Con mis mejores deseos

29 12 2014

A quienes veníamos repitiendo hasta la saciedad que no hay salida posible de esta crisis con las medidas adoptadas hasta ahora cada vez vienen a darnos más la razón. Y con “salida de la crisis” entiendo, y creo que solo puede entenderse, “salida social”, es decir, una salida para la mayoría social que corrija los errores, garantice y asegure mejor sus derechos. Es más, parece que cada vez coge más fuerza la doctrina del shock que interpreta la crisis, no como una consecuencia indeseada de la especulación y la desregulación de los mercados financieros, sino justamente como el mecanismo que han empleado eso que se ha consagrado impersonalmente como “los mercados” para vencer las resistencias sociales y democráticas y conseguir imponer por el miedo o la fuerza sus objetivos e intereses. Por eso, no es que no se haya vuelto a hablar de “refundación del capitalismo” ni tratar de corregir los errores del pasado, sino que se ha forzado a los gobiernos a cambiar las leyes para dejarles franco el camino hasta la victoria final. La suya, claro, que no es la nuestra.

La “solución” estaba ante nosotros desde el principio. Se trata de transformar la crisis y el sufrimiento generado y generalizado en normalidad. Lo ha dicho bien a las claras nuestro presidente de gobierno recientemente y Soledad Gallego-Díaz lo glosaba en su última columna: “La crisis económica ha terminado, anuncia el Gobierno en España. Probablemente, las cifras le den la razón. Pero si la crisis ha pasado, ¿lo que tenemos ahora es la normalidad? ¿Es esto lo que nos espera durante la próxima década?”.

Por eso, el cuestionamiento de la reforma constitucional del artículo 135 que constitucionalizaba el pago prioritario de la deuda antes que la atención de las necesidades sociales no tiene ni tenía un valor meramente simbólico. En este sentido, la auditoria de la deuda y su refinanciación, que son objetivos imprescindibles si se quiere no solo garantizar los servicios públicos, sino simplemente “hacer política”, es decir, poder tomar decisiones de forma autónoma con la legitimidad y el respaldo de las urnas, sin que la “dicten” sutilmente, pero con mano de hierro, los acreedores. Y ya solo el simple hecho de plantearlo es motivo de mofa, de acusar de no saber nada de economía; pero, cuando la posibilidad se torna real, como en el caso de Grecia, enseguida se blande el fantasma de la inestabilidad.

Y lo mismo ocurre con la pretensión de subir los impuestos a los ricos. Incluso, sin subir. Simplemente, con exigir que paguen lo que les corresponde. Marc Márquez, por ejemplo, ha anunciado recientemente que se va a vivir a Andorra para pagar menos impuestos. Pero la lista de estos “patriotas”, que son aclamados y recompensados constantemente por lucir la “marca España” es muy larga. Como la de quienes siendo personas fiscales facturan a través de sociedades, porque les trae más a cuenta. Y lo mismo ocurre con las grandes empresas que facturan desde el extranjero, se acogen a rebajas fiscales sin cuento, hasta conseguir que el tipo efectivo no pase del 5 o el 10%.

Pero los que “entienden de economía” lo tienen bien claro: “Es preferible hacer todo lo posible por mantenerlos. Un país es rico por sus ricos. Si no les consientes que paguen los impuestos que quieran, se marchan. Y es mejor que vivan en España”. Lo habréis oído hasta la saciedad. Al último que le oí una defensa incondicional de esta postura fue a Manuel Pimentel en Salvados. Y mantener lo contrario es “no saber de economía”.

Sin embargo, creo que en estos dos casos los conocimientos de economía no son lo determinante. No se trata aquí de no saber, de “intervenir” e “interferir” peligrosamente en inamovibles leyes económicas escondidas en recónditos e incompresibles modelos matemáticos. Se trata de asuntos más simples e intemporales. Se trata en el primer caso del viejo matonismo que en su fórmula escolar sería “si no pagas, te pego”. Es tan simple que no hace falta ni un master ni saber nada de economía, se aprende a sangre y fuego en infantil. El otro es tan antiguo como este, pero también simple. Sencillamente, los ricos ni cumplen ni quieren cumplir las leyes. Ya lo decía Aristóteles “los que tienen demasiados bienes de fortuna […] ni quieren ni saben ser gobernados” (Política, IV, cap. 10). No hay más.

Por eso, en estas fechas tan señaladas, no puedo por menos que transmitir mis mejores deseos a todos los hombres de buen corazón para el próximo año: Tratemos que estos “patriotas” no tengan ningún sitio a donde huir, que la justicia social en forma de leyes fiscales justas los persiga allá donde vayan. Que así sea, para que 2015 empiece a ser un buen año. S y R.

Anuncios




Lo peor es que es legal

18 11 2014

Tenga el recorrido que tenga el asunto de los viajes privado-publicados de Monago, no parece que el caso le haya quitado mucho el sueño. Puede, como está haciendo, abrir una sombra de duda sobre su justificación y con eso le sobrará para mantenerse cuando no afianzarse en el cargo. Y tiene razón. Quizá quien mejor lo haya dicho sea su compañero de partido y de correrías en canarias, Carlos Muñoz, diputado por Teruel: No piensa devolver el dinero por hacer algo que ni estaba prohibido ni era ilegal. Y vuelve a tener razón. Porque, no podemos confundir la moralidad y la legalidad y, para nuestra desgracia, en este caso y en los que siguen, lo peor es que es legal.

Que los diputados y senadores dispongan de crédito para viajar sin necesidad de justificarlo no obedece al criterio de libertad y discreción en el ejercicio de su cargo, como mantenía el presidente del Congreso de los Diputados, de forma que el control signifique recorte de las libertades políticas. No. El problema reside en que el reglamento que lo permite hace recaer su uso en el honor y la honradez de los representantes electos. Algo así, como si hubiese pervivido una “moral de caballeros”, con un código moral estricto que hiciese innecesario un control legal. Pero, visto lo visto, es una concesión claramente equivocada. Y, por eso, conviene someterlo a estrictos controles legales que garanticen su transparencia, porque los principios morales de algunos de nuestros representantes brillan por su ausencia y relucen más cuanto más continúen haciendo ese tipo de declaraciones.

Una mujer mira hacia arriba para ver la cara El banquero alto. Uno de los signos más claros de la creciente desigualdad social.

Una mujer mira hacia arriba para ver la cara El banquero alto. Uno de los signos más claros de la creciente desigualdad social.

Lo mismo, pero más sangrante, hemos descubierto ahora que ocurre en este país amigo que es Luxemburgo. Hay indicios más que justificados de que la fiscalidad luxemburguesa firmó acuerdos secretos con grandes corporaciones para concederles beneficios fiscales muy sustanciosos a cambio de tributar en el país. Así, algunas grandes corporaciones que deberían haber pagado un 30% por el impuesto de sociedades en los países donde desarrollaban su actividad económica, al final solo han pagado en el peor de los casos un 1%. Para Luxemburgo, las cuentas salen bien: Más vale un 1% de mucho que un 30% que nada. Pero a quienes no les salen las cuentas son al resto de los países que han dejado de percibir la tributación correspondiente a esas empresas.

Y, nuevamente, el problema no es que estas prácticas estén mal porque no puedan estar al alcance de las pequeñas empresas o particulares. ¡Que hay que leer cada cosa! Ni tampoco que los pactos se firmasen con Jean-Claude Juncker, el actual presidente de la Comisión Europea, y haya por ello pedirle responsabilidades. El problema está en que las grandes empresas no han pagado los impuestos que les correspondían en los países donde realizaban sus negocios, y estos se han quedado sin los ingresos públicos necesarios y, en consecuencia, los servicios que deberían haberse prestado no se han prestado. Aparte de fraude y estafa, estos acuerdos tan beneficiosos para esas corporaciones son responsables directos del sufrimiento irreparable que los recortes de gastos y las políticas de ajuste han causado. Pero todo es perfectamente legal.

Como es y sigue siendo perfectamente legal, no ya que las empresas, sino las grandes fortunas cambien su residencia para obtener beneficios fiscales como extranjeros. Nos enteramos por Gerard Depardieu, cuando cambió su residencia a Néchin, una pequeña localidad belga que acoge ella sola nada más y nada menos que al 27% de las grandes fortunas francesas. Pero estas prácticas evasivas no son exclusivas de Bélgica con Francia, sino de todos los países de la UE que no tienen reparos en acoger a las grandes fortunas extranjeras aunque eviten con ello que tributen lo que les corresponde en su país. Un escándalo, un fraude fiscal criminal, pero lo peor es que es legal.

Así que, tenemos unas prácticas políticas inmorales y unas prácticas fiscales claramente fraudulentas, cuando no criminales que, aun así, gozan del respaldo legal los estados y de la complacencia y la inoperancia culpable de nuestros gobernantes. Esta legalidad es la que ha permitido y sigue permitiendo el empobrecimiento creciente de amplias capas de la población, mientras consiente que las grandes fortunas sigan creciendo eludiendo el pago de impuestos. No deja de ser una metáfora acertada la foto de “El banquero alto” que ilustraba la noticia en algunos medios. Si la talla equivaliese a la renta, la mayoría de los españoles no pasaría de 1,20 metros, pero Cristiano Ronaldo mediría más de un Km y Amancio Ortega más de 73 Km. Unas desigualdades legales, pero inaceptables, injustas, inmorales e insostenibles.





El bochorno

9 09 2014

Al decir de Aristóteles, la vida práctica, que es aquella dedicada al ejercicio de la política, persigue como único fin, no la felicidad o el placer, sino el honor. El desprestigio que sufren los políticos en la actualidad hace que esta afirmación clásica suene más a expresión de un desiderátum que a una correcta descripción de la vida política. No obstante, existe un mínimo de honradez intelectual que traza una línea roja, por debajo de la cual se abre un abismo sin fondo en el que la conciencia y el recuerdo del bochorno deberían bastar para forzar el abandono.

Algo debe pasar por tu cabeza cuando reconoces que el argumentario remitido por la oficina de prensa no hay por dónde cogerlo, porque, de tanto retorcer el lenguaje para presentar como creíble lo imposible, se aboca al absurdo o la estupidez. El mínimo de honradez exigible para cualquiera que quiera dedicarse a la política le obligaría a plantarse, a decir “por ahí no paso y punto”. Es sencillo. Pero, si no lo haces, entras en una zona anómica, impredecible, de indignidad creciente, en caída libre y sin retorno.

Algo parecido debieron sentir Carlos Floriano y Dolores de Cospedal cuando tuvieron que vérselas ante la opinión pública para defender lo que les había remitido su oficina de prensa para explicar el no despido por imposible o el salario como despido pactado en diferido. Son momentos que se han incorporado ya como hitos destacados en la historia universal del bochorno.

Y algo parecido deben sentir ahora en esta defensa a muerte de eso que han terminado llamando “elección directa del alcalde”, medida que quieren introducir por lo civil o por lo criminal, pactada o no, en la reforma urgente de la ley electoral. No hay manera de explicar la necesidad y la urgencia de adoptar una medida así y, sobre todo, menos aún de ligarla a “regeneración política”. Chirría por todos lados. Ni siquiera quienes se ven obligados a defenderla por disciplina de partido se la creen, y los esfuerzos argumentativos se reiteran vacíos, aprendidos de memoria y sin convicción.

Cuando la crisis de representatividad de los políticos señala inequívocamente al bipartidismo como principal responsable, se pretende ahora apuntalarlo en el ámbito local, argumentando justamente razones de cercanía. Cuando el problema principal de la administración local es el clientelismo constituido y asentado institucionalmente y la corrupción, como bien señala Soledad Gallego en “Menos hablar de mayorías y más controles locales”, y no la falta de estabilidad política o gobernabilidad, que es lo que se pretende con esta medida. Y, sobre todo, cuando la política democrática debería sustanciarse en el terreno de las ideas y las propuestas y no en el de los personalismos ni en los liderazgos individuales sino colectivos.

Sin duda, debe resultar bochornoso salir a defender una medida justificándola en lo contrario que se busca con ella. Pero hasta esos extremos ha llegado la política española.

Y con una mezcla de ese mismo bochorno y perplejidad leí el otro día la entrevista a Alfonso Fernández Mañueco, alcalde de Salamanca, en un medio local. Debe ser difícil para él creerse ya el propio titular. “Nunca he estado en la carrera para suceder a Herrera”. Toda la vida haciéndose pasar por el delfín para negarlo ahora sin pestañear. Es posible que si lo repite varias veces, incluso, pueda llegar a creérselo, pero dudo que pueda convencer a la opinión pública salmantina.

El caso es que la entrevista sirve básicamente para postularse como candidato a la alcaldía por el PP, si así lo estima oportuno el partido. Y, por supuesto, reacio a su designación en unas primarias, con una afirmación cuanto menos paradójica: “Yo ya he pasado unas primarias que fueron las elecciones de 2011”.

Y, ya en estas, no puede sorprendernos que se declare firme defensor de la “elección directa de los alcaldes”, con el argumento falaz e insostenible de “evitar que se gane en los despachos lo que se pierde en las urnas”, en alusión a la constitución de mayorías en pactos postelectorales, algo que resulta una práctica impecable de la regla de la mayoría que constituye la esencia de la democracia, pese a que ahora quiera decirse lo contrario.

Pero el señor Mañueco parece olvidar que encabezar una lista cerrada, elaborada por un partido, no es en modo alguno unas primarias, ni tampoco que llegó a la alcaldía en una campaña cerrada y rechazando participar y confrontar públicamente en ningún debate abierto con el resto de los candidatos a la alcaldía. Algo en lo que debió estar bien asesorado por su equipo de campaña, que, sin duda, le aconsejó con “buen criterio” que en esa exposición pública tendría mucho que perder y nada que ganar. Otra prueba más de que la amnesia es el antídoto del bochorno.





Eppur si muove

29 07 2014

Hace algunos años oía contar frecuentemente a un amigo que el mejor regalo que le había hecho su padre había sido subirlo en cada de uno de sus cumpleaños a una mesa camilla para animarlo a que se tirase en la confianza de que lo recogería. Tras el tortazo, la dolorosa enseñanza era reforzada con la sentencia “para que no te fíes ni de tu padre”. Desconozco la veracidad de la anécdota y los años que mi amigo, siempre confiado, tardó en aprenderla. Porque toda ella resulta inverosímil e imposible: ¿cómo va a ser posible que tu propio padre, que solo quiere tu propio bien, te deje caer? Ciertamente, la simple posibilidad de que algo así haya ocurrido repugna a los principios más elementales de la racionalidad moral, por lo que no resulta admisible como verdadero.

Hace menos, otra amiga en proceso de divorciarse, contaba esperanzada cómo, tras la primera reacción, su ex la llamaba ahora constantemente para trasmitirle el dolor que le producía esa decisión y lo mucho que la quería a ella y a sus hijos. No pude por menos que decirle que era una reacción de libro, que con ello su ex no pretendía mostrarle lo mal que lo estaba pasando, sino hacerle chantaje para que cambiase de opinión. Pero enseguida entendí que era vano mi propósito, porque prefería creer lo contrario.

Galileo se vio también obligado a rectificar ante el Santo Oficio su teoría heliocéntrica y aceptar que, conforme a lo que vemos palmariamente, la Tierra no se movía y era el sol quien giraba en torno a ella. La leyenda cuenta que, después de haberse visto obligado a negar que la Tierra girase en torno al sol, Galileo terminó su rectificación diciendo por lo bajo “eppur si muove”, y “sin embargo, se mueve”, negando así que aceptase lo que le obligaban a mantener.

No aceptar como verdadero lo que todos aceptan y lo que vemos inequívocamente que ocurre (como el movimiento del sol), dudar que lo que preferimos creer sea lo verdadero y, sobre todo, no aceptar sin más que no pueda ser verdad lo que nos repugna pensar, sea quizás uno de los pocos valores de la filosofía. Resulta imposible desmontar las convicciones firmemente asentadas y repetidas hasta la saciedad de una sola vez. La filosofía, decía Nietzsche, es labor de rumiantes: el surgimiento de una pequeña duda que va horadando lentamente los cimientos de las seguridades más inamovibles, hasta que se cae en la cuenta, se sale de la minoría de edad, que decía Kant, y se deja de creer lo que todos defienden, sin llegar a creer que sea verdad lo contrario.

Hasta ahora parte del debate ideológico entre derecha e izquierda se había centrado en el papel del estado: la socialdemocracia pretendía defender el estado del bienestar dotando al estado de estructuras políticas y funciones económicas suficientes para mantener los servicios públicos; los neoliberales, reducir las estructuras del estado a un “estado mínimo” que permitiese a la iniciativa privada proporcionar los bienes y servicios. Y todo esto en el contexto de una economía globalizada y, como en el caso europeo, con estructuras supranacionales cada vez más fuertes que cuestionan seriamente los márgenes de maniobra de los estados nacionales: Los mercados y la troica comunitaria, suele decirse, son quienes verdaderamente imponen la política económica en los estados miembros y no solo a los rescatados.

En esta pugna ideológica de más estado o menos estado y el cuestionamiento del poder real de los estados para decidir de forma efectiva la política económica, se ha perdido de vista el decisivo papel que los estados nacionales han tenido para la imposición del modelo neoliberal. Sin la intervención de los estados, especialmente cuando el poder ha estado en manos de a quienes les repugna de boquilla el intervencionismo, y el gobierno de Rajoy es un buen ejemplo, la imposición de las políticas neoliberales hubiese sido imposible. No es que el estado no pueda nada contra los mercados, es que el estado está de parte de los mercados y les ha allanado el terreno legal e ideológicamente para lograr sus objetivos. Si Marx pensó la dictadura del proletariado como la utilización del estado para liquidar las resistencias de las clases dominantes como paso previo para llegar al paraíso comunista, estamos asistiendo hoy a una efectiva “dictadura del capital” que está liquidando todas las resistencias sociales para llevarnos al paraíso capitalista.

Ya sé que no queremos creerlo y que resulta casi repugnante pensarlo, pero los datos de la EPA de la pasada semana expresan claramente las potencialidades de la reforma laboral del PP para liquidar el marco legal del trabajo con derechos para sustituirlo por trabajos más flexibles (es decir, sin derechos), precarios, temporales y parciales como único horizonte posible y deseado. La nacionalización y posterior adjudicación de Catalunya Caixa al BBVA ha permitido desposeer a los ciudadanos de cerca de 12000 millones de euros para regalárselos a la gran Banca. Pero, la verdad es que es imposible pensar que el estado sea un instrumento del capital, así que, no puede ser verdad. ¿O sí?





Desde fuera y a distancia

8 07 2014

Por fin, hemos llegado a entender la motivación última de ese brote de codicia “impropio de su posición social” (al decir de algunos) que llevó a Iñaki Urdangarin a esa carrera frenética por obtener contratos cuyos beneficios “desviaba” a cuentas privadas: la adquisición del palacio de Pedralbes.

Con todo lo Duques (o ex Duques) de Palma que fueran no pudieron escapar de ese demonio que ha devorado a buena parte del resto de los mortales, no poder hacer frente a la hipoteca. La alta cuna no les ha salvado de la fiebre de la vivienda en propiedad, la euforia prestataria y sin medida de los bancos y del estallido de la burbuja inmobiliaria que terminó arruinándolo todo. Lo que parece acercar “su” problema al común de los mortales. Lo que ya es menos común han sido sus aspiraciones, muy “por encima de sus posibilidades” y la forma tan “noble” (no en sentido moral, sino de clase) con la que ha hecho frente a sus pagos.

En el fondo, el palacio de Pedralbes ha sido para el ex Duque de Palma y ex miembro de la familia real lo que significó para Bob en Lloviendo Piedras de Ken Loach el traje de comunión de su hija. Sin embargo, por mucho que lo he intentado, no he sido capaz de identificarme y ponerme en el lugar de este turbio personaje. ¡Con lo fácil que me resultó ponerme en el papel que interpretaba Bruce Jones! No sé. Pero todo este asunto me resulta tan ajeno que solo puedo verlo desde fuera.

Ya sé que eso no mejora la comprensión de este fenómeno social, como recomiendan repetidamente las metodologías “emic” de la antropología y otras ciencias sociales, que insisten en adoptar la “óptica de participante”, “ponerse en lugar de”, pero reconozco que en este caso me es imposible y solo puedo contemplarlo desde la distancia. Quizás, me consuelo, se trate, aun sin quererlo, de adoptar esta perspectiva, este “pathos de la distancia” que tanto valoraba Nietzsche, pero no me termino de convencer.

Así que, pese a las evidentes analogías, no consigo entender y menos aún disculpar los presuntos delitos continuados de este exjugador de balonmano y presuntamente también de su esposa. Lo sorprendente es la tremenda coincidencia de eso que se llama la “Casa Real” y otras instituciones, especialmente partidos políticos, a la hora de resolver presuntos delitos de corrupción. Tomen nota, porque debe ser “la” solución definitiva: se les aparta “temporalmente”. Dejan de ser miembros sin más de la “casa real” o militantes ejemplares, se les borra, no se les vuelve a mencionar más, y se acabó el problema. Por eso, he visto con tanta preocupación que se negase la razón a Google para reconocer el “derecho al olvido”. Si se reniega tan fácilmente de la hija o de la hermana, dejan de ser militantes y colaboradores ejemplares, y ya nadie sabe nada más de ellos, ni siquiera la genética, que en estos casos cuenta mucho, al menos nos quedaba la esperanza de google. Pues ya ni eso.

El otro caso que solo puedo contemplar “desde fuera” manteniendo que esa es la mejor forma de comprenderlo es el asunto del fondo de pensiones de cientos de eurodiputados, mantenido con recursos públicos y gestionados por una SICAV con sede social en Luxemburgo. Como el asunto ha sido explicado y requeteexplicado no creo que se necesite mayores aclaraciones. No obstante, para no perder adecuadamente la perspectiva, sugiero volver a releer detenidamente simplemente el nombre de ese producto financiero. Aunque parezca increíble existe algo así. Si hace unos años nos hubieran mencionado algo parecido, nos hubiese resultado imposible entender cómo alguien ha llegado a concebir semejante engendro y hubiésemos negado su existencia o, por lo menos, considerarla tan improbable como la existencia de vida inteligente en Marte. Y todavía resulta más bochornoso escuchar las justificaciones de quienes han creído que debían darlas, porque otros, sencillamente, ni se han dado por aludidos. Tan solo Willy Meyer ha dimitido, pero no ha explicado cómo pretende deshacerse de él, a cuánto dinero ascendía su “inversión” y, sobre todo, cómo y por qué llegó a suscribirla, teniendo como uno de sus gestores a Arias Cañete.

De verdad, que resulta muy difícil “identificarse” con estos individuos y, menos aún, entender lo que hacen “desde dentro”. Toda esta gente se cree distinta y por encima del resto de los mortales. Lo preocupante es que no es difícil explicar cómo han llegado a creer esto. Pero sólo en la distancia y desde lejos se puede mantener la “cordura” para no pensar que es lo normal. Pablo Iglesias desempolvó con acierto para referirse a ellos el término “casta”. A algunos pareció molestarles, a otros simplemente les ofendió y les pareció una injusticia, pero porque se quedaba corto.





Lo que faltaba tras la reforma del artículo 135: restauración borbónica encubierta y rebaja fiscal envenenada

24 06 2014

Me había prometido dejarlo y cambiar de tema, pero me ha sido imposible. No me dejan. Tras la catarata de portadas de periódicos ensalzando la figura de Felipe VI tras su proclamación como rey, su figura sigue copando la actualidad de una forma impúdica. Mención aparte merece el alarde de El País con un titular único a 5 columnas (una excepción total en el periódico) con el texto “Una Corona íntegra, honesta y transparente”. Este mismo papanatismo está en el origen del caso Urdangarin, y no aprendemos. El mismo medio dedica todo el suplemento dominical al nuevo rey y sigue remachando que “La mayoría confía en Felipe VI”, apoyándose en una encuesta de Metroscopia en la que el 58% mantiene que la figura del nuevo rey le proporciona seguridad. Y la verdad es que, con todos los medios volcados en esta campaña de enaltecimiento del nuevo monarca, que solo alcance ese porcentaje me parece poco.

En contraste, escucho que sesudos analistas políticos explican la firme posición de IU en defensa de la opción republicana y exigiendo un referéndum no habría sido posible sin el giro decidido por esta formación tras las elecciones europeas. Se han movido deprisa y con decisión, lo que indica que estamos ante una nueva época.

Resulta curioso que se acuse de radicalidad republicana y de prisas a IU, cuando las prisas y la radicalidad monárquica han estado en la otra parte. El PP, el PSOE (y esta vez también UPyD) han vuelto a pactar por la vía de urgencia el apuntalamiento de la monarquía parlamentaria asegurando una “transición tranquila” y, sobre todo, han tenido que ingeniárselas para asegurar que el rey saliente continúe blindado asegurándole un aforamiento a medida en el menor plazo posible. El precedente de la reforma constitucional para aprobar el vergonzoso artículo 135 ha tenido mucho que ver en este nuevo cierre en falso del cambio de rey, suplantando y reemplazando la soberanía popular por la vía de urgencia. No había tiempo que perder, ni margen para permitir que se abriesen dudas, y ese déficit democrático se ha llenado con un toque de arrebato en todos los medios, monárquicos o no monárquicos, que todos sirven ya a la misma causa. Pero, como en todos estos casos, nadie espere conocer detalles de la proclamación en la prensa política, porque las monarquías son, han sido y serán siempre un asunto de prensa rosa.

Para cerrar el círculo, esta semana el ministro de hacienda anuncia una rebaja fiscal. Sin conocer aun todos los detalles, lo que parece claro es que la reforma se centra en reducir los tramos y los tipos del IRPF y reducir en 5 puntos el tipo del impuesto de sociedades. El PP se ha apresurado a venderlo como una devolución y una compensación a los ciudadanos por los esfuerzos realizados durante la crisis. Pero se trata de una medida meramente electoral que permitirá a los ciudadanos disponer de más dinero a partir del 1 de enero de 2015, con lo que esperan recuperar parte del electorado perdido. Pretenden pagar con treinta monedas la usurpación de los derechos sociales que justificaron en la crisis. Unas medidas que no estaban recogidas en el plan de estabilidad presentado a Bruselas, ni se hacen eco de las recomendaciones que exigen subir los impuestos en vez de bajarlos para recortar el déficit y, lo que es más grave, agravarán todavía más el problema falta de ingresos por recaudación (que solo en lo que va de 2014 alcanza 15.000 millones menos de lo previsto). Pero es que, además, esta contrarreforma fiscal, que no aspira a la suficiencia fiscal de las cuentas públicas, no permitirá revertir los sangrantes recortes en los servicios públicos como sanidad, educación o dependencia, que es la demanda de la mayoría social que los ha sufrido y se hará reduciendo la progresividad y la justicia fiscal, de forma que no se recaude más de quienes más tienen. Un auténtico engaño.

De todo el interesantísimo contenido del monográfico “El futuro de la izquierda” de los cuadernos de el diario.es resulta imprescindible la aportación de Bibiana Medialdea “Programa económico. Puntos de partida para el cambio”, que analiza los tres principios básicos en los que debería asentarse la transformación económica que necesitamos: 1. Un programa económico que aspire a mejorar las condiciones de la mayoría social tendrá que apostar por detener los recortes y apostar por políticas de gasto público expansivas. 2. Un alivio significativo de la deuda, con auditorías y quitas tanto en la deuda pública como la de las familias, y 3. Una reforma fiscal que permita recaudar recursos suficientes para poder emprender el programa económico del cambio que exige la mayoría social. Como veis, todo lo contrario de lo que ahora se nos anuncia.

La urgencia con la que se tramitan, la demagogia con la que se venden y la ausencia del necesario debate democrático no puede ya ocultar por más tiempo la falta de legitimidad y de legitimación social de quienes las aprueban.





Contra la degradación moral del sistema

11 03 2014

En La doctrina de la verdad en Platón, Heidegger, comentando el mito de la caverna, trata de analizar las relaciones entre educación y verdad y termina concluyendo que acceder a la verdad exige una labor de “des-ocultamiento” para llegar a  mirar las “cosas verdaderas” (las que existen en el exterior de la caverna), no las sombras del interior; que la verdad más que la correspondencia entre lo que piensas y la realidad (especialmente si la realidad a la que accedemos es una realidad degradada), vendría caracterizada por “mirar rectamente”, por la “rectitud” (orthotes) de la percepción.

Más allá de las semejanzas entre esta sociedad de la información y la caverna platónica, la perversión del sistema en que vivimos (y en el que nos retienen, como si no hubiera otra posibilidad), no es su liquidez y evanescencia, sino que se nos encamine constantemente a “mirar erróneamente”, en que haya especialistas en el “desvío de la mirada” de forma que cobre centralidad lo anecdótico e intranscendente. De ahí, que se imponga la obligación moral de forzarnos a la “rectitud intelectual”, de mirar y ser capaces de aguantar la mirada sobre las “cosas verdaderas”. Tres ejemplos bastarán.

1.- El primero es la denuncia de la joven de Mataró contra la empresa Ecoline 2010 por sufrir una lesión vertebral en el proceso de selección laboral. Los detalles son conocidos: tras diversas pruebas de selección, los finalistas tuvieron que tirarse literalmente al suelo para luchar por un billete de 50 euros, cuya conquista les abría las puertas de un contrato laboral. Un contrato que no resultó tal, porque la empresa ha cerrado, y que ha dejado unas secuelas permanentes en una las aspirantes. Pues bien, el punto de mira se ha puesto en lo excepcional del proceso, en la depravación moral de quien sometió a ese tipo de pruebas. La anécdota se ha quedado en anécdota, no en categoría, y la responsabilidad, desde una óptica moral interesada, se ha hecho recaer únicamente en quien hizo la selección. Pero, al margen de que un desaprensivo pueda aprovecharse de la situación, lo condenable no es el aprovechamiento, sino la situación. Lo terrible no es que un individuo, al que resulta difícil poner calificativos, humille a otros por un puesto de trabajo, lo terrible, y si no lo queremos ver lo será aún más, es que el sistema económico que vivimos ha convertido la desesperación de cerca de 5 millones de solicitantes de empleo en una condición necesaria para “mejorar la competitividad”, es decir, para aceptar un puesto de trabajo, el que sea, por un salario a la baja, y sin condiciones. Muchos, incluso, hasta se alegrarían de que al menos les “adelantaran” 50 euros.

2.- Yolanda Barcina respalda a su Consejera de Hacienda frente a las acusaciones vertidas contra ella por una inspectora de la hacienda foral por “interesarse” y “disculpar” (que no es lo mismo que “presionar”) respecto a unos expedientes  fiscales que afectaban empresas de las que la Consejera había sido asesora. Nuevamente, el foco de atención no se ha puesto en valorar estos hechos (a estas alturas y con lo que llevamos tragado, la “habituación” puede hacer que nos parezcan hasta disculpables), sino que se ha centrado en si el PSN iba o no a presentar moción de censura y “verse expuesto” a sumar los votos favorables de Bildu. Lo noticiable son las tribulaciones del PSN; lo de   menos, el comportamiento de un Consejera de Hacienda y el respaldo de su Presidenta, cuya moralidad por el cobro de dietas injustificables (aunque debidamente justificadas) en Caja Navarra dejaba ya mucho que desear, pese a que las devolviese. Mirad bien las fotos de Yolanda Barcina, triunfante y sonriente, como quien sale de un catarro, porque se va a mantener otros 14 meses al frente del gobierno. Los culpables, sin duda, de todo esto son dos: la inspectora de hacienda, justamente retirada de su puesto, y el PSN.

3.- El tercero es el más luctuoso: se trata del episodio lamentable y terrible de la muerte por ahogamiento de hasta 15 inmigrantes subsaharianos en las costas de Ceuta, con una actuación de la Guardia Civil, más que discutible, centrada en proteger las fronteras lanzando botes de humo y pelotas de goma, más que en auxiliar y socorrer a personas en peligro. Pero, nuevamente, se ha desviado la atención a otro sitio: Se pide la dimisión del Director General de la Guardia Civil, no por ser el responsable de la actuación policial, sino por mentir.

De verdad, que me gustaría pensar que “desvían la mirada” por vergüenza, que “perciben rectamente” la degradación moral del sistema, pero que son incapaces de aguantar el “hedor de la verdad”.








A %d blogueros les gusta esto: