El agonizar de la escuela pública

24 10 2014

Este martes 28 de noviembre el Movimiento por una Escuela Pública, Laica y Gratuita (MEPLG) de Salamanca organiza una mesa redonda para reflexionar sobre la actualidad y el futuro de la educación pública. Dejo el cartel y el enlace al evento por si queréis también difundirlo: Educación pública: Amenazas y futuro.Cartel Mesa redonda MEPLG

Espero que lo apuntéis en vuestra agenda como una cita imprescindible. Aprovecho también para invitar a nuestras autoridades educativas provinciales para que también acudan y podamos contar con su presencia.

Pero, si ya a nadie le resulta chocante que sea un movimiento o una plataforma quien tenga que asumir la defensa de la escuela y la educación pública, y no a sus responsables; si quienes tendrían que velar por su prestigio se niegan no solo a participar, sino a prestar recursos públicos para realizar actividades, como si lo público pudiese gestionarse como un cortijo, como ocurrió este año con el día de la Escuela Pública, me temo que la mesa redonda llega demasiado tarde, que el futuro de la educación pública es todo menos un futuro, sino un agonizar.

No sé si a estas alturas tenemos un modelo de educación pública compartido, si consideramos el carácter público, laico y gratuito de la educación una condición y un pilar indispensable para la convivencia democrática, para lucha contra la discriminación y la desigualdad social, para la construcción de una sociedad inclusiva y plural, o si todo eso ha sido y está siendo arrojado por la borda.

Porque no es lo mismo educación pública que educación sostenida con fondos públicos, como acostumbran a decir nuestros responsables políticos, con el mayor de los cinismos y total impunidad. Cuando sabemos que el carácter público de la educación pública, la pluralidad, la tolerancia y el respeto por las diferencias solo son posibles desde una gestión pública, y resulta imposible desde una dirección confesional y privada.

Pero lo más grave es si a estas alturas, bajo la apariencia de haberse convertido en un campo de batalla partidista para la lograr la hegemonía ideológica sin que sea posible un acuerdo general, siendo solo objeto de soflamas retóricas y vacías en campañas electorales, pero abandonada a su suerte, siendo el último mono en la inversión, frente a las deslumbrantes y mil millonarias en infraestructuras de trenes voladores, armamento reluciente que nunca utilizaremos ni podremos pagar, aeropuertos sin aviones, y macroespacios futuristas y contenedores culturales sin presupuesto para su actividad y mantenimiento, con la penuria obligada por unos recortes de asfixia que sitúan sus recursos por debajo del umbral que garantizase su funcionamiento y viabilidad y con unos profesionales denostados, puede cumplir los objetivos que se le suponen.

“Entre todos la mataron y ella sola se murió”, suele decirse para estas situaciones que vemos ocurrir impasibles ante nuestros ojos. Porque el hundimiento controlado y paulatino de la escuela pública no es de ahora. Y en Salamanca especialmente desde hace tiempo, como un buque que se hunde, van abandonando el barco quienes pueden hacerlo antes de que el agua les llegue al cuello. Insisto, “quienes pueden hacerlo”. Podéis verlo a diario: Cada vez más chicos y chicas de todas las edades invaden las calles con sus uniformes de colegio concertado, uniformes que sirven, en un contrasentido semántico, para diferenciarse de quienes no lo llevan, de quienes van a la pública.

El futuro es agónico, pero agonizar también es luchar. No sé si tenemos un modelo de educación pública, ni si contamos con los medios suficientes para hacerla viable, ni siquiera si, en el contexto actual, es posible, pero estoy seguro que muchas de las claves de este debate se verán este martes. No faltéis.

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Algunas enseñanzas para el sistema de salud tras la crisis del Ébola

14 10 2014

Reconozco que en estos momentos lo que más me preocupa es que la auxiliar de enfermería afectada por el Ébola y pendiente en estos días críticos del curso que pueda tomar la enfermedad, se recupere finalmente. Porque, a pesar de no querer pasar por lo que está pasando, todos nos sentimos un poco ella: Todos somos ella y en el curso de su enfermedad se nos va como a ella la vida.

Así que, vamos a centrarnos ahora en su recuperación, porque solo ella nos proporcionará el mínimo de esperanza que se ha quebrado por tantas fisuras como se han abierto en estos días hasta llegar a un sentimiento profundo de indefensión y miedo.

Pero, en la confianza de su recuperación, no podemos pasar por alto toda la cadena de errores que se han producido, toda la ineficacia, toda la desinformación generada, toda la elusión de responsabilidades hasta el extremo de volverlas indecentemente contra la víctima. No es solo cuestión de querer, necesitamos que los responsables asuman su responsabilidad, que es mucha, y se tomen las medidas posibles para que no se vuelva a repetir.

Pero no es esa la única enseñanza que podemos sacar de esta crisis del Ébola. Ya en el foco africano podemos ver cómo la fortaleza del sistema público de salud es la única garantía frente a estas crisis. Por eso, la incidencia ha sido distinta en Senegal que en los tres países donde el foco sigue activo: Guinea, Sierra Leona y Liberia. En estos tres últimos países la estructura sanitaria pública es prácticamente inexistente, se exige pagar a los ciudadanos por cualquier servicio sanitario y, por supuesto, la ayuda internacional ha sido claramente insuficiente. Dolorosamente insuficiente y, sobre todo, alejada de los focos informativos mientras solo afectaba a población africana y pobre. Este es uno de los síntomas más preocupantes y repugnantes de la terrible condición moral de esta sociedad en la que vivimos.

Ya no es solo el despropósito del desmantelamiento del Carlos III que, pese a la situación actual, sigue su curso, un desmantelamiento que no es una consecuencia no deseada de los recortes en sanidad, sino un paso más en una estrategia bien definida diseñada por políticos aferrados fuertemente a una puerta giratoria que les permite defender los intereses de las grandes corporaciones de la sanidad privada desde sus cargos de consejeros de sanidad.

Pero, si algo tenemos que tener bien claro es que solo la fortaleza del sistema público de salud, no su privatización ni desmantelamiento, proporciona los medios para afrontar este tipo de crisis y la debida protección a la población en la que ésta puede asentar su seguridad y confianza.

¿O alguien espera que Asisa, Sanitas, Capio o Axa con su “instinto de protección” vayan a sacarnos de ésta? Y cuando digo Sistema Público de Salud, digo exactamente eso, porque, tras los despropósitos sin calificativos del Consejero de Sanidad de Madrid, hasta la misma Esperanza Aguirre se apunta ahora a ensalzar la profesionalidad de los trabajadores sanitarios, los mismos que han tenido que defender en la calle el carácter público de la sanidad.

Pues eso, espero que al menos tras esta crisis salga reforzada la idea de un sistema público de salud y sitúe a cada uno en su sitio.





Que pague si no cumple

2 10 2014

Leo con preocupación en un medio local de Salamanca que el obispado no ha cumplido su compromiso de abrir algunas iglesias al público tal como había acordado con el Ayuntamiento de Salamanca. Y me preocupa todavía más que el equipo de gobierno disculpe tal incumplimiento.

Supongo enterados a los ciudadanos que la Iglesia Católica española recibe importantes ayudas directas e importantes exenciones fiscales de forma normal y ordinaria y ayudas extraordinarias también en tiempos de crisis de dinero público para arreglos o mantenimiento de sus edificios. Sin ir más lejos, en esta legislatura, el equipo de gobierno del PP de Salamanca ha “cumplido su compromiso electoral” de donar a fondo perdido cerca de 2 millones y medio de euros (que ya es una pasta) para el arreglo de la torre de campanas de la Catedral.

Desconozco cuáles son los motivos por los que el obispado incumple sus acuerdos y creo que está obligado a dar una explicación no solo a los turistas y residentes a quienes dejó a la puerta, sino a todos los ciudadanos, creyentes o no, a quienes obligan a sostener su infraestructura religiosa.

La verdad es que estos tiempos de crisis son inciertos y muchos ciudadanos, trabajadores, pequeñas empresas y familias nos hemos visto obligados a hacer sacrificios, vivir con menos salario, sufrir recortes miles en servicios básicos o a vernos abocados al desempleo continuado, con prestación menguada primero y sin prestación después. La historia reciente de muchos ciudadanos es una historia de pequeñas, pero también de grandes renuncias.

Ya sabemos que no podemos establecer una comparación, por odiosa, entre nosotros, contingentes y temporales, con la Iglesia que es intemporal e necesaria. Pero, a lo mejor, con todo el respeto del mundo, si no puede hacer frente a sus compromisos, porque las razones que sean, a lo mejor, digo, tiene que hacer lo que todos, y renunciar a algunas de sus posesiones temporales, ya que ni puede mantenerlas ni prestar ninguno de los servicios públicos en los justifica sus numerosos privilegios y exenciones, para dedicarse a sus obligaciones espirituales. Sin duda, esta iglesia católica nuestra ha rezado por encima de sus posibilidades, incluyendo en sus oraciones y planes de salvación incluso a quienes no queríamos ser salvados por ella; pero, de un tiempo a esta parte, mantiene también espacios de culto muy por encima de sus posibilidades para un rebaño cada vez más menguado y envejecido y, a lo que se ve, tacaño. Está claro que necesita una profunda reconversión y reducción drástica de su patrimonio, si quiere hacer frente a sus obligaciones temporales. Porque, ya se sabe, hay que darle a Dios lo que es de Dios, pero sin olvidar darle al César lo que es del César.





Corto y cambio

30 09 2014

Hace ya más de tres años que Tribuna de Salamanca me propuso colaborar semanalmente con ellos a través de una sección de blogs de opinión reservados a distintos representantes de organizaciones políticas y sociales. Agradezco a este medio la oportunidad que me ha prestado a mí, pero, especialmente, a la organización a la que pertenezco, de disponer de un espacio donde hacerse oír, leer y valer. Ha sido una experiencia interesante, pero también exigente, que me ha obligado a ser constante y disciplinado durante este tiempo.

He sido y soy consciente de que esta ventana por la que me he asomado todos estos años no era una prerrogativa personal, sino que había recaído en mí como representante de Izquierda Unida. No quiero, por tanto, que me ocurra, como parece que les ocurrió a ciertos políticos valencianos que, cuando recibieron regalos personales, entendían que se los hacían, no por sus cargos, sino por sus enormes méritos personales. Y no.

En una reunión extraordinaria de la Asamblea Local de IU de Salamanca celebrada la pasada semana se nombró un nuevo Consejo Político Local y un nuevo Coordinador Local. Y, puesto que he dejado todas las responsabilidades orgánicas en la formación y la nueva dirección local se enmarca en otra sensibilidad política distinta, no creo en este momento ser la persona que mejor represente ni exprese las posiciones políticas de esta organización en el ámbito local, ni me siento autorizado para ello, y, por tanto, creo que lo correcto es que otra persona ocupe mi lugar. Me libro así del compromiso y de la responsabilidad de escribir en día fijo, con una extensión determinada y de tamizar siempre mi posición con la que entendía que era la posición de mi partido.

Corto de esta manera mi colaboración con Tribuna de Salamanca y me despido de los lectores, pero no cierro, cambio y desde ahora solo estaré en mi blog personal https://laanomalia.wordpress.com/, donde quienes quieran pueden seguir encontrando mis reflexiones y mis comentarios. Agradezco nuevamente a Tribuna y IU la oportunidad de darme a conocer y a los lectores por seguirme. La verdad es que, siendo un espacio de opinión, hubiese deseado no solo ser leído, sino también haber recibido más comentarios y críticas, que hubiesen abierto un intercambio de posiciones, una clarificación mayor de las posturas y generado un debate más enriquecedor. No he dado ocasión o no ha sido posible. Así que, asumo como tal mi parte de responsabilidad. Corto este blog y cambio de sitio, pero espero que sigamos encontrándonos.





La necesidad de la disidencia para la democracia

23 09 2014

Leí esta semana en un medio local de Salamanca, en una morcilla de opinión que suele incrustar en artículos de información, la valoración despectiva que le merecía la contestación a la construcción de un aparcamiento subterráneo en el Parque Infantil de Garrido. Toda la oposición al proyecto quedaba reducida y manipulada de forma simplista a un “No sé, pero me opongo”.
Aunque pueda resultar más que discutible calificar como medio de comunicación a este periódico, cuya sola existencia se justifica exclusivamente en la defensa de los intereses económicos de sus propietarios, es decir, del conglomerado político-empresarial que dirige el Ayuntamiento de Salamanca, el desprecio que expresa hacia cualquier forma de disidencia con los proyectos del actual equipo de gobierno lo convierten no solo en altavoz político-gubernamental, sino en agente decidido de la represión y el control ideológico. Ya no es solo que no tengan cabida en sus páginas las posiciones discrepantes (en esta lógica perversa para un medio de comunicación, pero que hemos terminado aceptando como normal, de que “no van a ellos quienes den difusión a quienes están en contra de sus intereses”) y, ya sabemos que, en las democracias mediáticas actuales, lo que no aparece en los medios no existe; sino que arrojan al espacio ideológico de lo inconsistente toda discrepancia. Desconozco si estas prácticas son fijaciones de comportamientos aprendidos del régimen totalitario nacional-católico del que provienen y en quien se complacen. A mí, solo me corresponde la denuncia de estas prácticas y la defensa de la disidencia, más que del seguidismo sumiso, para el correcto funcionamiento de la democracia.
“Es mentira que no tenga enemigos. Es mentira que no tengan razón”, cantaba Sabina, en una forma certera de expresar la tolerancia y la parte de verdad que hay que reconocer a quienes no piensan como tú. En nada de esto, que se sitúa en el meollo de la democracia, es decir, los valores a los que se pretendía sensibilizar desde la Educación para la Ciudadanía, hoy cesante, se han educado estos “periodistas locales”. Es más, se muestran especialmente refractarios a ellos.
Pero, sobre todo, me parece especialmente preocupante en quienes ejercen el poder prefieran siempre rodearse de incondicionales y aduladores y despreciar a quienes disienten, o, como en el caso que nos ocupa, encargarles su liquidación ideológica a los “medios de comunicación” amigos. Porque la articulación de la disidencia, de la insumisión y la construcción de un posición alternativa contraria y enfrentada requiere siempre un plus de coraje intelectual y de valor moral, frente a la aceptación, la obediencia y el acatamiento incondicional. Siglos de evolución y de control social de la disidencia han terminado por generar poblaciones con “moral de rebaño”, que diría Nietzsche, dóciles y sumisas. Incluso en este género tan nuestro que es la picaresca, la socialización final del “héroe” pasa por aceptar las servidumbres que exigen el éxito social que expresa “rodearse siempre de buenas compañías”.
Quizás quien primero reflexionara sobre esto fuese Etienne de la Boëtie en su Discurso de la servidumbre voluntaria o el Contra Uno. Quizás, también, este artículo no busque otra finalidad que animar a su lectura. Este humanista francés, al que conocemos por su amistad con Montaigne, de quien siempre digo que es uno de mis filósofos de cabecera, se plantea justamente eso. ¿Por qué aceptamos someternos al poder de uno? ¿Por qué renunciamos tan fácilmente a nuestra libertad? La sola insolencia de la pregunta, la convierte ya en peligrosa. Porque, en su respuesta, no hace recaer la responsabilidad principal en el soberano, sino en la falta de coraje de quienes se pliegan cómodamente a obedecer. Por eso, la fortuna hizo que esta obrita fuese breviario de protestantes y hugonotes frente a los católicos en esa sangría que fueron las Guerras de Religión francesas del siglo XVI. Pero, sobre todo, también quiera destacar el coraje de Montaigne al publicar este panfleto tan contrario a sus intereses, siendo católico hasta la médula, lo que no puede significar en él más que con dudas y personalmente, y, sobre todo, manteniendo posturas tan conservadoras en lo político.
De forma que, como conclusión a todo este rodeo tan del gusto de Montaigne, tendríamos que defender justamente lo contrario de lo que mantiene la línea editorial de esta “prensa canalla”, es decir, exigir que se paralice la obra, que ya se inició sin permisos, y reconocer la necesidad de escuchar las razones bien fundadas de quienes se oponen al aparcamiento subterráneo, ante cuyo proyecto me imagino a los políticos locales en actitud semejante a lo que eran objeto de comentario de Millás; y repudiar a una prensa que, lejos de asumir la responsabilidad de ser el “cuarto poder” de la democracia, va incondicionalmente de la mano de los poderosos para repetirnos invariablemente ante cualquier proyecto municipal “No sé, pero lo apoyo”. Y esto es justo lo que no necesitamos en democracia.





No basta con pedir disculpas

16 09 2014

Cualquiera que haya viajado por España durante este verano, sin que importe la dirección o el destino, habrá tenido constancia del fracaso y el abandono de numerosos proyectos de polígonos industriales, urbanizaciones, parques tecnológicos, etc. y, muchas veces, como si hubiera sido obra de una catástrofe repentina y desconocida, las obras han sido dejadas de un día para otro, suspendidas en el tiempo, con las grúas todavía instaladas, inmóviles, que han sido aprovechadas por las cigüeñas para anidar en algunos casos, con sus carteles descoloridos, pero proclamando orgullosos todavía lo que pudo ser y no fue, señas inequívocas de un esplendor truncado, de una ambición imposible fruto de una vanidad sin medida. Se pueden ir enumerando, tantos a la derecha, tantos a la izquierda, todo un enorme derroche de recursos públicos, expuestos sin remedio al deterioro y al olvido. Estamos hablando solo de las “pequeñas” obras sin catalogar, no de las grandes que ya han merecido secciones enteras de denuncia en informativos, como los aeropuertos sin estrenar y otros proyectos megalómanos por los que se hundió sin remedio el dinero de todos.

Este paisaje urbano de la crisis abre sin remedio a numerosas cuestiones. Por los responsables, en primer lugar, ocultos, sin asunción de responsabilidad e impunes bajo el paraguas de las instituciones; por los motivos de lo que ahora descubrimos inequívocamente como despropósito y que fue presentado como necesidad perentoria para el progreso y el desarrollo local; por si hubiera alguna posibilidad, por remota que fuera, para que esos esqueletos ruinosos sirviesen de símbolo, escarmiento en cabeza propia y propósito de enmienda para el futuro. Para que no sean sin más, indiferentes, proyectos truncados sin motivo por el devenir caprichoso de una crisis, tan incomprensible como la meteorología y tan imprevisible como el advenimiento de una glaciación.

Pero, pese a las patentes evidencias y los enormes daños colaterales producidos, parece que nadie, y cuando digo nadie, me refiero aquí a los dos grandes partidos, han cuestionado este modelo de hacer política, centrada más en la obra nueva, que en la rehabilitación y recuperación, en atender preferentemente las demandas de las empresas que las necesidades de los ciudadanos y, sobre todo, en convertir las campañas políticas en una subasta imposible de ver quién da más. Los políticos se convierten así en rehenes de las empresas, a quienes atienden solícitos y ante quiénes únicamente rinden cuentas; mientras que los ciudadanos quedan reducidos a una masa indiferenciada que puede contentarse fácilmente con el reparto de unos caramelos y el oropel de las promesas. Por aquí puede rastrearse la perversión de la democracia que estamos viviendo y la fuente de todas las corrupciones.

En Salamanca, tenemos el caso de la Ciudad Deportiva de La Aldehuela, el proyecto de dotar a un ya espléndido y muy utilizado parque deportivo, con pistas para distintos deportes y una estupenda piscina, de una pista cubierta de atletismo, con la consiguiente remodelación del parque. El proyecto contó con todos los beneplácitos posibles de la Junta de Castilla y León, del Consejo Superior de Deportes y, por supuesto, del propio Ayuntamiento de Salamanca que sacó a concurso la obra con una concesión de explotación de las instalaciones de cuarenta años. La empresa concesionaria quebró dejando tras de sí un reguero de deudas a las empresas subcontratadas, de compromisos incumplidos, conflictos legales y, por supuesto, la obra sin terminar y el parque cerrado.

Tan solo algunos grupos minoritarios como IU manifestamos nuestro rechazo al proyecto, poniendo en cuestión seriamente la necesidad de la instalación, pero, sobre todo, su viabilidad y la discutible legitimidad que tiene hacer una concesión de tantos años con una corporación que solo ha sido elegida por cuatro. Es fácil sacar pecho ahora y mantener “ya lo dijimos”. Pero lo cierto, una vez más es que el esqueleto paralizado de la pista de atletismo y el cierre durante años de La Aldehuela para el disfrute público no han servido para cuestionar el proyecto. Hasta por dos veces ha salido otra vez a concurso, adjudicándose al final a una de las empresas subcontratadas en el proyecto inicial, una empresa que aspira lógicamente a poder cobrar su deuda, pero que resulta más que dudoso que pueda cumplir los plazos y las nuevas condiciones del contrato más restrictivas todavía.

Como una profecía autocumplida, a fecha 1 de septiembre ya no ha cumplido y seguimos con La Aldehuela cerrada. El alcalde de Salamanca ha pedido públicamente en un Pleno Municipal disculpas a los salmantinos. Pero, aquí, como en tantas cosas, las disculpas ya no son suficiente.





El bochorno

9 09 2014

Al decir de Aristóteles, la vida práctica, que es aquella dedicada al ejercicio de la política, persigue como único fin, no la felicidad o el placer, sino el honor. El desprestigio que sufren los políticos en la actualidad hace que esta afirmación clásica suene más a expresión de un desiderátum que a una correcta descripción de la vida política. No obstante, existe un mínimo de honradez intelectual que traza una línea roja, por debajo de la cual se abre un abismo sin fondo en el que la conciencia y el recuerdo del bochorno deberían bastar para forzar el abandono.

Algo debe pasar por tu cabeza cuando reconoces que el argumentario remitido por la oficina de prensa no hay por dónde cogerlo, porque, de tanto retorcer el lenguaje para presentar como creíble lo imposible, se aboca al absurdo o la estupidez. El mínimo de honradez exigible para cualquiera que quiera dedicarse a la política le obligaría a plantarse, a decir “por ahí no paso y punto”. Es sencillo. Pero, si no lo haces, entras en una zona anómica, impredecible, de indignidad creciente, en caída libre y sin retorno.

Algo parecido debieron sentir Carlos Floriano y Dolores de Cospedal cuando tuvieron que vérselas ante la opinión pública para defender lo que les había remitido su oficina de prensa para explicar el no despido por imposible o el salario como despido pactado en diferido. Son momentos que se han incorporado ya como hitos destacados en la historia universal del bochorno.

Y algo parecido deben sentir ahora en esta defensa a muerte de eso que han terminado llamando “elección directa del alcalde”, medida que quieren introducir por lo civil o por lo criminal, pactada o no, en la reforma urgente de la ley electoral. No hay manera de explicar la necesidad y la urgencia de adoptar una medida así y, sobre todo, menos aún de ligarla a “regeneración política”. Chirría por todos lados. Ni siquiera quienes se ven obligados a defenderla por disciplina de partido se la creen, y los esfuerzos argumentativos se reiteran vacíos, aprendidos de memoria y sin convicción.

Cuando la crisis de representatividad de los políticos señala inequívocamente al bipartidismo como principal responsable, se pretende ahora apuntalarlo en el ámbito local, argumentando justamente razones de cercanía. Cuando el problema principal de la administración local es el clientelismo constituido y asentado institucionalmente y la corrupción, como bien señala Soledad Gallego en “Menos hablar de mayorías y más controles locales”, y no la falta de estabilidad política o gobernabilidad, que es lo que se pretende con esta medida. Y, sobre todo, cuando la política democrática debería sustanciarse en el terreno de las ideas y las propuestas y no en el de los personalismos ni en los liderazgos individuales sino colectivos.

Sin duda, debe resultar bochornoso salir a defender una medida justificándola en lo contrario que se busca con ella. Pero hasta esos extremos ha llegado la política española.

Y con una mezcla de ese mismo bochorno y perplejidad leí el otro día la entrevista a Alfonso Fernández Mañueco, alcalde de Salamanca, en un medio local. Debe ser difícil para él creerse ya el propio titular. “Nunca he estado en la carrera para suceder a Herrera”. Toda la vida haciéndose pasar por el delfín para negarlo ahora sin pestañear. Es posible que si lo repite varias veces, incluso, pueda llegar a creérselo, pero dudo que pueda convencer a la opinión pública salmantina.

El caso es que la entrevista sirve básicamente para postularse como candidato a la alcaldía por el PP, si así lo estima oportuno el partido. Y, por supuesto, reacio a su designación en unas primarias, con una afirmación cuanto menos paradójica: “Yo ya he pasado unas primarias que fueron las elecciones de 2011”.

Y, ya en estas, no puede sorprendernos que se declare firme defensor de la “elección directa de los alcaldes”, con el argumento falaz e insostenible de “evitar que se gane en los despachos lo que se pierde en las urnas”, en alusión a la constitución de mayorías en pactos postelectorales, algo que resulta una práctica impecable de la regla de la mayoría que constituye la esencia de la democracia, pese a que ahora quiera decirse lo contrario.

Pero el señor Mañueco parece olvidar que encabezar una lista cerrada, elaborada por un partido, no es en modo alguno unas primarias, ni tampoco que llegó a la alcaldía en una campaña cerrada y rechazando participar y confrontar públicamente en ningún debate abierto con el resto de los candidatos a la alcaldía. Algo en lo que debió estar bien asesorado por su equipo de campaña, que, sin duda, le aconsejó con “buen criterio” que en esa exposición pública tendría mucho que perder y nada que ganar. Otra prueba más de que la amnesia es el antídoto del bochorno.








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