¿La bolsa o la vida?

17 02 2015

Decía recientemente Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, que la ley de enjuiciamiento criminal y el código penal españoles están más pensados para el robagallinas que para los grandes defraudadores. Al margen de las posibles interpretaciones, no cabe duda de que quien sostiene esto constituye una voz autorizada en la materia. Ese sesgo de clase tan evidente que presenta la legislación española, porque, al ofrecer no solo un tratamiento diferenciado para los delitos, sino especialmente a la extracción social de los posibles delincuentes que puedan cometerlos (pues resultará tan difícil encontrar a integrantes de clases acomodadas robando gallinas como a miembros de clase baja siendo defraudadores) no carece de “justificación racional” ni, por supuesto, de defensores razonables. Lo mismo ocurre con la tipificación de penas para aquellos delitos que ponen en peligro la vida (como el robo con violencia o el atraco a mano armada) que los que no la ponen (desfalco, fraude fiscal, financiación ilegal o uso indebido de tarjetas black, aunque no llegue a entender cuál podría ser el uso adecuado de semejante invento). Parece justo, entendemos casi todos, que se valore y proteja más el derecho a la vida que el la propiedad.

Claro que la vida digna e, incluso si me apuran, la propia vida está tan ligada a la propiedad, o a un mínimo de recursos materiales, que cuando alguien te priva de ellos, aunque sea sin violencia, no solo te priva de la propiedad que te corresponde, sino de tu propia vida. Así parece evidente hasta el escándalo en todos los casos de ejecución hipotecaria que se han saldado con desahucios sin que se aplicase la dación en pago. Pero también en asuntos como la financiación irregular de partidos como Unión Democrática de Cataluña, condenada ya firmemente en el caso Pallerols, que probó que se desvió el 10% de 9 millones de euros procedentes de la UE para cursos de formación de parados a las arcas del partido. ¡No me puedo ni imaginar la cantidad de problemas que habrían podido resolver con esos 900.000 euros las familias y trabajadores en paro a quienes iban destinados! A muchos, y resultará difícil ponerles nombre, les agravó tanto su situación que terminaron por arruinar definitivamente su vida, si no a perderla. Poco importa ya que devuelvan el dinero o no. El daño está hecho de forma irreparable. Y lo más curioso es que el máximo responsable de este estropicio vital y no solo de recursos siguiese encabezando durante mucho tiempo la lista de políticos mejor valorados, aunque su único mérito reconocido y evidente fuese combinar escrupulosamente el color de las gafas con el de la corbata.

Este eterno problema de la propiedad y la vida se ventila hoy también en Europa. Y se está jugando especialmente fuerte en estos días en Grecia. Los defensores de la propiedad no dudan en exigir el pago íntegro de la deuda como una condición innegociable. Los defensores de la dignidad y de la vida se atreven mínimamente a plantear algo tan cristiano como que la ley está hecha para los hombres y no los hombres para la ley, y que, por tanto, la vida de los ciudadanos griegos vale más que los intereses de los grandes prestatarios.

Sé que algunos tipificarán este análisis como simplista, pero terminarán reconociendo conmigo que, en el fondo, son estos dos valores los que compiten: La bolsa o la vida. Se puede simplificar para entender o ayudar a entender mejor las cosas, pero no se puede engañar y confundir. Porque, a este paso, terminaremos creyendo que los bancos son ONGs. Fíjense si no, en las declaraciones de Rajoy estimando la solidaridad española con Grecia en 26 mil millones de euros que les hemos prestado. Ahora resulta que prestar dinero es ejercer solidaridad y que los más solidarios del mundo son los banqueros. ¿Nos hemos vuelto locos ya?, que diría Bart Simpson.

Son los bancos quienes han prestado muy por encima de sus recursos, no los griegos quienes han vivido por encima de sus posibilidades (que, por cierto, viendo las condiciones de vida en las que sobreviven a duras penas muchos griegos, deben ser las posibilidades reales de vida con las que debían haberse conformado, según los defensores de esa infamia). Los bancos sabían el riesgo que corrían, porque esa es la esencia de su negocio, y no la codicia, que fue lo que los cegó. No pueden pretender ahora, tras haber socializado sus pérdidas, responsabilizar a otros de sus desmanes.

Pero cuentan con poderosos aliados o capataces que ocupan los principales cargos. Así, mantenía Juncker que “no iba a cambiar todo en Europa por un resultado electoral”. Volved a leerlo, porque es escalofriante. Si entendemos bien las cosas, la propiedad no sólo está amenazando la vida en Europa, está cuestionando la existencia misma de la democracia y de la libertad. ¿La bolsa o la vida?, pregona el delincuente. ¿De qué lado están ustedes?





Grecia 25E: el inicio de la recuperación democrática

11 01 2015

Discurso fúnebre de Pericles

En semanas tan confusas como la que hemos vivido, conviene respirar hondo y tomar fuerzas. Y nada más recomendable para eso que volver a los orígenes. Volver a leer el Discurso fúnebre de Pericles otra vez para valorar la grandeza de la democracia, no solo como forma de gobierno, sino especialmente como expresión de la grandeza moral de sus ciudadanos. La democracia como forma de vida que sentimos atacada indefectiblemente cuando es golpeada por el terrorismo islamista, sin que ocurra lo mismo cuando se ve atacada, acorralada y maniatada por los poderes financieros y sus representantes políticos en las principales instituciones europeas.

Nadie entre los medios que ahora se rasgan las vestiduras en defensa de la democracia ultrajada, levantaron mínimamente la voz cuando el anuncio de las elecciones anticipadas en Grecia y la posible victoria electoral de Syriza fue objeto de un ataque feroz. Los peores augurios se levantaron sobre la mera posibilidad de cuestionar democráticamente los remedios envenenados de la Troika para Grecia y las economías del sur de Europa: La mayor devastación económica y financiera caería como una plaga atroz sobre los griegos si osaban revisar la legitimidad, los plazos o las condiciones del pago de la deuda pública optando por votar a Syriza. ¡A ver si los griegos se van a tomar la democracia en sentido estricto! ¡Democracia, sí. Pero como Dios (sive mercatus) mandan!

Se puede votar a cualquiera, siempre que ese cualquiera sea el que la Troika, que es la bochornosa representación política de los intereses de los grandes poderes financieros, así lo quiera. Si no, habrá que volver a repetir una y otra vez la votación hasta que se consiga el resultado deseado.

Todos quienes han utilizado el miedo ven el posible giro democrático en Grecia como una amenaza a la estabilidad, al orden establecido y a sus intereses o, simplemente, repiten ciegamente la voz de su amo. Porque como bien decía Manuel Escudero en “Carta a la Troika sobre Syriza”: “Para muchos, lo que pasa ahora en Grecia […] no infunde miedo sino esperanza.”. Para quienes han sufrido una tras otra las imposiciones de la Troika (recortes en sus salarios, en sus pensiones, en la protección social), para quieres engrosan la cifra de desempleo y no ven ninguna salida, para aquellos a quienes se ha condenado a vivir por debajo del umbral de la pobreza, sin que vean que su sufrimiento sirva para otra cosa que para elevar constantemente la deuda pública hasta hacerla imposible y sin más horizonte que otra vuelta de tuerca. Para todos esos que ya no tienen nada que perder, la posibilidad de un cambio no puede ser otra cosa que una enorme esperanza.

Alexis Tsipras, lider de Syriza.

Pero, además, es muy posible que nada de lo que los oscuros vaticinios de los defensores del dogma económico imperante y sus acólitos han pronosticado se haga realidad. Especialmente, que se fuerce a Grecia a abandonar la Eurozona. Principalmente, porque, como bien mantiene Vicenç Navarro a los principales acreedores no les interesa nada. Y la situación en Grecia es tan extrema que, sin darle una salida razonable al problema de la deuda, las posibilidades de llevar una vida digna y que permitan el mínimo de independencia social para ejercer con libertad los derechos políticos, la democracia se habrá convertido definitivamente en un simulacro.

Por eso, es posible que el día 25 de enero vuelva a ser Grecia, como ya lo hizo con Solón, Efialtes y Pericles, quien vuelva a marcarnos el camino de la democracia, el que se juega en decisiones libres que garanticen la vida digna a la mayoría social frente a la imposición de los intereses de una minoría, el que se funda en la igualdad de todos y la libre determinación social frente al que nos condena a la desigualdad y blinda el beneficio depredador de los poderosos, el de la justicia social frente a la codicia, el que hace, en definitiva, que la democracia no se abochorne de su propio nombre. Solo así, volverán a resonar con fuerza las palabras de Pericles ensalzando los valores de la democracia y reclamando honrar por siempre a quienes la defienden.

Sin duda, tenemos que estar expectantes porque este mes de enero de 2015, un año cargado de citas electorales también en España, puede ser, empezando por Grecia, el año de la recuperación democrática. Y tendremos que darle la bienvenida como se merece.





No se puede ni mirar para otro lado

31 10 2014

Asqueado por la serie continuada y creciente de casos de corrupción, he decidido desviar la vista y a mirar para otro lado, porque, de verdad que ya resulta insoportable. Y es difícil porque la corrupción te rodea como un chapapote viscoso allá donde vayas y mires donde mires. El PP, que es incapaz de distinguir el parlamento de un confesionario, ha forzado al presidente de gobierno a pedir perdón, y ha anunciado nuevas y definitivas medidas. Pero eso es tanto como pedirles a los lobos que redacten un reglamento para proteger a las ovejas. En buena lid, deberían nombrar como presidente de esa comisión anticorrupción a Francisco Granados, que ya impartió doctrina verdadera en los púlpitos mediáticos del PP de telemadrid que ahora es rtve. ¡Que hay que oírlo! Con lo fácil que lo tiene. Que empiece por disipar dudas y negar frontalmente la posibilidad de indulto para el señor Fabra ingrese ya en prisión, porque cada día que pasa fuera de la cárcel este afortunado presidente, más y más credibilidad pierde el partido que nos malgobierna.

Así que, he esperado a este jueves para que Juan Carlos García Regalado completase en La Gaceta su tríptico definitivo contra las peores lacras urbanas que asolan, no solo la ciudad de Salamanca, sino a la propia democracia y al mundo entero: Los peatones, los ciclistas y los corredores. Leí accidentalmente la columna dedicada a los ciclistas y me enganchó. De verdad que no tienen desperdicio. Hay que leerlas todas desde la dedicada a los peatones el jueves 16 de octubre hasta la definitiva de este último jueves sobre los corredores. No sé ni quiero saber quién la eminencia que se esconde tras esa firma, pero, ciertamente, reconozco que debo colmar sus peores pesadillas por cuanto comparto la triple condición perversa de peatón, ciclista y corredor. Vaya desde aquí por delante mi más absoluta complacencia por generarle alguna incomodidad (que confío que sea mucha) a este individuo y quienes representa.

No acierto a ver desde qué perspectiva puede alguien emprenderla, como hace este señor, contra estos ciudadanos, entre quienes no ha incluido, por despiste seguramente, a los usuarios del transporte público, y de donde excluye, razonable y razonadamente, a los conductores, únicos usuarios autorizados de las calzadas, aceras y de cualquier espacio público, por lo que se deduce. Pero baste el inicio de la serie para darnos alguna pista: “El “derecho a”, el derecho al yo, sin contestación ni obligaciones, ha sido otro de los “derechos” mal entendidos que trajo la democracia, esta democracia española tan mal llevada, tan mal digerida… Tan idiota. Hoy inicio una breve serie sobre estereotipos de salvadores de los derechos ciudadanos, aunque en realidad no son más que irresponsables suicidas.” ¡Ahí es na!—que diría un castizo.

Este “señorito” pretende distinguirse socialmente de quienes van caminando, en bici o deciden correr por la ciudad, no denunciando algunos abusos, que los hay y son censurables, sino haciendo una generalización ilógica y sumiendo en el ridículo a todos quienes han optado responsablemente por una forma de movilidad más razonable y sostenible o quienes quieren mejorar su condición física y su salud. Se sitúa magníficamente y desde una marcada superioridad moral por encima de esos ingenuos, inconscientes, cuando no suicidas, que van a pie, en bici o sudando agónicamente por las calles. No puedo por menos que volver a citarlo: “El peatón pone el pie en la calzada y es Colón poniendo pie a tierra. Y entre morir atropellado por un coche (que puede estar conducido por un loco o simplemente por un despistado) o dejar que pase aunque “atropelle” nuestros derechos, por supuesto el peatón elige morir […] El peatón, él solito, escenifica el país de anormales que han, que hemos construido, […] Tontos con derechos, ya sea a robar, a insultarnos… o a morir en nombre de los “derechos”.

Resulta tan patético, no obstante, como todos esos fumadores graciosos que se permiten hacer gracias y repartir consejos a quienes no fuman, en nombre de una vida mejor, más placentera y sin exigencias, que es la que ellos representan. Incapaces de ver un ápice de responsabilidad, compromiso, aspiración a una vida más saludable y mejor para todos, incapaces digo, de reconocer la virtud, se limitan a ultrajarla. Lo peor es que este tipo de individuos tiene su público y una clá incondicional. Como cuando Aznar bromeaba contra las recomendaciones de Tráfico sobre la bebida haciendo los honores en una bodega. Por eso, cuando analizamos a Granados y tantos otros casos de corrupción que nos parece que rebasan los límites, no debemos olvidar a este coro mediático que les ríe las gracias, que las comenta en los medios de comunicación y son su fundamento moral, porque solo así podremos entender hasta donde ha llegado la podredumbre moral que estos señores representan.





La necesidad de la disidencia para la democracia

23 09 2014

Leí esta semana en un medio local de Salamanca, en una morcilla de opinión que suele incrustar en artículos de información, la valoración despectiva que le merecía la contestación a la construcción de un aparcamiento subterráneo en el Parque Infantil de Garrido. Toda la oposición al proyecto quedaba reducida y manipulada de forma simplista a un “No sé, pero me opongo”.
Aunque pueda resultar más que discutible calificar como medio de comunicación a este periódico, cuya sola existencia se justifica exclusivamente en la defensa de los intereses económicos de sus propietarios, es decir, del conglomerado político-empresarial que dirige el Ayuntamiento de Salamanca, el desprecio que expresa hacia cualquier forma de disidencia con los proyectos del actual equipo de gobierno lo convierten no solo en altavoz político-gubernamental, sino en agente decidido de la represión y el control ideológico. Ya no es solo que no tengan cabida en sus páginas las posiciones discrepantes (en esta lógica perversa para un medio de comunicación, pero que hemos terminado aceptando como normal, de que “no van a ellos quienes den difusión a quienes están en contra de sus intereses”) y, ya sabemos que, en las democracias mediáticas actuales, lo que no aparece en los medios no existe; sino que arrojan al espacio ideológico de lo inconsistente toda discrepancia. Desconozco si estas prácticas son fijaciones de comportamientos aprendidos del régimen totalitario nacional-católico del que provienen y en quien se complacen. A mí, solo me corresponde la denuncia de estas prácticas y la defensa de la disidencia, más que del seguidismo sumiso, para el correcto funcionamiento de la democracia.
“Es mentira que no tenga enemigos. Es mentira que no tengan razón”, cantaba Sabina, en una forma certera de expresar la tolerancia y la parte de verdad que hay que reconocer a quienes no piensan como tú. En nada de esto, que se sitúa en el meollo de la democracia, es decir, los valores a los que se pretendía sensibilizar desde la Educación para la Ciudadanía, hoy cesante, se han educado estos “periodistas locales”. Es más, se muestran especialmente refractarios a ellos.
Pero, sobre todo, me parece especialmente preocupante en quienes ejercen el poder prefieran siempre rodearse de incondicionales y aduladores y despreciar a quienes disienten, o, como en el caso que nos ocupa, encargarles su liquidación ideológica a los “medios de comunicación” amigos. Porque la articulación de la disidencia, de la insumisión y la construcción de un posición alternativa contraria y enfrentada requiere siempre un plus de coraje intelectual y de valor moral, frente a la aceptación, la obediencia y el acatamiento incondicional. Siglos de evolución y de control social de la disidencia han terminado por generar poblaciones con “moral de rebaño”, que diría Nietzsche, dóciles y sumisas. Incluso en este género tan nuestro que es la picaresca, la socialización final del “héroe” pasa por aceptar las servidumbres que exigen el éxito social que expresa “rodearse siempre de buenas compañías”.
Quizás quien primero reflexionara sobre esto fuese Etienne de la Boëtie en su Discurso de la servidumbre voluntaria o el Contra Uno. Quizás, también, este artículo no busque otra finalidad que animar a su lectura. Este humanista francés, al que conocemos por su amistad con Montaigne, de quien siempre digo que es uno de mis filósofos de cabecera, se plantea justamente eso. ¿Por qué aceptamos someternos al poder de uno? ¿Por qué renunciamos tan fácilmente a nuestra libertad? La sola insolencia de la pregunta, la convierte ya en peligrosa. Porque, en su respuesta, no hace recaer la responsabilidad principal en el soberano, sino en la falta de coraje de quienes se pliegan cómodamente a obedecer. Por eso, la fortuna hizo que esta obrita fuese breviario de protestantes y hugonotes frente a los católicos en esa sangría que fueron las Guerras de Religión francesas del siglo XVI. Pero, sobre todo, también quiera destacar el coraje de Montaigne al publicar este panfleto tan contrario a sus intereses, siendo católico hasta la médula, lo que no puede significar en él más que con dudas y personalmente, y, sobre todo, manteniendo posturas tan conservadoras en lo político.
De forma que, como conclusión a todo este rodeo tan del gusto de Montaigne, tendríamos que defender justamente lo contrario de lo que mantiene la línea editorial de esta “prensa canalla”, es decir, exigir que se paralice la obra, que ya se inició sin permisos, y reconocer la necesidad de escuchar las razones bien fundadas de quienes se oponen al aparcamiento subterráneo, ante cuyo proyecto me imagino a los políticos locales en actitud semejante a lo que eran objeto de comentario de Millás; y repudiar a una prensa que, lejos de asumir la responsabilidad de ser el “cuarto poder” de la democracia, va incondicionalmente de la mano de los poderosos para repetirnos invariablemente ante cualquier proyecto municipal “No sé, pero lo apoyo”. Y esto es justo lo que no necesitamos en democracia.





No basta con pedir disculpas

16 09 2014

Cualquiera que haya viajado por España durante este verano, sin que importe la dirección o el destino, habrá tenido constancia del fracaso y el abandono de numerosos proyectos de polígonos industriales, urbanizaciones, parques tecnológicos, etc. y, muchas veces, como si hubiera sido obra de una catástrofe repentina y desconocida, las obras han sido dejadas de un día para otro, suspendidas en el tiempo, con las grúas todavía instaladas, inmóviles, que han sido aprovechadas por las cigüeñas para anidar en algunos casos, con sus carteles descoloridos, pero proclamando orgullosos todavía lo que pudo ser y no fue, señas inequívocas de un esplendor truncado, de una ambición imposible fruto de una vanidad sin medida. Se pueden ir enumerando, tantos a la derecha, tantos a la izquierda, todo un enorme derroche de recursos públicos, expuestos sin remedio al deterioro y al olvido. Estamos hablando solo de las “pequeñas” obras sin catalogar, no de las grandes que ya han merecido secciones enteras de denuncia en informativos, como los aeropuertos sin estrenar y otros proyectos megalómanos por los que se hundió sin remedio el dinero de todos.

Este paisaje urbano de la crisis abre sin remedio a numerosas cuestiones. Por los responsables, en primer lugar, ocultos, sin asunción de responsabilidad e impunes bajo el paraguas de las instituciones; por los motivos de lo que ahora descubrimos inequívocamente como despropósito y que fue presentado como necesidad perentoria para el progreso y el desarrollo local; por si hubiera alguna posibilidad, por remota que fuera, para que esos esqueletos ruinosos sirviesen de símbolo, escarmiento en cabeza propia y propósito de enmienda para el futuro. Para que no sean sin más, indiferentes, proyectos truncados sin motivo por el devenir caprichoso de una crisis, tan incomprensible como la meteorología y tan imprevisible como el advenimiento de una glaciación.

Pero, pese a las patentes evidencias y los enormes daños colaterales producidos, parece que nadie, y cuando digo nadie, me refiero aquí a los dos grandes partidos, han cuestionado este modelo de hacer política, centrada más en la obra nueva, que en la rehabilitación y recuperación, en atender preferentemente las demandas de las empresas que las necesidades de los ciudadanos y, sobre todo, en convertir las campañas políticas en una subasta imposible de ver quién da más. Los políticos se convierten así en rehenes de las empresas, a quienes atienden solícitos y ante quiénes únicamente rinden cuentas; mientras que los ciudadanos quedan reducidos a una masa indiferenciada que puede contentarse fácilmente con el reparto de unos caramelos y el oropel de las promesas. Por aquí puede rastrearse la perversión de la democracia que estamos viviendo y la fuente de todas las corrupciones.

En Salamanca, tenemos el caso de la Ciudad Deportiva de La Aldehuela, el proyecto de dotar a un ya espléndido y muy utilizado parque deportivo, con pistas para distintos deportes y una estupenda piscina, de una pista cubierta de atletismo, con la consiguiente remodelación del parque. El proyecto contó con todos los beneplácitos posibles de la Junta de Castilla y León, del Consejo Superior de Deportes y, por supuesto, del propio Ayuntamiento de Salamanca que sacó a concurso la obra con una concesión de explotación de las instalaciones de cuarenta años. La empresa concesionaria quebró dejando tras de sí un reguero de deudas a las empresas subcontratadas, de compromisos incumplidos, conflictos legales y, por supuesto, la obra sin terminar y el parque cerrado.

Tan solo algunos grupos minoritarios como IU manifestamos nuestro rechazo al proyecto, poniendo en cuestión seriamente la necesidad de la instalación, pero, sobre todo, su viabilidad y la discutible legitimidad que tiene hacer una concesión de tantos años con una corporación que solo ha sido elegida por cuatro. Es fácil sacar pecho ahora y mantener “ya lo dijimos”. Pero lo cierto, una vez más es que el esqueleto paralizado de la pista de atletismo y el cierre durante años de La Aldehuela para el disfrute público no han servido para cuestionar el proyecto. Hasta por dos veces ha salido otra vez a concurso, adjudicándose al final a una de las empresas subcontratadas en el proyecto inicial, una empresa que aspira lógicamente a poder cobrar su deuda, pero que resulta más que dudoso que pueda cumplir los plazos y las nuevas condiciones del contrato más restrictivas todavía.

Como una profecía autocumplida, a fecha 1 de septiembre ya no ha cumplido y seguimos con La Aldehuela cerrada. El alcalde de Salamanca ha pedido públicamente en un Pleno Municipal disculpas a los salmantinos. Pero, aquí, como en tantas cosas, las disculpas ya no son suficiente.





El bochorno

9 09 2014

Al decir de Aristóteles, la vida práctica, que es aquella dedicada al ejercicio de la política, persigue como único fin, no la felicidad o el placer, sino el honor. El desprestigio que sufren los políticos en la actualidad hace que esta afirmación clásica suene más a expresión de un desiderátum que a una correcta descripción de la vida política. No obstante, existe un mínimo de honradez intelectual que traza una línea roja, por debajo de la cual se abre un abismo sin fondo en el que la conciencia y el recuerdo del bochorno deberían bastar para forzar el abandono.

Algo debe pasar por tu cabeza cuando reconoces que el argumentario remitido por la oficina de prensa no hay por dónde cogerlo, porque, de tanto retorcer el lenguaje para presentar como creíble lo imposible, se aboca al absurdo o la estupidez. El mínimo de honradez exigible para cualquiera que quiera dedicarse a la política le obligaría a plantarse, a decir “por ahí no paso y punto”. Es sencillo. Pero, si no lo haces, entras en una zona anómica, impredecible, de indignidad creciente, en caída libre y sin retorno.

Algo parecido debieron sentir Carlos Floriano y Dolores de Cospedal cuando tuvieron que vérselas ante la opinión pública para defender lo que les había remitido su oficina de prensa para explicar el no despido por imposible o el salario como despido pactado en diferido. Son momentos que se han incorporado ya como hitos destacados en la historia universal del bochorno.

Y algo parecido deben sentir ahora en esta defensa a muerte de eso que han terminado llamando “elección directa del alcalde”, medida que quieren introducir por lo civil o por lo criminal, pactada o no, en la reforma urgente de la ley electoral. No hay manera de explicar la necesidad y la urgencia de adoptar una medida así y, sobre todo, menos aún de ligarla a “regeneración política”. Chirría por todos lados. Ni siquiera quienes se ven obligados a defenderla por disciplina de partido se la creen, y los esfuerzos argumentativos se reiteran vacíos, aprendidos de memoria y sin convicción.

Cuando la crisis de representatividad de los políticos señala inequívocamente al bipartidismo como principal responsable, se pretende ahora apuntalarlo en el ámbito local, argumentando justamente razones de cercanía. Cuando el problema principal de la administración local es el clientelismo constituido y asentado institucionalmente y la corrupción, como bien señala Soledad Gallego en “Menos hablar de mayorías y más controles locales”, y no la falta de estabilidad política o gobernabilidad, que es lo que se pretende con esta medida. Y, sobre todo, cuando la política democrática debería sustanciarse en el terreno de las ideas y las propuestas y no en el de los personalismos ni en los liderazgos individuales sino colectivos.

Sin duda, debe resultar bochornoso salir a defender una medida justificándola en lo contrario que se busca con ella. Pero hasta esos extremos ha llegado la política española.

Y con una mezcla de ese mismo bochorno y perplejidad leí el otro día la entrevista a Alfonso Fernández Mañueco, alcalde de Salamanca, en un medio local. Debe ser difícil para él creerse ya el propio titular. “Nunca he estado en la carrera para suceder a Herrera”. Toda la vida haciéndose pasar por el delfín para negarlo ahora sin pestañear. Es posible que si lo repite varias veces, incluso, pueda llegar a creérselo, pero dudo que pueda convencer a la opinión pública salmantina.

El caso es que la entrevista sirve básicamente para postularse como candidato a la alcaldía por el PP, si así lo estima oportuno el partido. Y, por supuesto, reacio a su designación en unas primarias, con una afirmación cuanto menos paradójica: “Yo ya he pasado unas primarias que fueron las elecciones de 2011”.

Y, ya en estas, no puede sorprendernos que se declare firme defensor de la “elección directa de los alcaldes”, con el argumento falaz e insostenible de “evitar que se gane en los despachos lo que se pierde en las urnas”, en alusión a la constitución de mayorías en pactos postelectorales, algo que resulta una práctica impecable de la regla de la mayoría que constituye la esencia de la democracia, pese a que ahora quiera decirse lo contrario.

Pero el señor Mañueco parece olvidar que encabezar una lista cerrada, elaborada por un partido, no es en modo alguno unas primarias, ni tampoco que llegó a la alcaldía en una campaña cerrada y rechazando participar y confrontar públicamente en ningún debate abierto con el resto de los candidatos a la alcaldía. Algo en lo que debió estar bien asesorado por su equipo de campaña, que, sin duda, le aconsejó con “buen criterio” que en esa exposición pública tendría mucho que perder y nada que ganar. Otra prueba más de que la amnesia es el antídoto del bochorno.





El oxímoron de la regeneración democrática

22 07 2014

En estos días hemos asistidos con cierta perplejidad a la peregrina propuesta del PP de elección directa de los alcaldes como medida de regeneración democrática. Cuando parece a todas luces evidente que esta ocurrencia veraniega no es más que su vieja aspiración de obligar a que se nombre alcalde al cabeza de la lista más votada; lo que hace imposible la también muy democrática política de pactos postelectorales, además de generar, en su aplicación mecánica, enormes problemas de gobernabilidad en la práctica; lo que sigue sin explicar es qué relación tiene esa medida con la regeneración democrática y cómo puede contribuir a ella. Más bien parece que el PP teme quedarse solo en el baile y, ante la tesitura de no encontrar quien le pacte y, en consecuencia, perder un importante número de alcaldías, pretende blindar por ley que el primer edil sea el o la cabeza de la lista más votada. Se trata de asegurarse por una vía muy poco democrática el gobierno en minoría de los ayuntamientos en los que pueda perder o no alcanzar la mayoría absoluta. Vamos, que de lo que se trata es de aferrarse en el poder, aunque las urnas digan lo contrario, que ya me dirán ustedes qué tiene eso de democrático o cómo puede contribuir a su regeneración.

La verdad es que en boca o en manos del PP “regeneración democrática” o “regeneración política” se convierte en un oxímoron. Repasen, si no, cómo han acabado con los suplentes de la lista y han tenido que elegir de nuevas al tercer alcalde ya en esta legislatura y a buena parte del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Santiago de Compostela, porque el resto de los cargos estaban implicados en distintos casos de corrupción. Sin duda es este el modelo de “regeneración política” con “elección directa” (por el partido) y “revocable” (por los tribunales) del alcalde que el PP propone y pretende generalizar a todos los municipios de España. Si el PP fuese un partido serio, no tendría mesas dónde meterse debajo, y no por “vergüenza torera” (que tanto le gusta a Doña Esperanza), sino por “vergüenza política”, que es la línea roja irrebasable de la honradez y la dignidad.

Tampoco le iría mejor al parlamento valenciano si tuviesen que abandonar su cargo los imputados por corrupción, porque de la Gürtel, Bárcenas, Fabra y Baltar mejor no hablamos. El PP no solo está hasta el cuello de casos de corrupción, sino que además ha dilatado y sigue dilatando hasta donde sea posible la investigación judicial y la ha entorpecido por todos los medios cuando ha tenido ocasión. En esto, Federico Trillo ha sido un maestro y sus desvelos por el partido han sido recompensados con la embajada en Londres.

Al PP, el marco de libertades y de participación política del actual ordenamiento jurídico no solo no le parece insuficiente, sino que ha hecho todo lo posible por acotarlo y limitarlo a aquella interpretación de la ley que lo vuelva más restrictivo. Buena prueba de ello, son los reglamentos de participación ciudadana y las ordenanzas reguladoras de la actividad política replicadas en todos los ayuntamientos donde poseen mayoría y de los que Salamanca no es una excepción.

Y, ahora, la nueva ley de seguridad ciudadana será el marco que limite todavía más las manifestaciones de protesta. Cuando no se ha puesto ninguna objeción, sino más bien se ha tapado hasta convertirlos en inexistentes por opacos y misteriosos, los “escraches de guante blanco” de los distintos lobbies, se ha optado por blindar judicial y policialmente a los representantes de sus representados.

Pero, si la regeneración democrática no va por la línea de luchar y acabar con la corrupción y a quienes la amparan, y por flexibilizar y hacer más efectiva la participación política en un sistema bipartidista esclerotizado, no hay manera de entender qué se quiere decir con ello, o solo se pretende confundir.

Además, si esperamos que sean otros poderes o instituciones del estado los que impulsen esa necesaria “regeneración”, veremos también cómo o se les han cortado las alas, o son más de lo mismo. Ya debería resultar preocupante que los únicos condenados en la Gürtel sean miembros del poder judicial que investigaba las tramas de financiación ilegal del PP, pero que la situación recientemente conocida del Tribunal de Cuentas (que ya ha tenido siempre la precaución de investigar siempre las cuentas ya prescritas) sea considerada “normal” es totalmente desalentador.

No nos dejemos engañar, los males del actual sistema constitucional y político español no pueden resolverse con una simple “regeneración”. El PP y el PSOE han hecho imposible mantener un correcto funcionamiento democrático con “ligeras reformas” dentro del marco constitucional. Es necesario un nuevo “proceso constituyente” liderado por fuerzas democráticas y no por la oligarquía gobernante y, cuanto más lo dilatemos, más necesario será.








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