Rotondas, movilidad y seguridad de peatones y ciclistas

14 11 2014

En esta ciudad nuestra, que es de ellos, el equipo de gobierno del PP hace tiempo encontró la panacea a todos los problemas de movilidad urbana: construir una rotonda. Así, la progresiva sustitución de cruces regulados por semáforos por rotondas reguladas igualmente por semáforos ha sido el gran hallazgo para resolver todos los atascos, o por lo menos, en este activismo frenético y compulsivo que se ha convertido la política local, para dejar constancia que al menos se ha hecho algo.

Este otoño, además de todos los problemas de tráfico que han generado los nuevos accesos provisionales al hospital, en Salamanca, nos hemos encontrado-sufrido las obras simultáneas para convertir en rotondas los cruces de la Avda. de Portugal con Torres Villarroel y de Peña de Francia con la Avda. de los Maristas. Hemos de aceptar que los estudios de movilidad que aconsejaron estas modificaciones se hicieron antes de evaluar la incidencia que los mencionados cambios en los accesos al hospital provocarían en el resto de las calles, que asumirían parte de esos desplazamientos que antes se efectuaban casi de forma exclusiva por el Paseo de San Vicente. Lo cierto es que el caos generado por estas dos actuaciones ha superado con creces las previsiones y la paciencia de muchos salmantinos. Lo que parece seguro es que el momento no ha sido el correcto y que, a todas luces, habrían provocado menos problemas si se hubiesen acometido antes de la modificación de los mencionados accesos al hospital.

Obras en la rotonda entre Peña de Francia y Avda de Maristas. Un peligro más para los peatones

Obras en la rotonda entre Peña de Francia y Avda de Maristas. Un peligro más para los peatones

Pero, independientemente de las posiciones sobre las ventajas y convenientes de este tipo de intersecciones, lo preocupante en este asunto es que la óptica desde la que se analizan y se contemplan es exclusivamente desde el automóvil privado. Así que, los vehículos de reparto y, especialmente, el transporte colectivo serán beneficiados o perjudicados colateralmente, pero nunca en primera instancia, porque ese lugar lo ocupa el rey indiscutible de la calzada.

Y, si esto es así, mejor no hablar de quienes los defensores de las rotondas consideran no ya perjudicados, sino inconvenientes, distorsiones indeseables, anomalías, al fin y al cabo, para esa fluidez soñada solo para automóviles privados y relucientes. En efecto, los grandes damnificados son los peatones y los ciclistas. Porque, en el diseño ideal de una rotonda, lo único que estorba, lo que no encuentra cabida por ningún sitio son los pasos de cebra. Ese es el gran problema que las rotondas no pueden resolver: ¿por dónde hacemos pasar a los dichosos peatones para que no sean un incordio? Las respuestas de manual son claras: cambiamos la ubicación del paso natural de los peatones, les hacemos pasos subterráneos o elevados, que siempre podremos vender que es para su seguridad, es decir, procuramos quitárnoslos del medio como podamos, todo sea para la mayor gloria de la fluidez del tráfico. Y no vamos a hablar de los ciclistas. A todos los ingenieros y expertos en movilidad que han hecho proliferar hasta el infinito las rotondas urbanas, les hacía yo atravesarlas repetidas veces montados sobre una bicicleta. La sensación de vértigo y de estar jugándote la vida es mayor que la buscada en esos deportes llamados de alto riesgo. Y todo sin que a nadie se le haya ocurrido diseñar o habilitar un paso seguro para ellos… De forma que, si los ciclistas quieren seguir vivos, lo que, si han decidido usar la bici en la ciudad no deja de ser una ambición peregrina, tienen que competir y robarle el espacio natural a los peatones invadiendo las aceras. De esta forma, conseguimos el prodigio de enfrentar por la supervivencia y el espacio a ciclistas y peatones, que son los grandes perjudicados de las rotondas. Maravilloso: dos pájaros de un tiro.

Así que, para terminar, solo me queda denunciar la criminal falta de previsión en la realización de las obras: la señalización correcta, la habilitación de pasos alternativos y seguros para peatones se las ahorraron las empresas constructoras y a nuestros gobernantes se les “olvidó” exigirlas en cumplimiento de esa normativa de la que presumen. Así, los amantes del riesgo y el peligro extremo ya pueden cruzar la Avenida de Maristas para ir por ejemplo al IES Fray Luis de León, que es casualmente donde trabajo. La heroicidad hace allí su prueba de fuego a todas horas y me consta que ya se ha cobrado algunas víctimas.

Por favor, ¿sería mucho pedir a quien corresponda, que en la planificación, diseño y ejecución pensaran también en los peatones y ciclistas? La ciudad también es para ellos y quieren seguir vivos.

Anuncios




La necesidad de la disidencia para la democracia

23 09 2014

Leí esta semana en un medio local de Salamanca, en una morcilla de opinión que suele incrustar en artículos de información, la valoración despectiva que le merecía la contestación a la construcción de un aparcamiento subterráneo en el Parque Infantil de Garrido. Toda la oposición al proyecto quedaba reducida y manipulada de forma simplista a un “No sé, pero me opongo”.
Aunque pueda resultar más que discutible calificar como medio de comunicación a este periódico, cuya sola existencia se justifica exclusivamente en la defensa de los intereses económicos de sus propietarios, es decir, del conglomerado político-empresarial que dirige el Ayuntamiento de Salamanca, el desprecio que expresa hacia cualquier forma de disidencia con los proyectos del actual equipo de gobierno lo convierten no solo en altavoz político-gubernamental, sino en agente decidido de la represión y el control ideológico. Ya no es solo que no tengan cabida en sus páginas las posiciones discrepantes (en esta lógica perversa para un medio de comunicación, pero que hemos terminado aceptando como normal, de que “no van a ellos quienes den difusión a quienes están en contra de sus intereses”) y, ya sabemos que, en las democracias mediáticas actuales, lo que no aparece en los medios no existe; sino que arrojan al espacio ideológico de lo inconsistente toda discrepancia. Desconozco si estas prácticas son fijaciones de comportamientos aprendidos del régimen totalitario nacional-católico del que provienen y en quien se complacen. A mí, solo me corresponde la denuncia de estas prácticas y la defensa de la disidencia, más que del seguidismo sumiso, para el correcto funcionamiento de la democracia.
“Es mentira que no tenga enemigos. Es mentira que no tengan razón”, cantaba Sabina, en una forma certera de expresar la tolerancia y la parte de verdad que hay que reconocer a quienes no piensan como tú. En nada de esto, que se sitúa en el meollo de la democracia, es decir, los valores a los que se pretendía sensibilizar desde la Educación para la Ciudadanía, hoy cesante, se han educado estos “periodistas locales”. Es más, se muestran especialmente refractarios a ellos.
Pero, sobre todo, me parece especialmente preocupante en quienes ejercen el poder prefieran siempre rodearse de incondicionales y aduladores y despreciar a quienes disienten, o, como en el caso que nos ocupa, encargarles su liquidación ideológica a los “medios de comunicación” amigos. Porque la articulación de la disidencia, de la insumisión y la construcción de un posición alternativa contraria y enfrentada requiere siempre un plus de coraje intelectual y de valor moral, frente a la aceptación, la obediencia y el acatamiento incondicional. Siglos de evolución y de control social de la disidencia han terminado por generar poblaciones con “moral de rebaño”, que diría Nietzsche, dóciles y sumisas. Incluso en este género tan nuestro que es la picaresca, la socialización final del “héroe” pasa por aceptar las servidumbres que exigen el éxito social que expresa “rodearse siempre de buenas compañías”.
Quizás quien primero reflexionara sobre esto fuese Etienne de la Boëtie en su Discurso de la servidumbre voluntaria o el Contra Uno. Quizás, también, este artículo no busque otra finalidad que animar a su lectura. Este humanista francés, al que conocemos por su amistad con Montaigne, de quien siempre digo que es uno de mis filósofos de cabecera, se plantea justamente eso. ¿Por qué aceptamos someternos al poder de uno? ¿Por qué renunciamos tan fácilmente a nuestra libertad? La sola insolencia de la pregunta, la convierte ya en peligrosa. Porque, en su respuesta, no hace recaer la responsabilidad principal en el soberano, sino en la falta de coraje de quienes se pliegan cómodamente a obedecer. Por eso, la fortuna hizo que esta obrita fuese breviario de protestantes y hugonotes frente a los católicos en esa sangría que fueron las Guerras de Religión francesas del siglo XVI. Pero, sobre todo, también quiera destacar el coraje de Montaigne al publicar este panfleto tan contrario a sus intereses, siendo católico hasta la médula, lo que no puede significar en él más que con dudas y personalmente, y, sobre todo, manteniendo posturas tan conservadoras en lo político.
De forma que, como conclusión a todo este rodeo tan del gusto de Montaigne, tendríamos que defender justamente lo contrario de lo que mantiene la línea editorial de esta “prensa canalla”, es decir, exigir que se paralice la obra, que ya se inició sin permisos, y reconocer la necesidad de escuchar las razones bien fundadas de quienes se oponen al aparcamiento subterráneo, ante cuyo proyecto me imagino a los políticos locales en actitud semejante a lo que eran objeto de comentario de Millás; y repudiar a una prensa que, lejos de asumir la responsabilidad de ser el “cuarto poder” de la democracia, va incondicionalmente de la mano de los poderosos para repetirnos invariablemente ante cualquier proyecto municipal “No sé, pero lo apoyo”. Y esto es justo lo que no necesitamos en democracia.





No basta con pedir disculpas

16 09 2014

Cualquiera que haya viajado por España durante este verano, sin que importe la dirección o el destino, habrá tenido constancia del fracaso y el abandono de numerosos proyectos de polígonos industriales, urbanizaciones, parques tecnológicos, etc. y, muchas veces, como si hubiera sido obra de una catástrofe repentina y desconocida, las obras han sido dejadas de un día para otro, suspendidas en el tiempo, con las grúas todavía instaladas, inmóviles, que han sido aprovechadas por las cigüeñas para anidar en algunos casos, con sus carteles descoloridos, pero proclamando orgullosos todavía lo que pudo ser y no fue, señas inequívocas de un esplendor truncado, de una ambición imposible fruto de una vanidad sin medida. Se pueden ir enumerando, tantos a la derecha, tantos a la izquierda, todo un enorme derroche de recursos públicos, expuestos sin remedio al deterioro y al olvido. Estamos hablando solo de las “pequeñas” obras sin catalogar, no de las grandes que ya han merecido secciones enteras de denuncia en informativos, como los aeropuertos sin estrenar y otros proyectos megalómanos por los que se hundió sin remedio el dinero de todos.

Este paisaje urbano de la crisis abre sin remedio a numerosas cuestiones. Por los responsables, en primer lugar, ocultos, sin asunción de responsabilidad e impunes bajo el paraguas de las instituciones; por los motivos de lo que ahora descubrimos inequívocamente como despropósito y que fue presentado como necesidad perentoria para el progreso y el desarrollo local; por si hubiera alguna posibilidad, por remota que fuera, para que esos esqueletos ruinosos sirviesen de símbolo, escarmiento en cabeza propia y propósito de enmienda para el futuro. Para que no sean sin más, indiferentes, proyectos truncados sin motivo por el devenir caprichoso de una crisis, tan incomprensible como la meteorología y tan imprevisible como el advenimiento de una glaciación.

Pero, pese a las patentes evidencias y los enormes daños colaterales producidos, parece que nadie, y cuando digo nadie, me refiero aquí a los dos grandes partidos, han cuestionado este modelo de hacer política, centrada más en la obra nueva, que en la rehabilitación y recuperación, en atender preferentemente las demandas de las empresas que las necesidades de los ciudadanos y, sobre todo, en convertir las campañas políticas en una subasta imposible de ver quién da más. Los políticos se convierten así en rehenes de las empresas, a quienes atienden solícitos y ante quiénes únicamente rinden cuentas; mientras que los ciudadanos quedan reducidos a una masa indiferenciada que puede contentarse fácilmente con el reparto de unos caramelos y el oropel de las promesas. Por aquí puede rastrearse la perversión de la democracia que estamos viviendo y la fuente de todas las corrupciones.

En Salamanca, tenemos el caso de la Ciudad Deportiva de La Aldehuela, el proyecto de dotar a un ya espléndido y muy utilizado parque deportivo, con pistas para distintos deportes y una estupenda piscina, de una pista cubierta de atletismo, con la consiguiente remodelación del parque. El proyecto contó con todos los beneplácitos posibles de la Junta de Castilla y León, del Consejo Superior de Deportes y, por supuesto, del propio Ayuntamiento de Salamanca que sacó a concurso la obra con una concesión de explotación de las instalaciones de cuarenta años. La empresa concesionaria quebró dejando tras de sí un reguero de deudas a las empresas subcontratadas, de compromisos incumplidos, conflictos legales y, por supuesto, la obra sin terminar y el parque cerrado.

Tan solo algunos grupos minoritarios como IU manifestamos nuestro rechazo al proyecto, poniendo en cuestión seriamente la necesidad de la instalación, pero, sobre todo, su viabilidad y la discutible legitimidad que tiene hacer una concesión de tantos años con una corporación que solo ha sido elegida por cuatro. Es fácil sacar pecho ahora y mantener “ya lo dijimos”. Pero lo cierto, una vez más es que el esqueleto paralizado de la pista de atletismo y el cierre durante años de La Aldehuela para el disfrute público no han servido para cuestionar el proyecto. Hasta por dos veces ha salido otra vez a concurso, adjudicándose al final a una de las empresas subcontratadas en el proyecto inicial, una empresa que aspira lógicamente a poder cobrar su deuda, pero que resulta más que dudoso que pueda cumplir los plazos y las nuevas condiciones del contrato más restrictivas todavía.

Como una profecía autocumplida, a fecha 1 de septiembre ya no ha cumplido y seguimos con La Aldehuela cerrada. El alcalde de Salamanca ha pedido públicamente en un Pleno Municipal disculpas a los salmantinos. Pero, aquí, como en tantas cosas, las disculpas ya no son suficiente.





El valor civil del consentimiento

6 05 2014

Este viernes 2 de mayo el alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, presentó ante los medios y vecinos el proyecto de construcción de un aparcamiento en superficie en un solar de la Calle de la Radio de Salamanca. Sin duda, constituye una buena solución provisional para la demanda real de aparcamiento que existe en la zona, aparcamiento gratuito para vecinos del área metropolitana de Salamanca que se trasladan a la ciudad a trabajar, realizar compras, pasear, etc. sin la presión de la ORA ni el coste de un parking subterráneo. Así lo vienen haciendo hasta ahora pese a su estado, como puede comprobarse fácilmente desde google maps.

Aspecto del solar de la calle de la Radio

Aspecto del solar de la calle de la Radio

Lo que quizás no resuelva son las necesidades de los vecinos de Comuneros (construcción de un centro de participación ciudadana, posible traslado del centro de Salud, etc.), pero sí resuelve un problema “de la ciudad” y, en esto, los vecinos de Comuneros han mostrado repetidas veces su compromiso y solidaridad con el resto de los ciudadanos. Se trata de propuestas y aspiraciones legítimas. Pero todo eso puede esperar por el “bien de todos”.

El ayuntamiento parece “decantarse” así por la opción de construir un aparcamiento en superficie, gratuito y con demanda social, frente a un aparcamiento subterráneo en La Alamedilla con muchos incovenientes, y el gesto se ha interpretado como una concesión a los vecinos.

Lo preocupante son las lecturas en grueso que se han hecho del asunto, lecturas simplistas que solo buscan una manipulación grosera. Ni las protestas de Comuneros están manipuladas por la extrema izquierda ni pueden compararse con Gamonal; ni, por supuesto, la posible renuncia del ayuntamiento a la construcción del parking subterráneo en la Avda. de Comuneros y el parque de La Alamedilla puede interpretarse como una muestra de debilidad o, peor aún, como una derrota que tenga que obligar en lo sucesivo a renunciar a cualquier proyecto si hay contestación ciudadana. Un buen ejemplo sería la viñeta de La Gaceta de este domingo 4, que plantea el asunto como una disyuntiva entre firmeza y consentimiento, fortaleza y debilidad.

Viñeta de "humor" aparecida en La Gaceta Regional de Salamanca el 4 de mayo de 2014

Viñeta de “humor” aparecida en La Gaceta Regional de Salamanca el 4 de mayo de 2014

Más allá de la dudosa gracia del asunto, este llamamiento a la firmeza, constituye, en primer lugar, una apelación manipuladora a la testosterona. Con lo que se pretende, de forma muy “española” ­—“español” en ese sentido castizo y excluyente del que ha hecho gala recientemente Esperanza Aguirre— que una decisión política tan importante sea más cuestión de hormonas que de neuronas.

Pero es que, en segundo lugar, se recalca el valor moral de la “firmeza”, de mantenerse y no retroceder, de no cambiar de opinión (y ya sabemos que “es de sabios cambiar de opinión”), así que esa “firmeza”, entendida como seguir siempre en las mismas opiniones, no puede ser más que expresión de tozudez, pero no de ninguna virtud. Porque la firmeza solo alcanza verdadero valor moral cuando implica compromiso con otros, con esos otros a los que la flaqueza dejaría indefensos frente a los enemigos. En cualquier expresión virtuosa de la “firmeza” hay siempre compromiso y solidaridad, nunca empecinamiento irracional.

Pero es que, además, el consentimiento, lejos de ser mera expresión de debilidad, hace referencia al reconocimiento de intereses compartidos, a la confluencia de sentimientos con los otros, a la empatía y la “firme sabiduría” que se expresa en estar dispuesta a cambiar de opinión. Lejos de ser un defecto, constituye una buena expresión de la verdadera virtud moral. La “firmeza” sería así la posición de quien ejerce el poder “frente a los ciudadanos”, haciendo valer “sus convicciones”, frente a la “responsabilidad” exigible a un representante político, imponiendo su puntos de vista sin importar cómo. Sería una expresión más bien de autoritarismo que de autoridad.

“Consentir” implica, por el contrario, reconocerse en los intereses de los otros y hacerlos suyos, ejercer el poder “con” y “desde” los ciudadanos y no “frente” ni “contra” ellos, y constituye así en el mejor y más auténtico ejercicio de autoridad que pueda imaginarse en una sociedad verdaderamente democrática.

Así que, desde este sencillo ejercicio de reflexión, hemos visto que es preferible moralmente el “consentimiento” a la “firmeza”, pero es que también, contrariamente a lo que suele creerse, el consentimiento significa una mayor y mejor expresión de “valentía civil” que la firmeza. Por eso, estaba solo reservado a los más grandes, como explica muy bien Plutarco en su vida de Alejandro, y ha sido motivo desde entonces de reconocimiento y admiración.





Basta ya

21 01 2014

Sin entrar a analizar los episodios violentos, lo ocurrido en el barrio Gamonal de Burgos hay que entenderlo como un estallido no espontáneo sino fraguado durante años del malestar social ante de los repetidos escándalos urbanísticos impunes, la connivencia continuada entre el poder municipal y determinados grupos de comunicación y empresariales de la ciudad de Burgos, el desprecio de los representantes públicos ante los ciudadanos, etc. Todo parece indicar que el ambiente estaba lo suficientemente caldeado para que el anuncio de las obras de urbanización del bulevar sacase a los vecinos de sus casas para impedir la ejecución de las obras. Estaban cansados ya de tanto atropello: era la gota que colmaba el vaso, la línea roja que no podía rebasarse, el “hasta ahí podíamos llegar” y el “basta ya”.

Lo curioso es que la somera descripción anterior, sin entrar en detalles concretos y cambiando unos nombres por otros, podría encajar perfectamente con la situación de muchas de las ciudades, no solo de Castilla y León, sino de España entera. Se puede afinar y buscar meticulosamente las diferencias, pero también se pueden destapar y airear las similitudes. Esto no es derrotismo, es una constatación simple y una denuncia. Por eso, Gamonal ha despertado tantos recelos y tantas simpatías. Incluso, quienes temían que el alcalde terminase paralizando las obras, porque daba alas a los violentos, pero, sobre todo, la razón a los vecinos, hablaban del efecto Gamonal y de que fuese la cerilla que prendiese la mecha de protestas similares en otras ciudades; también ellos compartían a su pesar el análisis de las similitudes, el clima de corrupción y el hartazgo ciudadano que podía estallar en cualquier momento.

En esta misma línea, en Salamanca, el consistorio ha anunciado un nuevo proyecto de aparcamiento subterráneo en la Avda. de los Comuneros, y un PSOE local perdido, pero que todavía no ha tocado fondo en su desorientación, respalda el proyecto. Se licitará en marzo. Es posible que el proyecto obtenga el mismo éxito que otras iniciativas semejantes en otros emplazamientos, como el proyectado en la Plaza del barrio de Garrido o el Paseo de San Antonio, que terminaron desestimándose, porque no se vendieron las necesarias plazas para residentes que sufragaran el proyecto. Pero estamos ante otro nuevo plan que se anuncia sin que se haya producido el previo, necesario y de elemental exigencia democrática proceso de información e intercambio de opiniones con los vecinos afectados y sin que quede ya representación municipal que canalice la oposición. Falta de transparencia e indefensión vecinal, como viene siendo la tónica habitual, desde el principio. Pero también, falta de previsión e improvisación, porque el proyecto no estaba recogido en el reciente Plan de movilidad presentado por el Ayuntamiento. Si obtiene el mismo resultado que los anteriores, el Ayuntamiento volverá a sumar otro nuevo fracaso que reforzará la falta de oportunidad. Pero, ante la falta de proyecto claro para la ciudad, el equipo de gobierno y, lamentablemente, la oposición institucional, están dispuestos a todo. Con todo, lo más grave es que, además de los enormes inconvenientes que provocará a los vecinos y empresarios de la zona y el impacto negativo sobre el ya deteriorado Parque de La Alamedilla, parece evidente que este tipo de aparcamiento resulta innecesario en esta zona.

Todas las actuaciones municipales en el entorno de la Avda. de los Comuneros: reducción de plazas de aparcamiento en superficie (incluyendo la temporal por fracasada delimitación de parada de taxis), la sorpresiva y sorprendente no inclusión de la calle en la ampliación de nuevas zonas de aparcamiento regulado, etc. todo parece indicar una connivencia clara del equipo de gobierno con las posibles empresas concesionarias del aparcamiento, para generar primero una necesidad que solo un aparcamiento de titularidad pública después, pero de explotación privada, en un régimen de concesión tan largo como discutible, han decidido que puede cubrir.

Sería muy fácil encontrar otra solución para cubrir las necesidades de aparcamiento de los vecinos (no los intereses de las empresas de aparcamiento) y que incidiese mejor y más positivamente en los problemas de movilidad de Salamanca y favoreciese el uso del transporte público o el servicio municipal de alquiler de bicicletas. Tan fácil como encontrar la ubicación más oportuna para un aparcamiento disuasorio,  incluso para esa misma vía de acceso que, sin colapsar más la Plaza de España, bonificase el uso colectivo del coche privado, el uso del bus o de la bicicleta. Habrá que volver a salir a la calle para pelearlo.

Las similitudes son tantas que hay que insistir: no estamos en Burgos, sino en Salamanca.





Una nueva “línea de crédito” moral

19 06 2012

En estas últimas semanas de vértigo, la “probada solvencia” del gobierno ante la crisis me ha recordado la “diligencia” en el reconocimiento y repatriación de las víctimas del Yak 42, la “concienzuda investigación” de los atentados del 11M que les llevaba a “no descartar ninguna hipótesis”, o la “hábil maniobra de alejamiento” del Prestige y su “objetividad informativa” que le valió a Rajoy el merecido sobrenombre de El Señor de los Hilillos.

Porque, si, en palabras de Luis de Guindos, “este gobierno sabe lo que hay que hacer”, entonces, la palabra “saber” cobra otro significado: Y entendemos que “saben perfectamente lo que hay que hacer”  al analizar las prioridades de su programa neoliberal y ultraconservador que les ha llevado iniciar la modificación de la ley del aborto, cambiar la educación para la ciudadanía para hacerla compatible con la “ciudadanía religiosa”, la reforma laboral, la persecución implacable del fraude en las prestaciones sociales y no así el fraude fiscal para el que se concede una generosa amnistía, los recortes en sanidad, educación suficientes para forzar la falsa idea de que la sostenibilidad del sistema pase por su privatización, etc. Pero parece que otra vez las repercusiones económicas e informativas del rescate bancario, aunque se quiera minimizar como hilillos o “línea de crédito” los ha vuelto a descolocar.

Decía Joaquín Costa en Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España que “Las oligarquías que han detentado y usufructuado el poder en los últimos treinta años carecen de aptitud y de autoridad moral para iniciar, impulsar y presidir esa revolución (el necesario rescate moral o “nueva línea de crédito moral”, si se prefiere), siendo por ello preciso […] que se jubile a la feudalidad reinante y se la sustituya por una generación nueva de políticos no gastada ni fracasada, no complicada en la decadencia y caída de la nación”.

Un ejemplo entre muchos de esa decadencia moral podría ser el hotel de El Algarrobico, en el Ayuntamiento de Carboneras, Almería, dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar. Pues bien, la empresa Azata del Sol SL logró en su día los beneplácitos legales de todas las administraciones, modificando “puntualmente” el Plan de Ordenación de Recursos Naturales (PORN) del Parque para retirar la protección al suelo y conseguir edificar “legalmente”. Porque no es que “quien hizo la ley, hizo la trampa”, ni que la ley te permita trampear, es que la ley se modifica especialmente para trampear. Y así fue posible la construcción de este portentoso hotel de 24 plantas, el primero de los 8 proyectados, de los 1500 apartamentos  previstos y del hermoso campo de golf, nada más y nada menos, que en Almería  y en primera línea de playa. Tan en primera, que violaba la Ley de Costas, por lo que tuvo que paralizarse su construcción. Un proyecto, como puede apreciarse, perfectamente “legal y sostenible”. Hasta la semana pasada, en que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) devolvía a los terrenos la calificación de no urbanizable. Y la situación ahora refleja perfectamente, en los debates y propuestas que llegan a hacerse, la altura moral a la que hemos llegado: Mientras la Junta de Andalucía ha calculado que la demolición costaría 8,5 millones de €, Greenpeace presenta un proyecto de derribo controlado y restauración medioambiental de 7,2 millones; al mismo tiempo, 30 municipios reclaman su apertura (que consideran más económica que su derribo, aunque sea ilegal) y que generaría más de 500 puestos de trabajo en la zona. A falta de más de 30 procedimientos judiciales pendientes, no hay culpables, a nadie se le puede hacer pagar el coste del despropósito, y algunos empiezan a pensar que lo mejor es aceptar la ilegalidad.

Pero como tampoco ha habido culpables en la urbanización de Las Navas del Marqués en Ávila, ni es presumible que León de la Riva, Alcalde de Valladolid, sea hallado culpable por modificar  “puntualmente” y en beneficio de algunas constructoras el PGOU, porque todo es “perfectamente legal”.

Y todavía se puede rizar más el rizo, de forma que se pueda situar en la ilegalidad a las víctimas, como ha ocurrido con el edificio conocido como el muro de la Trinidad, una construcción que se ha ido “legalizando” a medida que iban cometiendo infracciones y que ha terminado por situar en la ilegalidad a los propios vecinos de calle Alarcón de Salamanca (ver).

De ahí, que sea tan importante paralizar las infracciones como la de Valdevaqueros en Cádiz o el proyecto de aparcamiento subterráneo en rotación en el antiguo Teatro Bretón  en pleno casco histórico de Salamanca. Por lo menos, hasta que desalojemos a esta generación de políticos que lleva mas de 130 años en el poder y recibamos una nueva “línea de crédito” moral.





A vueltas con el urbanismo: Rectificación y restitución del daño

28 02 2012

Desde que inició su legislatura, el actual equipo de gobierno del Ayuntamiento de Salamanca ha realizado numerosos ejercicios de rectificación. Rectificó el empecinamiento de equipo anterior respecto a la subida del IBI, adelantándose a una sentencia que se presuponía ya condenatoria. Rectificó también ya en este año en el proyecto ya en marcha de remodelación del Paseo de la Estación y rectificó hace poco menos de un mes abandonando definitivamente el proyecto de construir un aparcamiento en la Plaza de los Bandos.

Estos cambios han puesto de manifiesto las diferencias entre el actual equipo y el saliente: Matices, acentos, talantes distintos dentro de un mismo partido y de un equipo de gobierno tan semejante que comparte el eje central y la misma orientación política. Motivos más que suficientes para abrir un interesante debate sobre la identidad y la diferencia, semejante también al que divertía a los atenienses respecto a la nave de Delos, pero que dejaremos para otro momento.

De todos estos hechos, sólo en el caso de la subida ilegal del IBI se ha producido restitución del daño. Una restitución a los ciudadanos que volverá otra vez acrecentada a las arcas municipales con la desproporcionada subida de este impuesto este año. Así que, como bien dijo Fernando Rodríguez este año no notaremos la subida del IBI, porque se compensará con la devolución del ejercicio de 2008, que es una manera de verlo. Porque lo que no notaremos tristemente los ciudadanos es su devolución, que también es otra forma de verlo, aunque menos torticera.

En los otros casos, no habrá restitución del daño, o, por otro procedimiento distinto que en el del IBI, volverán a pagarlo los ciudadanos. Hacer o deshacer, equivocarse o corregir tiene el mismo coste para quien gobierna, que incluso puede vender una cosa y la otra como como acierto político y respeto a las demandas de los ciudadanos o de las organizaciones internacionales. Así que, ya que vamos a pagarlo, deberíamos por lo menos conocer lo que va a costarnos, sin descartar pedir responsabilidades.

Sin embargo, el caso del abandono del proyecto de aparcamiento subterráneo de la Plaza de los Bandos merece una mayor atención. Fernández Mañueco dijo textualmente que la voluntad de su equipo de gobierno es “ajustar nuestras decisiones sobre el patrimonio municipal a las directrices y recomendaciones emanadas de la UNESCO” y se abandonaba definitivamente este proyecto para no poner en peligro la condición de Salamanca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad “dados los efectos positivos que tiene esa condición para esta ciudad y para los salmantinos”. Se atiende a una exigencia de la UNESCO en el último día, cuando la exigencia había sido puesta sobre la mesa desde el principio, pero, bueno está, se rectifica en el último momento, sin saber cuánto nos va a costar reparar los daños y sin ningún propósito de la enmienda. Porque, en el mismo acto que se dice que se abandona este proyecto de aparcamiento en el centro, que es lo que cuestiona la UNESCO, se reitera el compromiso de buscar una alternativa de aparcamiento en el centro de la ciudad. Supongo que con la estrategia de “a ver si cuela”, lo que expresa también claramente la voluntad del equipo de gobierno, que no de los ciudadanos, de trampear con la ley y las condiciones que han merecido la consideración de Salamanca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Lo que muchos salmantinos celebramos como una buena noticia, la conservación del patrimonio cultural y, sobre todo, la conservación del título de Ciudad Patrimonio, volvía a oscurecerse en el horizonte, volvía a abocarse a nuevos peligros, y no por intereses urbanísticos privados, sino por los dirigentes políticos. Se producía así una paradoja política frecuente, pero difícil de explicar: la autoridad se situaba en los márgenes de la ley, dispuesta a burlarla y quebrantarla, y los ciudadanos como garantía de la legalidad.

Por eso, resulta tan interesante leer el nuevo número de la revista Encrucijadas, un interesante proyecto de jóvenes investigadores salmantinos, dedicado a la ciudad y los espacios urbanos, para entender la ciudad como el espacio que mejor refleja esas luchas de poder, como expresión de nuestras decisiones políticas, de la injusticia y de la desigualdad social, pero también de las aspiraciones democráticas de la ciudad como espacio de convivencia, de participación y de integración social al diseñar un urbanismo pensado para garantizar la movilidad y la vivienda al último ciudadano, pero que es también expresión de la corrupción urbanística y de la lucha por la conservación del patrimonio, patrimonio cultural, que no solo es noble o religioso, sino también paisajístico y ciudadano.








A %d blogueros les gusta esto: