Pedagogía del refuerzo versus pedagogía del esfuerzo

20 05 2013

Aunque la expresión “pedagogía del esfuerzo” no se haya usado tanto para respaldar los cambios de la LOMCE como para la LOE, los motivos de fondo son idénticos. Véase si no el artículo de Esperanza Aguirre La educación y la izquierda del lunes pasado en ABC. La verdad es que siempre quise saber qué novedosas teorías pedagógicas o de psicología de la educación apoyaban esta concepción educativa denominada “pedagogía del esfuerzo”. En fin, algo tan elemental como saber que la LOGSE se apoyaba en el constructivismo y el aprendizaje significativo, o la LGE en la enseñanza programada, pero no he sido capaz de encontrar ninguna respuesta, e invito a los lectores a buscarla, porque mucho me temo que no exista.

Lo que me sigue sorprendiendo es el “idealismo” de la política educativa de este país, que pretende cambiar la educación a golpe de ley, sin atender a las “condiciones materiales” que diría el marxismo clásico, es decir,  sin tener en cuenta las resistencias y contexto del propio sistema escolar y la financiación necesaria para ponerla en práctica.

Pero el diagnóstico liberal es rotundo y ha encontrado un único culpable: La LOGSE rebajó “hasta extremos inimaginables el nivel académico”, lo que ha llevado a que “los alumnos no se esfuercen, a que los profesores se desmoralicen y a que los resultados académicos sean cada vez más pobres”.  De esta forma, pretender retener en el aula a todos los alumnos hasta los 16 años ha “acabado por ser el mayor enemigo de la igualdad de oportunidades… Porque un sistema que no es exigente con los alumnos impide que los que provienen de las familias más desfavorecidas económicamente puedan acceder a las oportunidades que siempre tendrán los de familias más pudientes”. ¡Cuánta certeza incuestionable para un dogma tan simplista!

Han definido un alumno “típico” de la ESO, que no se esfuerza, que es disruptivo, etc. y que, pese a todo, el sistema lo “promociona automáticamente” de curso en curso hasta conseguir la titulación. Pero, frente a la demagogia fácil de lo “típico”, se enfrenta siempre la contundencia de la sociología y de los datos. Porque los alumnos que “promocionan automáticamente” no son los que titulan, no son los beneficiados de un sistema perverso que recompensa a los que no trabajan, sino, al contrario, son ellos justamente los grandes damnificados y los que engrosan las cifras del abandono y el fracaso escolar. Promocionar automáticamente con más de dos materias, lejos de ser una ventaja educativa, es una losa, porque ya no tendrán que enfrentarse a un curso con 9 materias, sino que a esas 9 tendrán que añadir todas las no superadas. Ya tenemos al muerto, solo falta cavar la tumba.

Y también es radicalmente falso que la escuela española haya tenido alguna vez celo pedagogista. Si algo hay que echarle en cara es justamente aquello de que “la letra con sangre entra” y la deriva instruccionalista de la educación actual (centrada solo en los contenidos conceptuales, frente a otros más educativos o trasversales) no es una casualidad. No. En la escuela española nunca se ha primado a quien no se esfuerza. Lo de la “pedagogía del esfuerzo” no es más que una culpabilización de las víctimas: Fracasas porque no te has esforzado lo suficiente. Y culpabiliza también las políticas de igualdad en todos los ámbitos con un razonamiento perverso. Si quieres conseguir la igualdad, siembra la desigualdad; si la cooperación, la competencia; si la promoción de los que se esfuerzan, la selección de los mejores, etc. ¡Que todo esto tenemos que aguantar como evidente!

Cuando lo que resulta indudable es que si no se refuerza y apoya (lo que requiere medios personales y económicos) a quien no alcanza los contenidos (y en esto sí que Finlandia puede servirnos de ejemplo) y no dispone tampoco del apoyo familiar del que siempre disponen las familias más pudientes, serán los de las familias más desfavorecidas quienes estén condenados al fracaso y al abandono.

No es cuestión de más esfuerzo, es cuestión de ofrecer refuerzos a quienes los necesitan. Y aquí la LOMCE los deja otra vez solos, pero ahora cumplabilizados. En realidad, la pedagogía del esfuerzo expresa los principios morales del protestantismo que Weber supo ver en el origen del capitalismo. Más que pedagogía del esfuerzo, es moral religiosa del esfuerzo, por eso, no obedece a teorías pedagógicas. Y más que oponerse a la cultura del placer (que también) se opone al estado del bienestar. Un estado que garantiza los bienes y servicios indispensables para llevar una vida digna por derecho a todos, piensan, convierte a los ciudadanos en vagos, incapaces de esforzarse por nada, ni por el trabajo, ni por la salud, ni por la educación ni por nada. ¡Menos mal que la crisis nos ha hecho ver claramente la molicie y la indolencia de la mayoría social, que pretende conseguir sin esfuerzo lo que la minoría social desde siempre les ha arrebatado!





Parar la LOMCE, garantizar el futuro

13 05 2013

“Pero, ¿qué sabe de agricultura un ministro de agricultura?” era, creo recordar, una de las muletillas que hicieron famosa Tip y Coll hace unas décadas. Pregunta, que bien podría generalizarse a otros ministerios. En el caso de España, no nos cabe duda: El señor Arias Cañete no sabemos si sabe mucho de agricultura o no, lo que sí es claro es que tiene importantes intereses y es el “hombre de confianza” en el gobierno de importantes lobbies con amplios y variados intereses. Su caso puede resultar más escandaloso que los ejemplos que suelen ponerse de “puerta giratoria” entre empresas privadas y sector público: Aquí simplemente ha desaparecido la puerta. Si no, resulta muy difícil entender la amnistía inmobiliaria, el atentando a los intereses públicos y a eso que suele llamarse conservación del medio para las generaciones futuras, que ha significado la reforma de ley de costas aprobada la semana pasada. Sencillamente, un acto de enaltecimiento del terrorismo medioambiental y una bomba de destrucción masiva contra nuestras costas.

Por eso, cuando la semana pasada, tratábamos de convencer a nuestros compañeros para que secundaran la huelga de enseñanza, el asunto de fondo era lo irreversible de los daños que la política partidista del PP estaba ocasionando. En la costa, parece innegable. Más dudas nos generaba en la educación. Sobre todo, porque existía una confianza en que un futuro cambio de gobierno y la consiguiente retirada inmediata de la LOMCE (como ya ocurrió antes con la LOE) podría regenerar o paliar el estropicio. Pero, a juzgar por las últimas encuestas de estimación de voto, no parece que esa sea una expectativa razonable.

Tenemos la generación mejor formada, que estamos condenando a que se pierda o que busque su vida fuera del país, y tenemos también la mayor tasa de abandono escolar, cercana al 30%, una de las consecuencias no colaterales sino directas del boom inmobiliario, ya que la absorción del mercado laboral de trabajadores no cualificados durante ese periodo y la llamada del dinero fácil, fueron el reclamo para abandonar la formación.

Cola de la manifestación contra la LOMCE del 9 de Mayo en Salamanca

Cola de la manifestación contra la LOMCE del 9 de Mayo en Salamanca

Así, mucho me temo, que la LOMCE, si no conseguimos detenerla, deparará consecuencias profundas y duraderas, que serán más irreparables e irreversibles de lo que ahora podemos calcular.

En primer lugar, porque esta ley fija como definitivos y ahonda los recortes educativos, tanto en plantilla, horarios e inversión pública. Si llegamos al 5% del PIB en 2009, la inversión en educación se redujo al 4,3% 2012 y se prevé que llegué al 3,9% en 2015. Toda una declaración de intenciones. No se trata de que no haya dinero. Se trata, como ha repetido el ministro Wert, de entender que los recortes garantizarán la mejora de la calidad: Como no está demostrado que el aumento de la inversión garantice el aumento de calidad, la “racionalización del gasto”, que es como se llaman los recortes, sí la traerá. Que el argumento es falaz, lo sabe cualquiera que no sea ministro de educación. Lo digo, porque los malos estudiantes lo aplican a diario: “Como estudiar no garantiza el aprobado, lo mejor, es no estudiar, a ver si así apruebo”. Y así les va.

Pero, en segundo lugar, la calidad no se logra ni con la segregación temprana, ni con los controles externos (reválidas). En educación, siempre se ha tratado de evaluar para aprender y, solo quien no ha entendido esto, cree que puede invertirse el proceso y centrarlo en la evaluación: quien solo aprende para un examen, puede superar el examen, pero degrada su aprendizaje.

En tercer lugar, esta reforma obedece simple y llanamente a la voluntad partidista de marcar la educación con su sello ideológico. Quienes consideran que no es posible que cada cambio de gobierno signifique un cambio educativo, que acumulamos ya más leyes educativas en un decenio, que Finlandia en un siglo, que se requiere un consenso mínimo en educación, no puede aceptar el único argumento que esgrime el PP: que ahora le toca a él cambiarla.

En cuarto lugar, esta ley rompe definitivamente un consenso social más fuerte que el constitucional en favor de la enseñanza comprensiva. Se trata de evitar que los alumnos realicen opciones irreversibles en edades tempranas y que la educación mantenga un núcleo enseñanzas comunes hasta los 16 años, como garantía de  lucha contra la desigualdad y mejora de oportunidades para los más desfavorecidos, es decir, de cohesión social y convivencia democrática. Que la enseñanza comprensiva es pedagógicamente posible y políticamente deseable lo confirma a diario el modelo finlandés, con su insistencia en la formación del profesorado, los apoyos continuados a los alumnos con dificultades y la apuesta por la enseñanza pública, laica y gratuita. Que el modelo requiere mayor inversión pública, lo sabe hasta el propio ministro Wert. Pero ellos ya han reservado para sus hijos una escuela privada, exclusiva y excluyente, que les pagamos todos. El resto sabemos que la educación pública es la única garantía de futuro y que los recortes provocarán daños irreparables, que tenemos que evitarlo y que juntos podemos. La movilización y la huelga del 9 de mayo ya han logrado el aplazamiento de la LOMCE. Queda por delante su retirada definitiva.





Los sobrantes

6 05 2013

Tenía pensado hablar de educación y de filosofía y de cómo queda filosofía en la educación secundaria con la LOMCE, sobre todo, con la convocatoria de huelga general en todos los sectores de la enseñanza para este jueves 9 de mayo, pero he pensado que estos son temas recurrentes, inactuales, que diría Nietzsche, y ahora estamos en tiempos de urgencia y premura, de necesidades perentorias, de hoy para ayer, y es obligado marcar prioridades.

Casa P EstacionLa semana pasada se consumó el desalojo definitivo de una cuadrilla de rumanos que habían ocupado un edificio prácticamente en ruinas en el Paseo de la Estación de Salamanca. Primero, les habían talado árboles y arrasado el jardín más allá de lo exigible a su mantenimiento, y después llegó la orden de desalojo. La casualidad, que muchas veces invierte el orden de su tercera y cuarta letra, la causalidad, digo, hizo coincidir esta orden con los días más fríos del mes. Y esa mera coincidencia puso fin a una ocupación consentida, por la voluntad expresa de hacer “invisibles” a los excluidos, a los sin trabajo, sin patria, sin casa, sin recursos, sin nada. Así que, resultaba difícil taparse con tan poco y con tanto frío fuera.

ensayosobrecegueraEs seguro que en estos escalones de la miseria, donde no hay amparo posible más que la supervivencia urgente y ciega, se den situaciones de explotación extrema como dibujó con viveza Saramago en Ensayo sobre la ceguera. La miseria, como el hambre, tiene esas cosas. Además, si a la exclusión extrema se le une la condición de extranjero, pobre y rumano, ni la condición de invisibles ni la de excluidos es suficiente, habría que hablar estrictamente de “sobrantes”. Y aquí la clave es tomar la perspectiva desde la distancia o desde la empatía, desde la indiferencia y el rechazo o desde la solidaridad doliente. Reconozco que, desde el punto de vista filosófico y también educativo, me he preguntado muchas veces por las experiencias que condicionan esas tan diferentes actitudes y no he llegado a encontrar una respuesta concluyente.

Pero el hecho de encontrarnos cada vez más ante un número mayor de población sobrante, especialmente en este primer mundo que considerábamos tan indemne a estas situaciones, posee una urgencia atronadora. Pido disculpas por este “nuevo crimen contra la filosofía”.

Bien miradas las cosas, a este sistema, a esta Europa, a esta España y a esta Salamanca, en esto que podríamos llamar el “capitalismo real”, como distinto del teórico, le sobran cada vez más personas y más cosas. No solo le sobra la población inmigrante, incluso la europea, si no dispone de trabajo; le sobran,  y en España lo hemos sabido la semana pasada, nada más y nada menos que 6202700 personas; sobra en lo que antes era el sistema público de salud todos los no asegurados, incluso los beneficiarios, los sin papeles, los que han agotado el permiso de residencia, los que no han cotizado y ya pasan de los 26 años, etc.; le sobran los que toman fármacos  por pura maldad; le sobran todos los alumnos con dificultades de aprendizaje, los que no se esfuerzan y los que sí; le sobran materias escolares como la filosofía, la ciudadanía, la plástica o la economía, etc.; le sobran todos los ciudadanos caprichosos que se empeñan en vivir en núcleos de población periféricos a los que no resulta rentable llevar ni el trasporte, ni la educación, ni la sanidad, ni las urgencias, ni otros servicios públicos considerados de primera necesidad; le sobran en proporción y cantidad que está determinándose todavía, pero es claro que le sobran, un montón de jubilados y jubiladas que se empeñan en continuar viviendo, incluso con buena salud, más allá de lo que se considera conveniente; le sobran profesores, médicos, funcionarios (en Portugal, sin ir más lejos, van a despedir nada más y nada menos que a 30000, que se dice pronto, para que la “cosa” funcione pero sin funcionarios, que no deja de ser un galimatías); sobran jóvenes por supuesto, tanto cualificados como sin cualificar, al mayor o al detal, pero sobran y más del 57 %, y eso que el índice de natalidad es de los más bajos del mundo; sobran mujeres, sobre todo, si tienen veleidades de querer decidir sobre su maternidad, más allá de lo que establece la santa madre iglesia; sobran ahorradores arruinados por no entender que las preferentes no eran “su” negocio; sobran casas vacías y sobran hipotecados morosos y sin recursos que tendrán que ser desahuciados por “pura lógica económica”; sobran salas de cine, bibliotecas; sobran lectores; sobran municipios y alcaldes y sobra democracia; sobra un tan largo etcétera, que temo dejar a alguno sin citar.

Así que, la crisis consiste simplemente en eso: concienciar a toda esa ingente población de su condición de sobrantes para que adopten alguna “resolución patriótica” como la movilidad exterior o el suicidio; para que definitivamente sobre esa inmensa montaña de desperdicios y escoria, pueda emerger al fin un mercado totalmente eficiente, sin alteraciones, ni trabas, ni intervenciones; un mercado arcádico ya sin tanta perniciosa anomalía. Y a eso están.





Las cifras de la paciencia

29 04 2013

Al igual que la tragedia, que consigue expresar en tres actos lo más terrible de nuestra existencia, la semana pasada se han necesitado esos mismos tres actos para acercarnos a la catástrofe.
El primero, los datos demoledores de la EPA del primer trimestre: llegamos a 6202700, es decir, seis millones doscientos dos mil setecientos parados, que suena más atronador, con una tasa de desempleo del 27,16% de la población activa y que llega al 57,2% en los menores de 25 años. En Salamanca, el número de parados asciende a 35400, lo que significa un 22,74%, de forma que ascienden ya a 10.800 las familias que tienen a todos sus miembros en paro. Pero lo más sangrante es el desempleo juvenil que en Salamanca registra cifras más que preocupantes: el 59,6% de la población menor de 25 años está en paro, pero lo peor es que a principios de 2009 había 16300 jóvenes en Salamanca que demandaban empleo, y ahora son ya solo 10000, lo que significa que más de 6000 jóvenes han tenido que abandonar nuestra provincia en los últimos años, a razón de 4 al día, lo que es un claro ejemplo de eso que nuestra insigne ministra del paro Fátima Báñez llamaba “movilidad exterior”, algo de lo que tendríamos que estar orgullosos, según la eminente Esperanza Aguirre. Una verdadera tragedia para la toda la sociedad española, que no mereció ni un solo comentario de ningún responsable del PP, excepto los del ya muy desacreditado Carlos Floriano, al que parecen caerle todos los marrones.
Segundo: la revisión a la baja de las previsiones del plan de estabilidad para los próximos 3 años que ha vuelto a presentar el gobierno de Rajoy, ya que nadie podía sostener los presentados anteriormente. Aceptando que el ajuste presupuestario pueda demorarse otros dos años y, por tanto, el déficit público sólo se sitúe por debajo de la cifra mágica del 3% en 2016, la deuda pública, sin embargo, alcanzaría en ese mismo año el 99,8% del PIB, y lo más alarmante, la tasa de desempleo no bajaría de 25% hasta 2016. Un panorama desolador para los desempleados y la clase trabajadora de España, y todo esto con el gobierno de un partido como el PP que, al decir de Félix Pons en plena campaña electoral, eran los “especialistas en crear empleo”. Ya ni en sus propias previsiones admiten que mejoraran la herencia recibida, sino que dejarán el país en una situación peor que la que se encontraron. La tragedia nacional convertida en burla.
Tercero, y para dejar mejor las cosas, el plasmático Mariano Rajoy abre la boca este domingo en Granada para decirnos que “el gobierno sabe lo que hay que hacer”, que está muy conforme con el rendimiento y el trabajo de todos sus ministros y de la política económica que está aplicando tan eficazmente y que hay que tener paciencia. Ni van a cambiar sus políticas, ni el gobierno, ni consideran que lo estén haciendo mal, ni conceden ninguna esperanza a quienes están en una situación límite. Simplemente, a este impresentable presidente de gobierno que sufrimos, el 27, 16% de tasa de paro sólo le da para pedir paciencia. La tragedia, que ya era una burla, se ha convertido ahora ya en toda una provocación.
Y es que este gobierno se ha revelado hasta ahora ineficaz en todas sus previsiones. La única que ha cumplido a rajatabla ha sido la de la tasa de desempleo, incluso por adelantado. Si se pensaba cerrar el año con una tasa del 27%, ahí está don Mariano y su gobierno para adelantarse y tenerla ya cumplida en abril. Y lo peor es que en el horizonte es más creíble alcanzar los 7 millones de parados que bajar de los 6 millones y, sobre todo, que tras ellos están todos los que conservan el empleo con alfileres, sin cubrir los gastos necesarios, habiendo agotado las reservas y el apoyo de la familia. Pedir paciencia en esta gravísima situación no es falta de empatía y sensibilidad, es sin más un ataque de sadismo.
Paciencia y no una gran remontada, como en la que se han conjurado el Madrid y el Barça tras sus malos resultados, es lo que nos ha pedido Rajoy, para sorpresa e indignación de Iñaki Gabilondo. Pero puede que no esté desencaminado, que sepa lo que hay que hacer, incluso que está cumpliendo minuciosamente su programa y su deber. La criminalización del aborto, la contrarreforma educativo-catolicista de Wert, la permisividad en las costas, etc. no son la tapadera ideológica del fracaso económico, como argumentaba Soledad Gallego-Díaz en Ideología, la mejor distracción contra el paro, son el complemento necesario con el paro y el miedo a la destrucción sistemática y sin oposición del estado social, con una eficiente política de privatizaciones. Aunque algunas solo duren una legislatura, tras el paso triunfante de Rajoy ya no reconocerá a España ni la madre que la parió. Así de simple.
Así que, si seis millones no son razones suficientes para acudir a la manifestación del 1º de mayo, espero haber ofrecido alguna más. Si ya has perdido la paciencia, no puedes quedarte solo en la indignación, tienes que organizarte y participar en las movilizaciones.





Contraescraches

23 04 2013

El pasado jueves 18 de abril el Congreso de los Diputados aprobó, con los únicos votos a favor del PP, el Decreto-ley de medidas urgentes para reforzar la protección de deudores hipotecarios, que así se llama por fin el decreto con el que el PP ha querido “tener en cuenta” la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), sin recoger ninguna de las propuestas que en ella se contenían.

Resulta francamente preocupante el nulo caso que dispensa el Congreso a las ILP, así que, como nos temíamos, frente al botón verde de “Sí se puede”, los parlamentarios del PP han preferido pulsar el rojo de “Pero no quieren”. Tras el engaño manifiesto que supuso el primer intento de regular las ejecuciones hipotecarias que fue el código de buenas prácticas bancarias, pero que se nos vendió como la única solución posible entonces, ahora no han podido negar, porque la ILP los ha “puesto en evidencia” que no están por la labor de resolver este drama social de forma justa, es decir, asumiendo las propuestas razonables de la PAH, y se han situado claramente de parte de los intereses de las instituciones financieras y no de los ciudadanos. El experimentum crucis de la democracia del que hablaba en Democracias cautivas se ha resuelto sin dejar dudas y, para colmo, no será más que otro parche fallido, otra ocasión perdida para terminar con un sufrimiento añadido. ¡Cuánto dolor innecesario podríamos habernos ahorrado! Pero el dolor infringido innecesariamente a los excluidos no es a los ojos del PP violencia.

Como sí lo es, para ellos, y la de peor especie la que han producido los escraches de los activistas antidesahucios. Sin embargo, tras el enorme esfuerzo que supuso la tramitación de la ILP, la recogida de firmas y lograr que se tramitara en el Congreso, para la mayoría social que respaldaba la iniciativa, que vive y ha vivido de cerca y en primera línea el sufrimiento de muchas familias, el trabajo de los diputados quedaba reducido tan solo a pulsar el botón correcto, el que los convertía en representantes de la voluntad popular. ¡Cómo no sentir frustración ante la impotencia de ver fracasados, sin argumentos y sin explicaciones, la última esperanza, la que exigía a los parlamentarios tan solo cumplir con sus obligaciones democráticas y proteger a los ciudadanos! Ese y no otro es el origen de los escraches de estas últimas semanas sobre diputados populares.

No tengo ni el tiempo ni el conocimiento de Alex Grijelmo en Escraches de ida y vuelta ni de Alfredo González-Ruibal en Escraches, nazismo y arqueología, para analizar el origen de la palabra y de esta forma de protesta, pero me resulta sorprendente que no solo los tertulianos de la tdt party e ideólogos políticos de la talla de Dolores de Cospedal los hayan descalificado (aunque sus comparaciones sean de lo más burdas), sino que se hayan pretendido establecer “límites objetivos, legales y previos” como las viviendas particulares, la presencia de menores o un cinturón de seguridad de 300 m, lo sorprendente es que sean demonizados en general como forma de coacción política no admisible en democracia como hace por ejemplo Patxo Unzueta en Escraches: un problema de democracia, más allá del debate sobre su legalidad o ilegalidad.

Porque a la mayoría nos resulta claro que el límite lo determinan las leyes, sin que pueda presuponerse a priori su ilegalidad, intención o carácter delictivo (lo que nos situaría en escenarios cercanos a la “policía del pensamiento” de 1984 o Minority Report), y, por supuesto, que, en la confrontación de derechos,  la libertad de expresión debe primar sobre la supuesta vida privada, que no intimidad. Pero, sobre todo, es que este tipo de escraches que han protagonizado los activistas de la PAH, no son verdaderamente escraches, sino, si se me permite la expresión, contraescraches, no en el sentido tristemente acuñado por Sigfrid Soria, sino en el sentido literal de que constituyen una reacción contra los escraches, si no violentos, sí persistentes hasta el agotamiento, de los lobbys y la troika europea. ¡Claro que a estos grupos de presión, carentes de legitimidad democrática en sentido estricto, no pueden ser alejados a 300 m, porque están ya inoculados en las mentes, imaginarios y bolsillos de muchos diputados populares!

Enrique Gil Calvo lo resumía muy bien el otro día en Escraches, al compararlos a “una modesta performance que busca sacudir con su catarsis la conciencia del público espectador. Y como tal, una fórmula tradicional de resistencia simbólica, como la cencerrada, el charivari o la cacerolada, que forma parte del repertorio de protesta de las clases populares” y la polémica sobre ellos como un falso conflicto inventado “para hacer desaparecer el verdadero conflicto real: el que enfrenta a los bancos acreedores con sus deudores hipotecarios, a los que se aplica una arcaica legislación que ya ha sido declarada injusta por el Tribunal de Justicia Europeo y por el Consejo General del Poder Judicial.”





Más allá del papanatismo y el conservadurismo: Siempre nos quedará la república

15 04 2013

Una sociedad verdaderamente libre es una sociedad que fomenta el ejercicio de la crítica racional y de la discrepancia, pero, por desgracia, hace tiempo que estamos alejados de ese horizonte y caminamos en sentido contrario.

No tengo nada que objetar con respecto a la iglesia, puesto que ha hecho de la obediencia debida su único impulso intelectual. Así que no me sorprendió nada el papanatismo tautológico con que se acogió la renuncia del papa. Hay que ver las horas de animado debate que se dedicaron, incluso en la televisión pública, para expresar tanto acuerdo entusiástico para una sola verdad: lo bien que lo había hecho el papa al renunciar. Y los argumentos hubiesen respaldado el mismo juicio de valor si hubiese continuado. Otro milagro de la infalibilidad del papa. Y un modelo perfecto de cómo la alabanza incondicional y redundante puede hacerse pasar por análisis lúcido y crítico.

Pero que éste sea el paradigma que haya de seguirse para valorar la institución de la monarquía en España resulta mucho más preocupante. Según Javier Arenas, “salvo algunos hechos puntuales, la hoja de servicios del rey es impecable”. Expresión que posee, como se habrá observado enseguida, el mismo rigor lógico que la de Rajoy al afirmar que “todo es mentira, salvo alguna cosa que se ha publicado”. Así que, la defensa de la monarquía y sus servicios a España (¿o era la marca España?) se resumen en la resuelta toma de partido en el 23F (que no fue tan resuelta si tenemos en cuenta que se prolongó durante unas angustiosas horas). Otra vez el papanatismo como paradigma de rigor intelectual. Será lo que hay.

Pero lo cierto es que la crisis institucional afecta de lleno a la monarquía y no solo por el presunto enriquecimiento ilegal del yerno y la imputación de la infanta, sino por la propia falta de “ejemplaridad” del mismo monarca y de otros asuntos menos finos que se han ido ocultando o disculpando desde hace tiempo. Y también lo es que la estrategia de negarlo, cerrar filas y recordar la versión oficial del 23F, que lejos de ayudar, terminará empeorando más la imagen de la monarquía. No cabe duda ya de que la casa real “borbonea” de nuevo (¿o ha sido desde siempre?).

Por otro lado, cada vez son más los analistas que se preguntan por el calado de la crisis institucional en que está derivando la crisis económica. Por citar solo tres recientes. Manuel Cruz, en El final de la monarquía prepolítica, mantiene que “se impone cambiar el rumbo y abordar de forma abierta y decidida la empresa del desarrollo y reforma de los títulos de la Constitución que hacen referencia a la Corona con el objeto de someter su funcionamiento a control democrático”, frente al continuado empeño de mantener a la monarquía en una especie de “limbo prepolítico”, que sería más correcto llamar predemocrático. Parece que se trata, de cambiar algo para que todo siga igual, porque la crisis institucional la focaliza sólo en la monarquía. Lluís Bassets se cuestiona en Crisis de régimen, si la crisis económica no habrá derivado ya en una crisis de régimen, entendiendo por tal “cuando el sistema institucional es incapaz de responder a la pérdida de confianza”. De forma que tendremos que responder afirmativamente si aceptamos el diagnóstico de Josep Ramoneda en Dos grandes en crisis: “El régimen español surgido de la Transición está gripado. Necesita una reforma a fondo si no queremos que la democracia se reduzca definitivamente a una pura ficción.”, idea en la que ya viene insistiendo desde hace tiempo, pero, sobre todo, que “Los dos partidos políticos que deberían emprenderla ni tienen la confianza de la ciudadanía ni muestran ninguna intención de emprender cambios que supongan una verdadera redistribución del poder.”

De esta forma, frente a la crisis de régimen en la que nos encontramos, se ha instalado un conservadurismo, temeroso y paralizante: Nada de reformar la constitución y menos de hacer un nuevo proceso constituyente que nos dote de un nuevo marco de convivencia ya sin la supervisión de los “poderes fácticos” del franquismo. No se puede abrir la constitución-melón por lo que pueda pasar. Así, no sólo la monarquía estaría en un limbo predemocrático, sino también la constitución del 78 estaría por encima y a salvo de la soberanía popular, que los conservadores siempre entienden como peligrosa, sobre todo, si no siempre, en tiempos de crisis.

Pero, frente al papanatismo y el conservadurismo, como lo refrendaron muchos ciudadanos el 14 de abril, siempre nos quedará la república, que empezaba con aquello de “España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”. ¡Cuánta alegría entonces para tanto miedo y tristeza de hoy!





No nos salen bien las cuentas

8 04 2013

Se necesita estar muy enfadado, indignado y harto de la escandalosa situación que nos están obligando a vivir, es decir, tan harto como todos los que no hemos vivido ni vivimos de mamandurrias, para escribir y firmar un artículo como el de Nicolás Sartorius en El  País, titulado Vuestro paraíso es su infierno. No quiero evitar su lectura, que resulta muy recomendable, pero sí comentar algunos datos para calentar el debate. Según Tax Justice Network, la riqueza financiera que se oculta en paraísos fiscales alcanzaría como mínimo una cifra entre 21 y 32 billones de dólares, lo que equivale más o menos al doble del PIB norteamericano. De esta increíble cantidad, no tanto porque no lo sospechásemos, sino porque no alcanzo a imaginarme esa cantidad de pasta, el 50% corresponde a 91000 personas, es decir, el 0,001% de la población mundial. De esta forma, debe resultarnos cada vez más claro que es este “escándalo fiscal” una de las causas de la crisis financiera, pero también, lo que está impidiendo salir de ella en condiciones de justicia social, y provocando, por la vía de recortes de servicios, salarios y derechos, que sea la mayoría social y no esta minoría privilegiada quien sufra los efectos de una crisis financiera que no causaron. Lo hemos dicho varias veces ya, pero no está de más repetirlo. Si la cantidad defraudada tributase en los países respectivos, por ejemplo, en España, tendríamos unos ingresos “extra” anuales de entre 60000 y 75000 millones de euros, con lo que cubriríamos varias veces los intereses que pagamos por nuestra deuda o cubriríamos el déficit de este año.

Pero no se trata solo de economía sumergida y evasión fiscal, que ya es grave, sino del desequilibrio tributario consentido y respaldado por los poderes públicos, legal, por tanto, pero injusto e ilegítimo, a todas luces: Mientras la presión fiscal sobre las personas físicas, es decir, sobre las rentas del trabajo, alcanza una media del 40%, las rentas de capital y, sobre todo, los impuestos de sociedades, especialmente de las grandes empresas, no llega al 15%, frente al 30% fijado, gracias a bonificaciones y exenciones fiscales. En definitiva, que aquí solo paga quien no tiene, y quienes podrían y deberían hacerlo proporcionalmente a sus ingresos y ganancias, no lo hacen. Y, como novedad para este año, el ministro Montoro ha anunciado que podrán deducirse fiscalmente las pérdidas de juego en casinos por la ruleta y el bingo. No es una broma. Pero no es una novedad y nadie ha expresado la más mínima objeción al hecho de que puedan deducirse también ingresos en planes de pensiones privados. De esta forma, se cuestiona la sostenibilidad del sistema público de pensiones, mientras se fomenta por la vía fiscal los planes privados. Resulta un contrasentido para cualquiera, pero es una práctica aceptada y compartida.

Y para completar la última guinda de esta estafa consentida por los poderes públicos está el arma de la deuda. La deuda pública española que era del 35,5% del PIB en 2007 ha crecido hasta el 84,1%, merced a la sinvergoncería especulativa del agencias de calificación, que han subido los intereses desproporcionada e incomprensiblemente, pero, sobre todo, por la conversión en pública, al ser asumida por el estado y, en definitiva, por todos, de la deuda privada.  Diagonal elaboraba el otro día un gráfico muy clarificador del ciclo de la deuda.

Así que, está claro que nos salen bien las cuentas. Y no solo en el cálculo del déficit, porque se haya recurrido a la artimaña contable de contabilizar las devoluciones de 2012 en 2013, que es una práctica frecuente y consentida, es que la política de restricción de gastos o de recortes en sanidad, educación, dependencia, pensiones, etc. ha aceptado vivir en una sociedad con una tasa de desempleo del 27%, es decir, ha decidido excluir a los 6 millones largos de parados que tenemos en España. No cuenta ni contará en el futuro con sus aportaciones al IRPF, al IVA, etc. porque ha supuesto que no existen. Simplemente, no cuentan. Así que, el resto de los afortunados que todavía conserva su empleo, debe sufrir los recortes en servicios que la falta de aportaciones de 6 millones de parados han dejado de efectuar.

De ahí que resulte más que nunca necesario hacer pedagogía y movilizar a la sociedad para explicar que hay alternativas económicas, sociales, democráticas y ecológicas al austericidio. Que se puede y se debe hacer una reforma fiscal justa y que garantice la suficiencia financiera, que se puede y se debe auditar la deuda y rechazar el pago de la deuda ilegítima, que se debe y se puede invertir en sectores estratégicos y garantizar servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación, la dependencia y el respeto al medioambiente y que se puede y se debe generar empleo y regenerar la vida política. Claro que hay alternativas, pero no con este gobierno.








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