran a salvar los muebles de este gran apaño democrático que montaron con relato “verdadero” e “incuestionable” de una transición modélica.

Poco importa que el gran pacto, el pacto social alcanzado en Europa tras la II Guerra Mundial y que llegara tan tardía e incompletamente a España, el pacto de rentas que propició el “estado del bienestar” (en crisis desde los gobiernos de Reagan  y Thatcher) esté ahora cerrado por derribo con la excusa de esta crisis económica. Así, mientras asistimos al desmantelamiento de la sanidad y educación públicas, de los servicios sociales y los derechos laborales y sociales más básicos; a la recatolización de la educación, de la justicia y del ámbito de las decisiones y opciones vitales personales; a la reespañolización y recentralización de competencias y desmantelamiento del modelo territorial, tanto en el ámbito local como autonómico; mientras asistimos a un proceso deconstituyente que nos situará políticamente en el estado previo a la “santa” e “inviolable” (para lo que se quiere) constitución del 78; mientras asistimos a todo esto, como en el anuncio de Jacqs, vuelven los pactos.

Pero en democracia, no debería haber más pactos que las reglas de juego. Porque lo contrario, significaría un pacto de contenidos e intereses. Y eso es justo lo contrario de la democracia, entendida como “expresión pública de la discrepancia de intereses e ideologías”. Resulta incómodo tener que repetir lo obvio, pero hay ideologías porque hay distintas formas contrapuestas de entender el mundo y la sociedad que derivan de explicitar política y económicamente los distintos intereses sociales. Hay que decirlo claramente: No todos tenemos los mismos intereses y, como ahora, las “soluciones” adoptadas hasta ahora solo han beneficiado a una minoría y perjudicado a una inmensa mayoría social: El aumento de la desigualdad y el empobrecimiento de las clases medias no son accidentales. No puede haber “un” gran pacto político para salir de la crisis, porque tampoco hay unos “intereses españoles” comunes. Pertenece a la clase dominante hacer creer a la mayoría social que “su” solución es la única posible o que sólo hay “una” solución.

Si el PSOE cae en esta trampa con los pactos, habrá condenado su futuro y traicionado a su base social. Las alternativas que favorezcan a la mayoría social tendrán que buscarse más a la izquierda.





El fin del bipartidismo y la necesaria democratización de la política

27 05 2013

A medida que se afianza más la crisis financiero-económica, que las políticas de ajuste y austeridad, lejos de frenar o paliar, están reforzando, se va generalizando la inestabilidad a todo el resto de esferas sociales y especialmente a la política. El excelente artículo de Daniel Innerarity El gobierno de los otros reflexionaba sobre los problemas de soberanía democrática en sociedades globalizadas y en construcción como la Unión Europea, y recientemente también hemos asistido en España al debate del fin de bipartidismo que se consolidó desde la transición. Los sondeos electorales presentados en distintos medios coinciden anunciar el desgaste y el declive de los dos grandes partidos, que los situaría cerca de no superar entre los dos el 50% de los votos (28,6 y 25,1, respectivamente, según la encuesta de Metroscopia para El País) y el ascenso de otras dos fuerzas políticas (IU, con el 15,9% y UPyD, con el 10,7%). La proyección de los resultados quedaría como recoge el siguiente gráfico, también  de El País:

simulaElectoralComo siempre, tanto las encuestas como los propios resultados electorales, pueden ser interpretados de diferente manera. Frente a la preocupación de los dos grandes, me imagino que las buenas expectativas para quienes se sitúan como tercera y cuarta fuerzas políticas les habrán llenado de optimismo y energías para seguir en la brecha. Sin embargo, lo preocupante no es difícil panorama postelectoral, sino la consolidación de la abstención, con unos índices de participación que superan en poco al 50%, y el desapego a la política y a la democracia que reflejan.

Todo parece indicar, por circunscribir la crisis política a los resultados de las encuestas, que no es solo el bipartidismo lo que está en crisis, sino el modelo actual de partidos políticos. Y no se trata tanto de cómo sean o funcionen, sino también y especialmente de cómo son percibidos y valorados por los ciudadanos. La clase política es vista como uno de los problemas más importantes por los ciudadanos y los partidos políticos como camarillas cerradas, altamente invasivas y virulentas con las instituciones democráticas que van asaltando, conquistando y absorbiendo para consolidar su poder, ejercer un control partidista y, ya no sé si en el peor o mejor de los casos, para ir colocando a los distintos cargos del partido y sus allegados. En pocos momentos históricos se ha producido una armonía, tan perversa desde el punto de vista político y democrático, entre los intereses privados de quienes solo buscan enriquecerse o medrar y los intereses partidistas a-ideológicos de los dirigentes políticos de mantenerse en el poder. Muchos ciudadanos ya dan por descontado que solo van a “lo suyo”, los “sobresueldos” (en blanco, en negro o en colores) les parece una práctica habitual y asumida, y el sistema clientelar o las prácticas corruptas (“regalos”, amiguismos “del alma” o “devolución de favores”), la lubricación necesaria para que el “sistema funcione”. Y el problema es que el sistema ha funcionado y “funcionado bien”, mientras había reparto al por menor y para contentar de plusvalías, sobretasaciones y recalificaciones. Nadie cuestionaba la “ineficacia” de la administración, con sobrecostes en los servicios, informes y facturas, ni que la corrupción se fuese instalando, no como excepción, sino como norma en nuestras vidas, con el potencial de destrucción masiva que posee para la democracia. Así, hemos llegado a ver y padecer resignados que nuestros políticos no atendiesen preferentemente a nuestras demandas, garantizasen nuestros derechos ni protegieran nuestros intereses frente a las imposiciones de “los otros” de los que habla Innerarity: los mercados, la troika comunitaria o las grandes corporaciones empresariales o financieras. Es más, aprendimos la “complejidad” de eso que se llama “puerta giratoria” y que, por tanto, no debe escandalizarnos que, tras su paso por “esta” política, “nuestros políticos” ocupen después importantes cargos como consejeros de grandes empresas. Así estamos. ¡Qué lejos de la alabanza de la democracia como ideal moral del discurso fúnebre de Pericles!

El problema es alarmante y no se presta fácilmente a apaños de esa “excelencia retórica” que se ha instalado en nuestra vida política del “y tú más”: Hacen falta cambios importantes en el funcionamiento de los partidos políticos, hacerlos más permeables a los problemas y a las reivindicaciones sociales (no se trata solo de proyectos, líderes o estrategias electorales), también hace falta que los ciudadanos se comprometan y participen (lo decía el otro día Baltasar Garzón en una entrevista: “es el momento de participar en la política porque estamos asistiendo a un panorama bochornoso”), pero, sobre todo, es imprescindible la movilización social continuada que exija una transformación en las formas de hacer política (en esto el 15M ha sido pionero), porque los partidos políticos por sí solos son insuficientes para garantizar el ejercicio de la soberanía ante las presiones económicas de los mercados (lo hemos visto en Islandia).

Pero viendo el otro día cómo la interparlamentaria del PP se atrincheraba en el Parador Nacional de Salamanca y aprovechaba para reforzar “su cohesión interna”, me temo que algunos partidos no quieran hacer frente a esta realidad. Y éste sí es un verdadero peligro.





Contraescraches

23 04 2013

El pasado jueves 18 de abril el Congreso de los Diputados aprobó, con los únicos votos a favor del PP, el Decreto-ley de medidas urgentes para reforzar la protección de deudores hipotecarios, que así se llama por fin el decreto con el que el PP ha querido “tener en cuenta” la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), sin recoger ninguna de las propuestas que en ella se contenían.

Resulta francamente preocupante el nulo caso que dispensa el Congreso a las ILP, así que, como nos temíamos, frente al botón verde de “Sí se puede”, los parlamentarios del PP han preferido pulsar el rojo de “Pero no quieren”. Tras el engaño manifiesto que supuso el primer intento de regular las ejecuciones hipotecarias que fue el código de buenas prácticas bancarias, pero que se nos vendió como la única solución posible entonces, ahora no han podido negar, porque la ILP los ha “puesto en evidencia” que no están por la labor de resolver este drama social de forma justa, es decir, asumiendo las propuestas razonables de la PAH, y se han situado claramente de parte de los intereses de las instituciones financieras y no de los ciudadanos. El experimentum crucis de la democracia del que hablaba en Democracias cautivas se ha resuelto sin dejar dudas y, para colmo, no será más que otro parche fallido, otra ocasión perdida para terminar con un sufrimiento añadido. ¡Cuánto dolor innecesario podríamos habernos ahorrado! Pero el dolor infringido innecesariamente a los excluidos no es a los ojos del PP violencia.

Como sí lo es, para ellos, y la de peor especie la que han producido los escraches de los activistas antidesahucios. Sin embargo, tras el enorme esfuerzo que supuso la tramitación de la ILP, la recogida de firmas y lograr que se tramitara en el Congreso, para la mayoría social que respaldaba la iniciativa, que vive y ha vivido de cerca y en primera línea el sufrimiento de muchas familias, el trabajo de los diputados quedaba reducido tan solo a pulsar el botón correcto, el que los convertía en representantes de la voluntad popular. ¡Cómo no sentir frustración ante la impotencia de ver fracasados, sin argumentos y sin explicaciones, la última esperanza, la que exigía a los parlamentarios tan solo cumplir con sus obligaciones democráticas y proteger a los ciudadanos! Ese y no otro es el origen de los escraches de estas últimas semanas sobre diputados populares.

No tengo ni el tiempo ni el conocimiento de Alex Grijelmo en Escraches de ida y vuelta ni de Alfredo González-Ruibal en Escraches, nazismo y arqueología, para analizar el origen de la palabra y de esta forma de protesta, pero me resulta sorprendente que no solo los tertulianos de la tdt party e ideólogos políticos de la talla de Dolores de Cospedal los hayan descalificado (aunque sus comparaciones sean de lo más burdas), sino que se hayan pretendido establecer “límites objetivos, legales y previos” como las viviendas particulares, la presencia de menores o un cinturón de seguridad de 300 m, lo sorprendente es que sean demonizados en general como forma de coacción política no admisible en democracia como hace por ejemplo Patxo Unzueta en Escraches: un problema de democracia, más allá del debate sobre su legalidad o ilegalidad.

Porque a la mayoría nos resulta claro que el límite lo determinan las leyes, sin que pueda presuponerse a priori su ilegalidad, intención o carácter delictivo (lo que nos situaría en escenarios cercanos a la “policía del pensamiento” de 1984 o Minority Report), y, por supuesto, que, en la confrontación de derechos,  la libertad de expresión debe primar sobre la supuesta vida privada, que no intimidad. Pero, sobre todo, es que este tipo de escraches que han protagonizado los activistas de la PAH, no son verdaderamente escraches, sino, si se me permite la expresión, contraescraches, no en el sentido tristemente acuñado por Sigfrid Soria, sino en el sentido literal de que constituyen una reacción contra los escraches, si no violentos, sí persistentes hasta el agotamiento, de los lobbys y la troika europea. ¡Claro que a estos grupos de presión, carentes de legitimidad democrática en sentido estricto, no pueden ser alejados a 300 m, porque están ya inoculados en las mentes, imaginarios y bolsillos de muchos diputados populares!

Enrique Gil Calvo lo resumía muy bien el otro día en Escraches, al compararlos a “una modesta performance que busca sacudir con su catarsis la conciencia del público espectador. Y como tal, una fórmula tradicional de resistencia simbólica, como la cencerrada, el charivari o la cacerolada, que forma parte del repertorio de protesta de las clases populares” y la polémica sobre ellos como un falso conflicto inventado “para hacer desaparecer el verdadero conflicto real: el que enfrenta a los bancos acreedores con sus deudores hipotecarios, a los que se aplica una arcaica legislación que ya ha sido declarada injusta por el Tribunal de Justicia Europeo y por el Consejo General del Poder Judicial.”





No nos salen bien las cuentas

8 04 2013

Se necesita estar muy enfadado, indignado y harto de la escandalosa situación que nos están obligando a vivir, es decir, tan harto como todos los que no hemos vivido ni vivimos de mamandurrias, para escribir y firmar un artículo como el de Nicolás Sartorius en El  País, titulado Vuestro paraíso es su infierno. No quiero evitar su lectura, que resulta muy recomendable, pero sí comentar algunos datos para calentar el debate. Según Tax Justice Network, la riqueza financiera que se oculta en paraísos fiscales alcanzaría como mínimo una cifra entre 21 y 32 billones de dólares, lo que equivale más o menos al doble del PIB norteamericano. De esta increíble cantidad, no tanto porque no lo sospechásemos, sino porque no alcanzo a imaginarme esa cantidad de pasta, el 50% corresponde a 91000 personas, es decir, el 0,001% de la población mundial. De esta forma, debe resultarnos cada vez más claro que es este “escándalo fiscal” una de las causas de la crisis financiera, pero también, lo que está impidiendo salir de ella en condiciones de justicia social, y provocando, por la vía de recortes de servicios, salarios y derechos, que sea la mayoría social y no esta minoría privilegiada quien sufra los efectos de una crisis financiera que no causaron. Lo hemos dicho varias veces ya, pero no está de más repetirlo. Si la cantidad defraudada tributase en los países respectivos, por ejemplo, en España, tendríamos unos ingresos “extra” anuales de entre 60000 y 75000 millones de euros, con lo que cubriríamos varias veces los intereses que pagamos por nuestra deuda o cubriríamos el déficit de este año.

Pero no se trata solo de economía sumergida y evasión fiscal, que ya es grave, sino del desequilibrio tributario consentido y respaldado por los poderes públicos, legal, por tanto, pero injusto e ilegítimo, a todas luces: Mientras la presión fiscal sobre las personas físicas, es decir, sobre las rentas del trabajo, alcanza una media del 40%, las rentas de capital y, sobre todo, los impuestos de sociedades, especialmente de las grandes empresas, no llega al 15%, frente al 30% fijado, gracias a bonificaciones y exenciones fiscales. En definitiva, que aquí solo paga quien no tiene, y quienes podrían y deberían hacerlo proporcionalmente a sus ingresos y ganancias, no lo hacen. Y, como novedad para este año, el ministro Montoro ha anunciado que podrán deducirse fiscalmente las pérdidas de juego en casinos por la ruleta y el bingo. No es una broma. Pero no es una novedad y nadie ha expresado la más mínima objeción al hecho de que puedan deducirse también ingresos en planes de pensiones privados. De esta forma, se cuestiona la sostenibilidad del sistema público de pensiones, mientras se fomenta por la vía fiscal los planes privados. Resulta un contrasentido para cualquiera, pero es una práctica aceptada y compartida.

Y para completar la última guinda de esta estafa consentida por los poderes públicos está el arma de la deuda. La deuda pública española que era del 35,5% del PIB en 2007 ha crecido hasta el 84,1%, merced a la sinvergoncería especulativa del agencias de calificación, que han subido los intereses desproporcionada e incomprensiblemente, pero, sobre todo, por la conversión en pública, al ser asumida por el estado y, en definitiva, por todos, de la deuda privada.  Diagonal elaboraba el otro día un gráfico muy clarificador del ciclo de la deuda.

Así que, está claro que nos salen bien las cuentas. Y no solo en el cálculo del déficit, porque se haya recurrido a la artimaña contable de contabilizar las devoluciones de 2012 en 2013, que es una práctica frecuente y consentida, es que la política de restricción de gastos o de recortes en sanidad, educación, dependencia, pensiones, etc. ha aceptado vivir en una sociedad con una tasa de desempleo del 27%, es decir, ha decidido excluir a los 6 millones largos de parados que tenemos en España. No cuenta ni contará en el futuro con sus aportaciones al IRPF, al IVA, etc. porque ha supuesto que no existen. Simplemente, no cuentan. Así que, el resto de los afortunados que todavía conserva su empleo, debe sufrir los recortes en servicios que la falta de aportaciones de 6 millones de parados han dejado de efectuar.

De ahí que resulte más que nunca necesario hacer pedagogía y movilizar a la sociedad para explicar que hay alternativas económicas, sociales, democráticas y ecológicas al austericidio. Que se puede y se debe hacer una reforma fiscal justa y que garantice la suficiencia financiera, que se puede y se debe auditar la deuda y rechazar el pago de la deuda ilegítima, que se debe y se puede invertir en sectores estratégicos y garantizar servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación, la dependencia y el respeto al medioambiente y que se puede y se debe generar empleo y regenerar la vida política. Claro que hay alternativas, pero no con este gobierno.





Los cazadores de elefantes

8 01 2013

Caja RuralEn estos días primeros de año, en los que resulta tan difícil negarse al tradicional “feliz año” y al mismo tiempo reconocer lo vano del deseo, se hacía el encontradizo conmigo el impactante cartel publicitario de Caja Rural: Una enorme planta de pie calzando un elegante zapato a punto de aplastar a un ciudadano menguante y desprotegido con el lema: “Cuanto más grande sea tu banco, más pequeño hará que te sientas”. Claro, que esto en un proceso de fusiones de bancos en quiebra para conseguir ser “lo bastante grandes para no dejarlos caer”, más que focalizar el mensaje en las bondades de la Caja Rural, se me presentaba como una visión de futuro. Además, el parecido con el porvenir pensado por Orwel en 1984, que ya cité en otra entrada anterior, resultaba más que razonable; ya ni siquiera nos quedaba una vida de hombres-cucarachas desprotegidas, sino aplastados cada vez más.

banes5Y recordaba también la otra campaña publicitaria de Banesto, en la que tras un pasado nada honroso junto Mario Conde, hoy comentarista-todologo de la TDT party con capacidad de moralizar y sermonear desde su intachable integridad de delincuente, también alardeaba de ser “Como debería ser un banco”. Porque dejaba claro (y lo decía de muy buena tinta) que ningún banco de los actuales actúa, ha actuado o piensa actuar como debería. Por eso, me resultaban tan sorprendentes estas campañas publicitarias, porque, queriendo cubrirse ellos, dejaban al descubierto las vergüenzas del resto de la banca. Así que, la verdad, me pareció increíble que tras esta campaña de Banesto de regeneración de la “ética bancaria”, al final acabase por ser la última, porque al parecer terminará siendo absorbido definitivamente por el Santander, de forma que cerrará 700 oficinas y pondrá en la calle a un número todavía no precisado de trabajadores, lo que significará un ahorro de 237 millones de euros en la partida de gastos de personal y se estiman también unas “sinergias (ahorro más ingresos) de 520 millones”, signifique esto lo que quiera significar.

No es por verlo todo negro, pero es que el futuro no sólo ya de los hombres-cucaracha, sino de los “bancos-como-deberían-ser” no parece nada esperanzador.

Por no hablar de la monarquía. Porque, para quienes tengan ya algunos años, con la entrevista al rey de Jesús Hermida, no dudarán un segundo en considerar que han vuelto con fuerza los tiempos del NODO. La entrevista quería servir de espaldarazo definitivo a toda una campaña mediática para “rescatar” la figura del rey y la institución de la monarquía por parte de los de siempre, que les va mucho en ello, pero no parece que haya logrado los objetivos previstos. Estoy siendo comedido. Porque, lo que de veras me recordó fueron las imágenes del “caudillo”, que fue al fin y al cabo su predecesor en el cargo, pescando enormes salmones o cazando ciervos de incontables puntas en su cornamenta, que caían inmediatamente abatidos de un certero disparo. Luego se descubrió definitivamente, y se hizo explicito con nombres y apellidos incluso, que todo era un montaje, como, por otra parte, quedaba bien a las claras que tanta proeza, precisión y fortuna no podía ser más que amañada.

Porque uno de los defectos más repetidos entre cortesanos y aduladores es justamente ese: la desmesura. De tanto ensalzar, alabar, consentir, rebajarse, babear, etc. no consiguen con sus esfuerzos diligentes y serviles otra cosa que recargar más de floripondios el traje que dicen sentarle tan bien al monarca, pero que en realidad solo hacen más explícita y a cada vez a más niños la desnudez del rey.

Así que no faltaba nada más que Rodrigo Rato aceptase levantarse 200.000 euros de nada, sin dedicación exclusiva, siendo consejero de Telefónica junto a otros próceres. Que César Alierta le “devuelva el favor” de proponerlo a la vista de sus resultados no es sorprendente, pero que Rato no crea que tiene el deber moral de rechazarlo, no ya porque tenga problemas legales pendientes por ser responsable del despido de más de 5000 empleados en Bankia, de la reducción salarial del 40% al resto, por la pérdida de más ocho veces del valor de las acciones y por acaparar la ayuda del estado y del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que lo pagamos todos, es una muestra más del descaro y desvergüenza con que operan estos individuos.

Así que, no solo podemos conocer ya nuestro futuro: ser aplastados cada vez más, sino que podemos conocer también quiénes son los que calzan las botas que nos aplastan, que no son otros que los cazadores de elefantes.








A %d blogueros les gusta esto: